sábado, 14 de junio de 2014

Tomás de Iriarte

 
Tomás de Iriarte (Tenerife, 1750; Madrid, 1791) es conocido sobre todo por sus fábulas de intención moral, aunque también practicó otros géneros, y suele acompañarlos de un fino sentido del humor.

Es un buen ejercicio repasar estos poemas más de dos siglos después, para ver si el concepto de la moralidad y del humor ha variado en la sociedad actual. Podemos comenzar por un romance que titula:

Circunstancias que ha de tener
la que yo tome por mujer

Busco una ninfa no tosca;

y si es bonita, mejor;
desembarazada, limpia,
y garbosa sin ficción.
De opinión acreditada
y de un delicado honor;
que sepa amar la virtud
y al vicio tenga aversión.
Buena amiga, compañera,
cuya conducta exterior
ha de ser tal que aun la apruebe
la envidia por precisión.
Artes propias de su sexo
ha de saber con primor,
logrando en cualquier concurso
la pública aceptación.
Ni la quiero que enmudezca,
ni que charle con furor;
seria, sin parecer fría,
franca sin provocación.
Prudente, agradable, cauta,
con juicio y con pundonor,
la voluntad del consorte
seguirá sin dilación.
Siempre igual, siempre tranquilo,
ha de conservar su humor,
aunque la varia fortuna
haga cualquier mutación.

Tomás de Iriarte ©
Y sigamos con un soneto introducido por la siguiente reflexión: Cuando un autor ha llegado a ser famoso, todo se le aplaude.

EL GALÁN Y LA DAMA

Cierto galán a quien París aclama, 
petimetre del gusto más extraño,
que cuarenta vestidos muda al año
y el oro y plata sin temor derrama, 

celebrando los días de su dama,
unas hebillas estrenó de estaño,
sólo para probar con este engaño
lo seguro que estaba de su fama. 

¡Bella plata! ¡Qué brillo tan hermoso!,
dijo la dama, ¡viva el gusto y numen
del petimetre en todo primoroso! 

Y ahora digo yo: Llene un volumen
de disparates un autor famoso,
y si no le alabaren, que me emplumen.


Tomás de Iriarte ©

Y por último, un diálogo poético humorístico:


EL SOMBRERERO

A los pies de un devoto franciscano

se postró un penitente.  —Diga, hermano:
¿qué oficio tiene? —Padre, sombrerero.
—¿ y qué estado? —Soltero.
—¿ Y cuál es su pecado dominante?
—Visitar una moza. —¿Con frecuencia?
—Padre mío, bastante.
—¿Cada mes? —Mucho más. —¿Cada semana?
—Aun todavía más. — ¡Ya! ¿Cotidiana?
—Hago dos mil propósitos sinceros,
pero… —Explíquese, hermano, claramente:
¿dos veces cada día? —Justamente.
—¿Pues cuándo diablos hace los sombreros?

Tomás de Iriarte ©



Quien quiera conocer más de este autor y su obra puede acudir a la web de Cervantes virtual. También hay una antología de sus poemas en A media voz. 

Para profundizar en la poesía española del siglo XVIII, os recomiendo la obra del mismo título en edición de Rogelio Reyes, realizada por Cátedra.

3 comentarios:

Jesus Pardo dijo...

Bien Ricardo. Felicidades. No estaría mal tampoco una entrada sobre Juan Iriarte ( tio de Tomas),
Aquel de:
El señor don Juan de Robres,
con caridad sin igual,
hizo este santo hospital...
más también hizo los pobres.

Gracias por todo tu buen trabajo. Es un placer lerlo.

Pepa Llorens Llopis dijo...

Ricardo, siempre es un lujo seguirte, grandes letras nos muestras. Gracias.
Tomás Iriarte, sabio con gran sentido del humor, me pregunto si sus lectores de antaño, con su pulcra moral, le entenderían,( aunque en aquella época, la doble moral existía).

Ricardo Fernández dijo...

Pepa, esto de la moral con sus dobleces siempre ha existido. Si Iriarte escribía así, es que le entendían. Otra cosa es que entonces la otra moral estuviese más escondida que ahora.
Un abrazo