domingo, 28 de septiembre de 2014

Cálder. Mis poemas a Constelación y a Carmen.

Me encantan las esculturas de Alexander Cálder (1898 - 1977), especialmente sus móviles que se agitan y toman vida con el viento o los más ligeros hasta cuando los soplamos levemente. En mis visitas al museo Reina Sofía de Madrid les dediqué unos poemas; éste primero a una obra que lleva por título Constelación.

Constelación de Cálder,
pintura de Miró en tres dimensiones.
Añádele una cuarta: ¡Sóplala!,
y verás cómo adquiere movimiento.

Ricardo Fernández Esteban © 


Por desgracia, o mejor por incompetencia, no siempre es posible ver en movimiento esos móviles. En el patio del Museo hay uno de gran tamaño, de título Carmen, que siempre he visto inmóvil porque está muy resguardado del viento. ¿Es ningún responsable tiene la sensibilidad de indultarlo y colocarlo al viento libre? Estos son los poemas que le he escrito en varias visitas:


















2003, MI ENCUENTRO CON CARMEN.

¿Quién colocó en el patio del Sofía
este impotente móvil, este Cálder
que, sin viento, está quieto todo el día?


2008, MI RECLAMACIÓN: No veo a Carmen en el patio y creo ingenuamente que se ha decidido su traspaso a un lugar más adecuado. Pues no, la habían llevado a restaurar. Indignado presenté una reclamación al Museo pidiendo su colocación al aire libre.

Salgo a verte y no estás, se te han llevado
y me digo ¡qué bien, lo has conseguido!
ojalá que disfrutes viento libre,
que se agiten tus hojas y que rías
rescatado del patio de esta cárcel.

Por si acaso pregunto: decepción,
según parece está en restauración,
y a través de formal reclamación
proclamo mi total indignación.

Y lo expreso con esta burda rima,
porque no se merece más poética
quien decide que un móvil esté inmóvil


2011, MI PROMESA: Carmen vuelve a estar quieta en su prisión habitual sin viento.

En la quieta mañana de este otoño,
ni siquiera se mueven las hojas de los árboles,
y las tuyas de hierro lloran lágrimas
—que te dejó el rocío— porque añoras
bailar al son del viento que nunca llega aquí.

En mi próximo viaje, cuando vuelva al museo
te sacaré a pasear al aire libre
donde habitan las brisas que tú ansías.
Nos abrirán las puertas,  nadie lo impedirá,
todos saben que sufres de tristeza.
Creada como móvil, algún jefe burócrata
decidió condenarte a ser inmóvil
y ya es hora de verte sonreír
girando sobre ti, Carmen de Cálder.


Ricardo Fernández Esteban ©


Aparte de estas visitas, he hecho muchas más al museo y sólo un día de mucho viento conseguí verla en ligero movimiento. Si es mala suerte, debo de tener mucha, yo y la mayoría de visitantes del Museo.

Estos poemas pertenecen a mi poemario digital De museos por Madrid que si se lee con conexión a internet permite ver las obras a que se refieren los poemas. En este enlace os explico más sobre ese libro digital.

sábado, 20 de septiembre de 2014

Diego de Torres Villarroel


Diego de Torres Villarroel (Salamanca 1694 - 1770) escritor,  dramaturgo, poeta, matemático, exorcista, astrólogo, catedrático de Salamanca, de vida aventurera y que llegó al sacerdocio con más de 50 años.

Escritor de éxito en vida, me centro en su actividad poética en ese siglo XVIII, que se había considerado un desierto creativo pero en el que se encuentran interesantes ejemplos de buena poesía. Aquí tenéis un soneto sobre el tema del carpe diem tan tratado en el siglo anterior.


A UNA DAMA

Nace el sol derramando su hermosura,
pero pronto en el mar busca el reposo;
¡oh condición instable de lo hermoso,
que en el cielo también tan poco dura!

Llega el estío, y el cristal apura
del arroyo que corre presuroso;
más ¿qué mucho si el tiempo codicioso
de sí mismo tampoco se asegura?

Que hoy eres sol, cristal, ángel, aurora,
ni lo disputo, niego, ni lo extraño;
mas poco ha de durarte, bella Flora,

que el tiempo con su curso y con su engaño,
ha de trocar la luz que hoy te adora
en sombras, en horror y en desengaño.

Diego Torres Villarroel 

Y otro soneto satírico sobre la sociedad de la época.

CONFUSIÓN Y VICIOS DE LA CORTE

Mulas, médicos, sastres y letrados,
corriendo por las calles a millones;
duques, lacayos, damas y soplones,
todos sin distinción arrebujados;

gran chusma de hidalguillos tolerados,
cuyo examen lo hicieron los doblones,
y un pegujal (*) de diablos comadrones,
que les tientan la onda a los casados;

arrendadores mil por excelencia;
metidos a señores los piojosos;
todo vicio, con nombre de decencia;

es burdel de holgazanes y de ociosos,
donde hay libertad suma de conciencia
para idiotas, malsines (*) y tramposos.

