domingo, 21 de octubre de 2018

No sólo de métrica vive el soneto

Escribir un soneto es mucho más que trasladar al papel unos conceptos métricos, aunque también deben estar esas normas presentes. Éste, que tiene estrambote, está muy encabalgado y rompe la estructura habitual con puentes sintácticos los versos y estrofas. Además, quiere transmitir la necesidad de que haya un fondo y una forma en la obra poética. Si lo consigue o se queda en un ejercicio de estilo deben decirlo sus lectores.


ESCRIBIR UN SONETO ES MUCHO MÁS QUE MÉTRICA

Con sólo normas métricas, no pidas
que se escriban sonetos. Escribir
necesita mirar, oler, vivir,
tocar. Por mucho que los versos midas
y el ritmo de las sílabas oídas
sea perfecto, deberás sentir
antes en tu interior la historia; ir
liberando las cárceles vividas
para que tu palabra crezca, vuele
y se transmute en lírica; la meta-
morfosis cuyo catalizador
algunos llaman "musa" y les demuele
decir el "me abandona". Pura treta
de poeta falaz y embaucador
que ni tiene pudor,
ni reconoce que le falta raza
y de hacer poesía, ni una traza.


Ricardo Fernández Esteban ©


Aunque a primera vista no lo parezca, este es un soneto en endecasílabos con dos cuartetos, dos tercetos y un estrambote. Lo que pasa es que la mayoría de los versos están encabalgados, por lo que las frases y cláusulas sintácticas desbordan el marco del verso y se encabalgan con el siguiente de forma que se enmascara la estructura clásica del soneto. Para encabalgar más, hasta se ha partido entre dos versos una palabra "meta-morfosis".

El texto intenta explicar lo dicho al inicio. La métrica debe estar presente en un soneto, pero además de la forma (el ritmo poético que se crea por las acentuaciones de las palabras, la medida de los versos y las rimas) debe transmitirse una idea. En este caso, este fondo es "metapoético", o sea trata de la confección del poema y de la necesidad de que las palabras transmitan sentimientos, lo que no se consigue por arte de magia de las musas, sino por la inspiración y trabajo del autor.

Los encabalgamientos diluyen bastante las pausas del final de los versos e incorporan sus pausas sintácticas en otros lugares. Para que esto sea posible, el poema tiene que tener otro sostén que es el metro, el ritmo de los versos y, si existe, la rima. En este caso hay ritmo acentual armónico, endecasílabos y rimas consonantes, lo que ha permitido desconfigurar los versos y estrofas del soneto. 

Por si tenéis interés en profundizar sobre los encabalgamientos, os dirijo a un artículo que acabo de publicar en la web cultural "Las nueve musas" y si queréis saber algo más de técnica poética a 20 entradas "Vamos a hablar de métrica" que publiqué hace un tiempo en esa web.


Por último, aquí tenéis el texto del soneto escrito sin cortarlo en versos, para ver si lo reconocéis o los renglones son una condición indispensable para mantener esas leves paradas versales que deben convivir con las sintácticas

Con sólo normas métricas, no pidas que se escriban sonetos. Escribir necesita mirar, oler, vivir, tocar. Por mucho que los versos midas y el ritmo de las sílabas oídas sea perfecto, deberás sentir antes en tu interior la historia; ir liberando las cárceles vividas 
para que tu palabra crezca, vuele y se convierta en lírica. Metamorfosis, cuyo catalizador algunos llaman “musa” y les demuele decir que “me abandona”. Pura treta de poeta falaz y embaucador que ni tiene pudor, ni reconoce que le falta raza y de hacer poesía, ni una traza.

viernes, 5 de octubre de 2018

Rosana Acquaroni

Rosana Acquaroni
presentando "La casa grande"
en el "Laberinto de Ariadna" 28.9.18
He conocido a Rosana Acquaroni (Madrid, 1964) en una presentación de su último poemario "La casa grande" que me ha atrapado por las tres características básicas que debe tener un libro de poemas:

Un buen contenido (sus recuerdos de infancia expresados en un magnífico lenguaje poético), un buen continente (el ritmo poético de sus versos puestos al servicio de la historia relatada) y una buena expresión (lo bien que Rosana sabe recitar sus poemas). Fondo, forma y transmisión oral, el triángulo que sostiene a la buena poesía. Los dos primeros los tenéis en el libro, del tercero o dejo tres poemas recitados por ella.

Aquí tenéis dos poemas de la segunda parte de "La casa grande":

Los hombres necesitan la inocencia para vivir a costa de ella (Luis Rosales)

Y CÓMO RESISTIRSE
al hombre acicalado
que se quita el sombrero
y te saca a bailar
y te dice
que quiere amanecer en tu sonrisa.

Quién podría negarse
a las salvas de honor de aquel artificiero
que te llena de pájaros la noche.

(Y después,
cómo no conformarse 
y ocupar el lugar de la querida.
Que estudien tus hermanos,
que la vida desprenda su perfume
de nardos y promesas
                         contra el plato vacío).

Acaban de apagarse las últimas bombillas.
La orquesta ya no toca.

Vuestro coche atraviesa,
                         como un jinete frío,
                                       la explanada vacía.

La casa grande. Rosana Acquaroni 



LA DESTRUCCIÓN Y EL AMOR
Se querían, sabedlo (Vicente Aleixandre)

Se querían.
Ocultos, pusilámines,
como ratones ciegos en su rueda infinita.
Al principio sufrían por la luz.

Se citaban de noche
primero en los tranvías de azul amaneciendo,
después en los garajes,
o en las bocas de metro,
o en la senda escondida
hallada en algún parque.

Se rendían
al arrecife calcáreo del deseo.

Su cuerpos se buscaban
como busca la herida el salitre del tiempo.

Se querían
como las flores a las espinas hondas,
a pesar del misal y la ceniza,
de los ciclos bursátiles,
de la murmuración de los serenos.
De los viajes de él

                    la costura de ella
(y la culpa acechante
como un rifle apostado en cualquier agujero).

Se querían de noche, cuando los perros hondos
nunca en los cines
nunca entre las familias
que arropan a sus hijos.

Se querían.
Sabedlo

La casa grande. Rosana Acquaroni


Estos son sus anteriores poemarios:
(2011) Discordia de los dóciles. Olifante Ediciones de poesía.
(2000) Lámparas de arena. Col. Poesía en Madrid. nº 3. Comunidad de Madrid.
(1995) Cartografía sin mundo. Col. de Poesía Ciudad de Cáceres.
(1990) El Jardín Navegable. Ed. Torremozas, 1990.
(1988) Del mar bajo los puentes. Ed. Rialp
Además ha participado en numerosas antologías.

En "A media voz" podéis encontrar una antología de sus poemas, y en este video su poema "La cabaña", recitado por ella.