jueves, 27 de junio de 2019

¿Cuántas capillas conviven en la Jora de Amorgós?

Las "Joras" (Χώρας) son las antiguas capitales de las islas griegas. Pueblos de calles estrechas y escalonadas que conservan ese sabor de tiempos antiguos, aunque algunas se hayan turistizado más y otras menos. La de Amorgós es una de mis preferidas y resiste bien, combinando bares, tabernas y tiendas en un ambiente mágico cuajado de capillas. ¿Cuántas hay? Muchas y más por feligrés. De eso va el poema, de cuántas hay y de qué tipo, y de lo que me sigue seduciendo la Jora de Amorgós.



¿CUÁNTAS CAPILLAS CONVIVEN EN LA JORA?

La Jora es un rosario de capillas.
Mientras recorro las intrincadas calles
escalón a escalón, hago inventario:
tras cada esquina hay una,
en las plazas un mínimo de dos,
y algunas más que habitan por las lindes del pueblo.
Las hay grandes, pequeñas y minúsculas;
son únicas, mellizas o trillizas;
las principales tienen culto diario,
las hay que han de esperar a su patrón,
y otras han sido desacralizadas;
pero todas conservan
la cruz que las distingue y su envoltorio blanco.

En un paréntesis de cuentas, cuento
que el domingo pasado, en la Metrópolis
oficiaba un obispo, de venerable edad
con báculo, tiara y varios ayudantes,
una misa cantada, bien cantada,
entre parafernalias y ortodoxias.
Y digo yo que sí, que todo o nada;
la religión conviene con los signos externos,
que albergan al misterio y eluden raciocinios,
como en nuestros lejanos tiempos de oficios en latín.

Volviendo a lo que iba, al inventario,
conté unas veinticinco, lo que es mucho
por cada feligrés, pues el pueblo es pequeño.
Mejor, así las almas pías
tienen más protección divina por cabeza
y las nuestras, desde el respeto agnóstico,
disfrutan de la Jora, que resiste al turismo,
por sus calles y plazas cuajadas de capillas,
que conviven con tiendas y tabernas,
como convive el alma alojada en el cuerpo,
en esa conllevancia que en este caso suma.

Ricardo Fernández Esteban ©



Como señuelo, os dejo unas cuantas iglesias de la Jora, el resto tendréis que venir a descubrirlas. Seguro que si contáis bien llegáis casi a las treinta.









He dedicado otros poemas a Amorgós y algunos se encuentran en este blog. Este lo escribí en mi tercera visita temiendo que la Jora hubiese perdido sus encantos, pero los mantenía y los sigue manteniendo. Estos otros están inspirados en Nikuria, la isla al norte de Amorgós separada por sólo cien metros de canal, que tiene una de las mejores playas. Este año no he podido volver porque el motor de la barca que las une se había estropeado y estas reparaciones requieren su tiempo en esta islas poco turísticas.

lunes, 17 de junio de 2019

2019: En velero por las Cícladas

Estos son algunos de los sencillos poemas escritos en mi travesía en un velero por las Cícladas a finales de la primavera de 2019. En la pequeña bitácora de este viaje podréis situar mejor los textos y los recorridos.

Desde la Jora de Amorgós, en el centro de las Cícladas

Saltando de isla en isla de Naxos a Paros, 

Al zarpar de Naxos...


Portal de mármol
por donde cruza el sol
orto y ocaso. 
Comienzo singlarura 
de aquí hasta Paros.

La costa norte
tiene pequeñas playas
hoy habitables,
quizá se exilió en ellas, 
sin hilo, Ariadna.

Soltamos ancla,
el primer baño Egeo
es con Apolo.
¿Por qué tiene este mar
cientos de azules?


Naxos y la puerta del templo de Apolo


Al volver a divisar Donussa...

Surge Donusa,
de las pequeñas cícladas
la más oculta.
Después de muchos años
sigue tan pura.

Una taberna,
dos playas y este golfo
de buen fondeo.
Su nombre es complicado:
Kalotarítissa.

La recóndita Kalotarítissa en Donussa

Otra vez en Sjinusa y Kufonisia...

En Sjinusa hay más de 15 playas
cuando no hay, ni siquiera,
la mitad de kilómetros cuadrados. 
Y Pano Kufonissi, la minúscula, 
con la mitad de la mitad, 
compite en cuanto a azul y transparencias. 


Almyrós en Sjinussa. Amanece sobre Amorgós


En Amorgós, islas, costas y tierras...


En Almyrós 
espero se alce el sol
para zarpar, 
Amorgós nos acoge 
por tierra y mar 

Bordo a bordo 
remontamos al viento 
hacia Gramvousa, 
la de arenas doradas 
bajo la ermita. 

La Jozoviótissa, 
mancha blanca en la roca 
acantilada, 
frente al inmenso azul 
y un par de islotes. 

Siempre seduce 
Pasan los años 
y no se turistiza, 
¡suerte que tengo!



La seductora Jora de Amorgós


Forzando el bordo...


