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sábado, 19 de octubre de 2013

Costa Norte Egea

En las islas del Egeo las costas más acogedoras son las que miran al sur, ya que norteñas suelen estar batidas por el Meltemi, pero en los escasos días en que soplan vientos del sur es un placer descubrir rincones en esas costas salvajes.

Este poema se escribió en Anafi, la isla más al sur de las Cícladas, un día de suave austral cuando su costa del norte se nos abría excepcionalmente con todo su esplendor.  Fue en la pequeña cala de guijarros conocida como Agios Georgios (San Jorge) por la cercana ermita dedicada a ese santo.


COSTA NORTE

Cuando sople el austral, vete a la costa norte,
y descubre otra isla tan distinta del sur.
Por caminos de tierra, en medio de la nada,
encontrarás capillas de profetas y santos,
cuidadas, con iconos y con llamas perpetuas,
¿quiénes serán sus fieles en esta soledad?
Escoge  luego un valle que rompa acantilado
y descienda entre verdes a morir en la cala,
un simple “codolar” de desgastadas piedras.

No busques aquí arenas, estamos en el norte
donde reina el meltemi que en este breve exilio
—por las prisas que tuvo— se olvidó de cerrar
los palacios de encanto de su costa salvaje:
piscinas en las rocas, un cielo en el infierno,
aguas para ti solo que al ser hoy un remanso
muestran fondos magníficos, transparencia infinita,
paz y virginidad en la otra costa egea.

Más islas, más adendas de Grecia.
Ricardo Fernández Esteban ©


El austral es el viento del sur que es raro en el Egeo en verano, en cambio el Meltemi es un fuerte viento del norte que suele soplar en verano en las islas egeas. Codolar es como se llaman en catalán a las playas de guijarros (còdols), ésta me recordó a algunas de la coste norte menorquina cuando aún estaban a salvo del turismo.

La cala de Agios Georgios, un día de viento austral.
La capilla del Profeta Elías, cercana a la de Agios Georgios.
Tanto monta monta tanto, blancas, cuidadas y sobre el mar.

sábado, 10 de agosto de 2013

Santorini: Sombras y luces


Este poema está dedicado a Santorini, isla griega que sufrió una explosión volcánica en el siglo XVII a.C. que se llevó parte por los aires dejándola con  forma de cruasán. Hoy la isla está sometida a otros ataques: el turismo de masas o los cruceros que fondean en su caldera (el cráter que parece de plata en las noches de luna llena) y descargan toneladas de pasajeros que ascienden caminando, por teleférico o en taxi-burro hasta Firá a 200 metros de altura en el borde del precipicio. El resto os lo podréis imaginar, souvenirs, aglomeraciones, comederos turísticos, bares de copas, etc.

Vista general. En lo alto la isla de Ios, y a la derecha asoma Anafi

SANTORINI: Sombras y luces

Ya brilla la luna sobre la caldera,
y en agua de plata
fondean cruceros que al nacer el día
soltarán su carga con más de lo mismo:
Miles de turistas, meros transeúntes.
Unas pocas horas para recorrer
las tiendas, los bares y los callejones
que muestran lo falso,
lo que llaman típico que sale en las guías,
lo que quieren ver esos cruceristas
que bajan en barca,
que suben en burro por las escaleras
del muelle a Firá,
y dan una vuelta, y vuelven al barco
diciendo “bonito”, y guardan en fotos
sus falsas imágenes de pura postal.

¡Qué pena, qué lástima, si es ésta su Grecia!
No viven lo auténtico:
Recorrer sus montes, sus playas, sus pueblos,
comiendo de huerto, de corral o barca
en una taberna… a un palmo del mar.
Gozar de su azul, su fucsia y su blanco,
y ponerle nombre a una de sus luces,
a una de las miles que alumbran su cielo.

Ya se van los barcos y llegarán otros,
hoy en Santorini y mañana en Mýkonos.
¿Y qué es lo que han visto?,
nada más ni menos que lo que han buscado.
Pero, qué me importa
si no hacen, por suerte, escala en Folégandros.
¿Fole qué? —preguntan—
y yo les respondo: Nada cosas mías.
¡Qué lujo de barco!, ¡qué suerte tenéis
que veis tantas cosas sin mover maletas,
qué envidia me dais!


