sábado, 3 de mayo de 2014

Barcelolandia


En un anterior vuelapluma me fui de vacaciones, pero resulta que escogí mi propia ciudad y no la reconocí.

Esa Barcelona canalla preturística y preolímpica se ha convertido en la "Barcelolandia" que vende su alma por ser pasto turístico.

BARCELOLANDIA

Me fui de vacaciones a mi propia ciudad.
No la reconocí, no era la mía,
era un parque temático
disfrazado de Smart.
¿Smart: Ciudad inteligente?
Más bien ciudad que vives de venderte hasta el alma
y olvidas tus raíces, las que te hicieron única;
en una desmesura del culto a lo banal
pronto te llamarán "Barcelolandia".
Más cruceros que nadie, hoteles llenos,
orgullosa proclamas ser líder en turistas.
Dicen que ocho millones,
el ochenta por ciento del público en las Ramblas,
y casi el cien por cien en las tiendas de lujo
o en los bazares de souvenirs horteras.
Vas a morir de éxito exprimida;
sí, sí… ya sé que hay crisis y que así
vamos tirando y consumiendo, ¡vale!,
el pan del hoy va a ser el hambre del mañana,
y si no al tiempo que las hordas bárbaras,
cual caballo de Atila, a otros pastos se irán
cuando los nuestros hayan agostado.

¿Es el “turismo sostenible”, una utopía?
Vaya pregunta que haces a un escéptico.
Yo prefiero decir que me encanta el viajero,
que vive y que convive con su entorno,
y es mucho más que un mero transeúnte.
Pero mejor me callo, sigo de vacaciones
y con este discurso me van a mirar mal
los que viven del cuento y se lo inventan
de modo que el final sea siempre feliz.

Vuelaplumas (2014). Ricardo Fernández Esteban ©


En la web de Bye Bye Barcelona  podréis ver mucho más sobre este presente e incierto futuro que se abate sobre una ciudad que en la cima del éxito turístico ha perdido su identidad. Como se dice: cuanto más alto se está más dura puede ser la caída.  










Para que tengáis una referencia a otra época de la ciudad, preolímpica y preturística, os remito a mi poema Barcelona, Ciudad canalla, acerca de la ciudad entre los sesenta y los ochenta del pasado siglo.

4 comentarios:

Bettina Ruiz dijo...

Yo tambien soy un rara avis que no quiere ni olimpiadas, ni cruceros, ni Las Vegas. Y eso que me he dedicado profesionalmente a los eventos durante 15 años. O precisamente por eso!

Angel de San Martin dijo...

Pos ¡vaya vacaciones!
Te vas, pero te quedas.
Barcelona -nuestro París-
es una ciudad espléndida. Los turistas son un adornito más que embellece la ciudad, sólo hay que ver tu última foto. Esos pectorales de vikingos luciéndose por la alegre y culta Barcino.
Anda, no te quejes. Gracias a esos ocho millones de pájaros van a tener superávit en el Ayuntamiento y van a poder hacer los ricos casas para "pobres". Pero es la ciudad más europea de Espanya, que no te quepa la menor duda. Y si no te lo crees, date una vuelta por Cartagena, que verás la diferencia.
Celebro que hayas vuelto de tu viaje alrededor de tu piso, de tu ciudad, de esa Barcelonalandia a quien tanto amamos.
Un abrazo.

Jordi Cabré Carbó dijo...

Nací en Barcelona. La visito a menudo, pero no soy una persona que disfruta más de la paz de la montaña y el mar y no vivo en ella. Las olimpiadas trajeron la Barcelona cosmopolita y moderna que hasta las ratas conocen. Hay una Barcelona turística y una Barcelona para pasear en armonía y la tranquilidad deseadas donde poder comer o tomarte lo que te apetezca lejos del turismo y las aglomeraciones. El turismo y las calles y plazas llenas de gente también son atractivas de ver. El color de las ropas de sus visitantes es alegre y festivo y no deja a nadie indiferente. Mi opinión después de haber viajado por toda España es que no hay ciudad que pueda ofrecerte lo que tiene Barcelona, su Mediterráneo sus playas y su extensa montaña que llega hasta los Pirineos. Barcelona es única. Salud y amor

Ricardo Fernández dijo...

Jordi, quizás es que tu ahora vienes a Barcelona como visitante y por eso la encuentras interesante. La ciudad sigue siendo única, pero hay muchos barrios que la invasión turística ha degradado totalmente. Barcelona ha perdido esa esencia que tenía y ahora es un lugar turístico más. Los que vivimos aquí evitamos esas zonas y esas masas, y recordamos cuando nuestra ciudad era más cutre pero más auténtica.

Es cierto que vivimos del turismo, pero a veces con menos se vive mejor.