Forzando el bordo
junto al acantilado al sur de Keros,
apenas 30 metros entre el casco y las rocas,
recuerdo la semántica del riesgo. (*)
El premio es la profunda cala
donde Irakliá se hunde en el mar
y el barco queda a salvo del poniente.
Luego la singladura continúa
hasta arribar a Ios, a su norte,
tranquilo hoy en que el meltemi duerme
y la luna aparece, luna mora. 

(*) Riesgo viene del latín "resecare", navegar cerca del arrecife, se supone que para tomar un riesgo que reporte beneficio

Turkopígado, al sur de Irakliá


Otra vez en Folégandros...

La Jora de Folégandros
bulle en la noche
y en las plazas se cena,
contando estrellas.
De recorrer tus calles
nunca me canso,
y entre flores e iglesias
contemplo el mundo.

Una de las 7 plazas de la Jora de Folégandros

Karavostasis es más que un puerto...

Karavostasis:
cuando despunta el sol,
balsa de mar.
Siempre se leva el ancla
con añoranza.

Karavostasis, el puerto de Folégandros


Fondeando en Sifnos...

Fikiadas, la mejor cala de Sifnos,
donde San Jorge habita y los demás
somos aves de paso.

Vazý, magnífico fondeo
donde el tiempo da marcha atrás
y Sifnos nos enseña lo que fue.

Vazý, un magnífico fondeo


Por fin pisé Despotikó...

Devuelvo piedra y concha al mar,
ya que por fin visitaré Despotikó.
Dieciocho años después cruzo el canal
y pongo pie en mi Ítaca,
que como todas las islas deseadas
solo ha sido una excusa, que el camino
siempre es más importante que el destino.

Cumplida la promesa, ya es momento
de buscar buen amarre
olvidando el rosario de fondeos,
la rosa de los vientos
y los puentes de plata en el azul.

Despotikó, al sur de Andíparos 


Haciendo bordos para llegar al destino...

Pared de mármol,
lo que antaño fue templo 
hoy es muralla.
La Jora de Parikia
resiste aún.

El Kastro de Parikia construido con restos de un templo

escritos con pasión,
era otra época,
lo que contemplo ahora 
ya no es mi Lefkes

La plaza de Lefkes a primera hora sin turistas

Naussa fashion
de cenas junto al mar 
y tiendas pijas
entre copas y música, 
¿busco esa Grecia?


Naussa, restaurantes y copas junto al puerto

Paros turística
el exceso de encantos
te pervirtió,
pero a veces los vicios
no son pecado.
Si hay penitencia,
me la pido en Andíparos.
Sólo a una milla
encantos y deseos
conviven juntos.


Ayios Giorgios, al sus de Andíparos, frente a Despotikó

Vista de Ansíparos desde el norte

Haciendo bordos en tierra

Los desembarcos suelen
combinar amarguras
con esperanzas.
Se pone fin a un viaje,
pero aumenta el deseo
de repetir.
El barco, el mar y el viento
estarán esperando
 muestro regreso.

Ricardo Fernández Esteban ©


Como os he dicho al inicio en la bitácora de este viaje podréis situar mejor estos poemas en el contexto en que se escribieron. En estos enlaces hay otras bitácoras de travesías, las de 2017 y 2018 por el Dodecaneso y una larga travesía de 2012 hasta el confín del Dodecaneso saliendo de Valencia.

martes, 11 de junio de 2019

Navego por mi mar

Navegar, si es posible empujado por las velas, es otra dimensión del viaje en que las prisas deben acomodarse a los vientos y las olas. Además, si ese mar es el Egeo, disfrutar saltando de isla en isla y contemplando el horizonte roto por los perfiles de otras islas a las que dirigir el rumbo.

Fondeados en Kalotarítissa, al noreste de Donussa 















NAVEGO POR MI MAR

Navego por mi mar, rizos azules

entre perfiles verde y ocre
de las islas vecinas.
Si me visita el viento
lo acomodo en mis velas
y camino en su lomo
sorteando las crestas de las olas.
A veces me rebelo
y presento batalla en las ceñidas,
donde no hay vencedor, los dos ganamos;
él me burla y se va por la baluma,
pero en su sabia huida
empuja al barco en su camino.
Y al llegar al refugio, que aún no será destino,
lanzo amarras y cierro singladura,
un capítulo más del libro de mi vida.

Ricardo Fernández Esteban ©


Frente a una cala de las Cicladas
















Este poema se ha escrito durante un viaje por el Egeo, por el centro de las Cícladas, en el "Graal" un velero de 50 pies, en esta página del blog hay una pequeña bitácora con poemas de mi travesía.

Para recordar otros viajes a vela aquí están las singladuras por el Dodecaneso en 2017 y 2018. Y en esta otra la bitácora de una travesía de un mes desde Valencia a las islas del Dodecaneso en 2012. Es una pena que no escribiese en otros viajes porque los estragos del tiempo difuminan los recuerdos.

Este poema pertenece a un libro en construcción Islario de pasiones que trata del navegante y su adicción por las islas del que ya publiqué una plaquette bilingüe en español y griego.