“I love Santorini”,
pero por la noche, cuando es madrugada,
sin hordas turísticas en Firostefani,
con suave "meltemi",
con calles vacías,
con todo el silencio,
con la luna llena sobre la caldera,
con su mar de plata, que aquí sí es de plata,
con sus mil terrazas con blanco de cal,
con verde y con fucsia de sus buganvillas.

Hay dos Santorinis,
el de los turistas y el que un día fue nuestro.


Cuadernos de las islas griegas.
Ricardo Fernández Esteban ©

A pesar de todo, por la noche cuando desaparece el turismo de paso y alejándose del núcleo de Firá, en Firostefani todavía se puede disfrutar de la vista de la caldera desde el camino de ronda del acantilado; os dejo dos muestras. También son recomendables sus maravillosas puestas de sol, aunque la soledad es más problemática.



Ya que os he comentado sus puestas de sol, aquí tenéis una desde Firostefani. La primera isla que se ve es Zirasia (parte de la antigua Santorini). El perfil sobre el que se pone el sol es Folégandros, la isla que menciono en el poema y que desgraciadamente también está siendo invadida por el turismo, aunque más fashion; aquí tenéis una entrada que le dediqué. Por fin, el perfil de la derecha es Síkinos, aún pura Grecia.


sábado, 9 de marzo de 2013

Mis sueños vuelan hacia Grecia


El 20 de marzo de 2013 volveré a viajar poéticamente por las islas Griegas, presentado por Magda Altabella y con la ayuda de la magnífica rapsoda Montse Lago. Os dejo un poema que escribí desde el recuerdo con la ilusión del regreso, y os espero a todos los que podáis acercaros. 

MIS SUEÑOS VUELAN HACIA GRECIA
 
En este anochecer que anuncia invierno,
anclado en la “ciudad de los prodigios,”
tan lejos del Egeo —de mi mar—
mis sueños vuelan lentos hacia Grecia.

Buscan para posarse alguna isla;
una que pueda divisarse entera
subiendo a su colina principal,
sin puerto de cruceros ni aeropuerto,
a la que sólo llegue un viejo ferry
que transporte de todo en su bodega.
Una isla en que, lo más, alquilen motos,
una isla en que, lo menos, sea el turismo;
una isla rodeada de horizontes
con profundos azules infinitos,
tan sólo interrumpidos por contornos
de otras islas sin puerto ni aeropuerto.
  
Una isla con no muchos habitantes;
con su Jora de calles intrincadas
que suban hasta el “Kastro” veneciano:
casas, capillas, plazas y tabernas...,
guisos, incienso, hibiscos, buganvillas...,
perfumes para el cuerpo y para el alma.
Una isla de perfiles recortados,
calas de arena blanca, y de sombrilla
tamariscos que lleguen hasta el mar:
escenario de puentes de destellos,
atardecer de estío, azul de plata,
presagio de la puesta de este sol
que a veces se convierte en rayo verde.
Una isla en que la vida cotidiana
sea imagen de un tiempo detenido;
nuestra infancia en nuestra madurez,
los colores, los vientos, los olores,
las personas, los campos, los sabores,
la luz que inunda el día cada día,
los miles de brillantes en el cielo,
y tú que me recitas sus nombres cada noche.
Y acaba el sueño igual que uno de mis poemas
que se escribió allá lejos frente al azul del mar,
entre lápidas blancas, bajo verde de pinos:
 
Por si el sueño es real, y si se cumple,
dejaré que mi cuerpo descanse en esas tierras;
así, si hay más y vuelvo a despertar,
veré —al abrir los ojos— el Egeo.

