viernes, 30 de mayo de 2014

Rafael Espejo


Rafael Espejo (Palma del Río, Córdoba, 1975) es un poeta que se dio a conocer hacia el cambio de siglo y que conocí a través de la antología de Luis Antonio de Villena La inteligencia y el hacha, que recoge a esa generación.

Ha publicado tres poemarios: Círculo vicioso (1996), El vino de los amantes (2001) y Nos han dejado solos (2009), los tres premiados en concursos, y ha aparecido en numerosas antologías.

Aquí tenéis una muestra de sus poemas:


AMOUR FOU

Apaguemos la vela y en silencio
hagamos el amor palpando sombras.
Que crujan de placer nuestros desnudos.

Que las ondas de aliento entrecortado
te rosen el fulgor de los pezones.
Probemos de esta miel la noche toda.

Luego me marcharé sin despertarte:
no dejaré ningún beso dormido
sobre tus labios blandos y entreabiertos.

Y olvidaré las calles que desande,
por si vuelve a surgirnos la ocasión
de querernos como desconocidos.

de El vino de los amantes (2001). Rafael Espejo

 
AIRE VICIADO

Cuando nos falta fe para cremar la tarde
sostengo con el índice la llama de una vela;
y a esa luz palpitamos
de sombra en la pared,
pero no nos abriga.
Como no hacen hogar las mecedoras
(por más que ralenticen el tiempo de tenernos),
ni la mesa camilla, ni el frufrú de las manos,
los libros, la quietud, los días por venir.

¿Qué poso del amor no quiere aquí asentarse,

por qué huye?

Ven,
vamos a abrir la puerta.
No precisamos techo para hacer pie,
míralo así:
tampoco tienen un lugar las nubes
pero pasan.
Y cuando acaso alguna se equivoca,
o queda rezagada,
o el viento la desvía,
no importa, también pasa, también su rumbo es cielo.

de Nos han dejado solos (2009). Rafael Espejo. 


En A media voz podréis encontrar una antología de sus poemas  y aquí una reseña de su libro Nos han dejado solos


Posdata de junio 2016: Rafael Espejo ha publicado el pasado año otro libro Hierba en los tejados y ha recibido el premio Ojo crítico. Aprovecho la ocasión para recomendaros acudir a la fuente, a los libros.

HIPÓTESIS

Si muero alguna vez
no quiero camposantos:
qué ridícula imagen de la muerte,
que es inmensa,
apresada en el féretro.

Si llegase a morir
no me echéis a una hoguera:
debo respeto al cuerpo que me da cobijo,
y dado que es de agua
no lo ofendáis con fuego.

Si por error muriese
no me aromaticéis,
no me mortifiquéis,
dejadme estar.

Si finalmente he de morir un día
enterradme sin rito en un monte collado,
desnudo como vine

para que en otra era,
si una muchacha pasa silbando por ahí,
si tropieza con una piedra blanca
que se asoma a la tierra,
quizá la desincruste
y frote con cariño mi cráneo inmaculado.

y lo acerque a su oreja
                                  y oiga atenta el rumor
de un teatro vacío.

de Hierba en los tejados (2015). Rafael Espejo. 



1 comentario:

Ainaroa dijo...

No conocía a este poeta, pero por estos versos qu he leído,veo que es digno de seguirse; me ha guatado mucho. Besos