Diego Torres Villarroel

(*) pequeña porción de ganado; (**) cizañeros, soplones. Me extraña que en este magnífico soneto el verso 13º pierda el ritmo por su acento en 5ª sílaba (libertad). He buscado en varias antologías y he llegado a la edición facsímil, pero esta es la única versión que he encontrado. Estoy investigando el tema y un colega recientemente doctorado me sugiere el cambio "donde hay libertad, suma conciencia..." que soluciona el ritmo del verso. Os mantendré informados de las pesquisas.


En la web de la biblioteca Cervantes virtual encontraréis amplia información sobre su vida y obra  y concretamente en este enlace podéis acceder a su obra poética. En el portal A media voz se recopilan varios de sus sonetos más conocidos 

Si queréis profundizar en la poesía de esa época, os recomiendo Poesía española del siglo XVIII en edición de Rogelio Reyes y publicado en Cátedra.


sábado, 13 de septiembre de 2014

Mª Cinta Montagut

María Cinta Montagut (Madrid, 1946) poeta, crítica literaria, traductora y editora de la revista literaria The Barcelona review.  Me centraré en esta entrada en su amplia y profunda obra poética con diez poemarios publicados, el último hace pocos meses.

Aquí tenéis una muestra:


TODOS LOS CUERPOS NO SON TU CUERPO...

Todos los cuerpos no son tu cuerpo
aunque sean hermosos
aunque lleven la luz y el mar en su cintura
y en su sexo escondido lleven tantos deseos.
Pero no son tu cuerpo.
Estas tardes sin límite
sin el frescor alado del invierno
pensar tu cuerpo adormece las horas
y acompaña el silencio del tiempo como fiebre.
Los cuerpos incendiados
que llevan tras de sí pendientes tantos ojos
nunca serán
y antes nunca han sido.

Teoría del silencio, 1997. Mª Cinta Montagut 


SABED QUE YA NO HAY NOCHE...

Sabed que ya no hay noche
que no brilla la luz en las mesillas
y que el agua se apresta a ser bebida
cuando llegue el insomnio.

Sabed que el aire se hace denso
y que pesa en los hombros
y en la lengua
un millar de alfileres horadan la saliva
mientras riegan las calles
dos mil gotas de lluvia destilada.

Ya no hay noche.
En la desolación de los espejos
brilla un fuego concreto de metales
que aviva el desamparo de los números.

La voluntad de los metales (2006). Mª Cinta Montagut 


Su último poemario, Sin tiempo, ha sido editado por in-VERSO. Aquí tenéis la reseña de la presentación  con un excelente resumen de su poética extraído de la presentación que hizo Neus Aguado. Como siempre mi recomendación es leer los libros de poemas completos y éste lo merece.


POEMA XVIII 

Habría que saber cuáles son las palabras
para nombrar aquello
que entero cabe siempre
en el instante mismo
de su abandono
o de su pérdida

Sin tiempo (2014). Mª Cinta Montagut

Para más información os remito a su entrada en la Biblioteca Cervantes virtual y a una antología de su obra en la misma web. 

Por último, éste es su blog: La piel de los días 

sábado, 6 de septiembre de 2014

A mi mar

A ese mar del recuerdo lo hemos cambiado tanto que para reencontrarlo hay que ir a buscarlo a los recónditos litorales en que aún habita.












A MI MAR…

Ese mar de otros tiempos,
de las barcas de pesca, de las playas tranquilas,
del horizonte nítido, de la sal en la cara,
de mi lejana infancia con recuerdos de azul.

Ese mar que matamos
cambiándolo por otro más formal
con boyas, con corcheras, torres de la cruz roja
y banderas parlantes en un montón de lenguas.

A ese mar que recuerdo
lo encuentro refugiado en una isla
-de la que olvido el nombre y el lugar-
al arribar aquí de singladura.

A ese mar, mar de baño,
de transparentes aguas, de estrellas y de conchas,
de calas sin un alma que no venga contigo,
le ofrezco mi amistad y me la acepta.

A mi mar, rescatado
de cárceles turísticas y puertos deportivos,
me entrego  y lo navego con la vela latina
que guardé en el desván de lo que pudo ser.

A mi mar, que ya es mío como yo lo soy suyo,
todo se lo consiento y todo me lo entrega
si fondeo en sus golfos o cruzo su horizonte;
porque el mar es camino, pero también hogar.

Ricardo Fernández Esteban ©















Fotos del autor, donde y cuando reencuentra a su mar.

En este enlace encontraréis otros poemas míos dedicados al mar y a su navegación cobijados por el título de Islario de pasiones