Ricardo Fernández Esteban ©
  


Como os he dicho, os espero a todos los que podáis venir el 20 de Marzo a partir de las 18 horas en El Retiro de Sitges (c/ Àngel Vidal 17), para viajar por los mares griegos descubriendo islas y costumbres a través de mis poemarios y fotos de los lugares donde se escribieron. Os dejo con unas líneas que he escrito para la presentación del recital:


Este acto no será un recital tradicional sino un viaje a través de archipiélagos desparramados por los azules egeos y jónicos, que será jalonado con la lectura de poemas de “Cuadernos de las islas Griegas”, “Adendas del Dodecaneso” y “Más islas, más adendas de Grecia”. Aquí el protagonista no es el autor, sino las más de 50 islas griegas visitadas en 20 viajes en los últimos 15 años. “¿Cuántas islas habitan esos mares?: No lo sé a ciencia cierta, pero el conocerlas no será por islas, será por años.”
Las islas son el hilo conductor para recorrer desde lugares muy afectados por el turismo, hasta otros que conservan las esencias ancestrales. La poesía es un camino, para recorrer, mares, montes, playas, pueblos y costumbres, y expresar sencillamente “lo que el autor ha visto y sentido en sus viajes”. Un camino con pueblos blancos e iglesias de cúpulas azules, con calas desiertas (si las sabes buscar), con hábitos de vida que aquí perdimos hace mucho, con los vientos que blanquean el Egeo, con viejos caminos empedrados y con la cocina tradicional  en tabernas que colocan sus mesas junto al mar bajo un techado de estrellas que alumbran en el cielo.
De todo esto se hablará: de lo mucho que trasmiten las islas, de los paraísos perdidos y los que aún se mantienen, del viajar o el residir... Mientras se proyectarán imágenes de los lugares donde se escribieron los cuadernos, y el autor os transmitirá sus experiencias y responderá vuestras preguntas sobre esas islas que le tienen robado el corazón.

sábado, 28 de abril de 2012

Travesía rumbo al Dodecaneso


El primero de Mayo de 2012 zarpé desde Valencia en el Pandora Lys, un velero de 54 pies, con rumbo al Dodecaneso,  el archipiélago situado en el confín del Egeo griego junto a Turquía. Durante todo un mes crucé el Mediterráneo de isla en isla hacia levante y el Blog, sin abandonar su pasión por la palabra poética, recuperó su significado en el Cuaderno de Bitácora que escribí.

Tras Mallorca, Cerdeña y Sicilia, llegamos a las islas Jónicas, entramos el Egeo por Corinto y cruzamos las Cícladas hasta alcanzar y disfrutar de nuestro destino, el Dodecaneso. Este poema se escribió antes de la partida y la realidad lo superó.


TRAVESÍA RUMBO AL DODECANESO

Atravesar a vela el Mare Nostrum
saltando de isla en isla hasta el confín.
Hacer al dios Eolo una hecatombre
en busca del buen viento que nos lleve
sobre crestas de azul, rotas en blanco.
Buscar la compañía de las luces
que alumbran el zodiaco sobre el cielo (negro)
en las noches de guardia solitaria
sin costa que acompañe. Despertar
cuando el sol enrojece el horizonte,
ir hacia él sin alcanzarlo; ver
como se oculta un día más pintando

las nubes del poniente, mi morada.

Dejar por popa mucho: Baleares,
Cerdeña, las Eolias, y Sicilia.
Burlar el paso de Escila y de Caribdis,
y dirigir la caña rumbo a Grecia.
Seguir hacia levante y en el Jónico
poner el pie en Ítaca, por fin,
pero no es un destino que el camino
prosigue por Corinto hacia el Egeo.

Mirar de
lejos Sunion y la Akrópolis,
redescubrir las Cícladas, la luz
y el viento de Meltemi omnipresente.
Sacar las cartas y pedir las tres
que faltan en mi escala de azulones. (*)
Cambiar de mesa, pero no de juego
por buscar la docena del confín,
y contar que son más, son dieciséis
las habitadas del Dodecaneso.
Fondear frente a Furni, en la antesala,
con el deber cumplido y muchas millas
de estela blanca en popa. El archipiélago
nos espera flotando en el azul,
singladuras más cortas nos aguardan.

Vagar por el islario, contemplar
de norte a sur, de Patmos hasta Kárpazos,
los horizontes rotos por perfiles
de las islas que cuajan esos mares,
de las islas unidas por destellos,
que traza el sol en el atardecer,
puentes de plata sin pontífice
que cruzamos a vela lentamente.

Y no querer volver, buscar morada
rotando en este círculo virtuoso
a expensas de los vientos y la vista
en el confín del mar, del Mare nostrum
que todavía puede ser el nuestro
porque aún no lo han vendido por codicia,
como hicimos nosotros hace mucho
al turismo que arrasa nuestras costas.


Ricardo Fernández Esteban ©

(*) Sólo me falta pisar 3 de las 24 cícladas habitadas, islas que se distinguen por los tonos del azul con el que pintan sus puertas y ventanas. Espero poder rebajar esa cifra en este viaje, y completar esa escalera de azules.

En el Pandora Lys, cruzando el Jónico



Como he indicado al inicio, llevé un Cuaderno de bitácora de ese viaje que os puede ayudar a comparar la magnífica realidad de la travesía con el deseo expresado en el poema previo.

En estos enlaces tengo más poemas de mis Cuadernos de las islas griegas y de mi Islario de pasiones, estos últimos relacionados con la pasión del navegante y la necesidad de escoger entre camino y destino.


Adenda de junio de 2017: El junio del 2017 he vuelto a navegar por el Dodecaneso en un velero, 10 días de Kos a Samos. Aquí tenéis unos comentarios y unos poemas sobre ese viaje.

lunes, 30 de enero de 2012

A pesar de mis quejas, no se está nada mal aquí en Folégandros.

Llega el turismo a las islas y, nos guste  no, cambian y hemos de compartirlas con más visitantes. 

Escribí estos versos en mi tercer viaje a Folégandros, una pequeña isla del Egeo que peligrosamente está poniéndose de moda, pero si sabes buscar todavía conserva sus encantos. De todas maneras, y por si acaso, daros prisa.


A PESAR DE MIS QUEJAS...

Una de las 6 plazas de la Jora
A pesar de mis quejas
no se está nada mal aquí en Folégandros,
pero ahora pido más que años atrás,
pido que todo siga igual y no es posible.

Cuando te conocí coqueteabas
con un turismo peligroso;
no resististe y ¡quién resistiría
cuando eres isla pobre y te ponen hoteles!
Los primeros que llegan te respetan,
les gusta que te vistas como siempre,
no te piden que cambies de costumbres.
Pero ya sabes cómo son los hombres
—y en vez de hombres podría decir mujeres—
disfrutan presumiendo de sus ligues
ante amigos muy poco presentables,
y aparece la envidia que corroe:
 “será mía” —se dicen— “si fue de él”

Llega entonces la tribu carroñera
—la que nunca descubre, la que copia—,
y se presentan como amigos
de tu primer conquistador.
Y tú mi isla inocente te confías,
les muestras tus encantos, te desnudas
Un "hotel de encanto"
 que horripila
y te visten de puta o mojigata
—los extremos se tocan en lo hortera—
y te usan, te soban, te disfrazan
con "hoteles de encanto" que horripilan
o con bares de premio de diseño,
de almohadones y música “chil out”:
pura réplica —Ibiza, Bali, Mýkonos—,
pasto para consumo de tribus replicantes.
   
Por eso te pregunto, a ti mi isla adorada:
¿Dónde guardas lo auténtico
del rostro griego que me enamoró?

Te miro y me respondo:
Lo tienes escondido detrás del maquillaje
y sé, que si lo pido,
vendrás a visitarme con la cara lavada,
sin afeites ni implantes, natural,
con esa sencillez que me seduce.
Por eso, como dije al comienzo:
A pesar de mis quejas
no se está nada mal aquí en Folégandros.

Además, no es cuestión de ser un "extremisla",
también me gusta que te pintes cuando toca.
Sifnos en el horizonte
Ahora mismo gin tonic y tumbona
junto al acantilado de la “Jora”
frente al atardecer, contando islas:
Milos, Kímolos, Sérifos y Sifnos,
Andíparos, Despotikó, Paros y Síkinos,
constelación de cícladas rompiendo el horizonte,
mientras el sol se oculta y el rojo se refleja
sobre la balsa azul de la piscina.

¡No estás tan mal con maquillaje, isla!,
me has vuelto a seducir aquí en "Fata Morgana",
en este hotel colgado sobre el mar
junto a la antigua Jora de Folégandros.

Más islas, más adendas de Grecia. 2009
Ricardo Fernández Esteban ©


Desde la piscina del hotel "Fata Morgana"

Pues como os decía al principio, a pesar de mis quejas no se está nada mal aquí en Folégandros, pero daros prisa en venir si aún queréis verla sin el maquillage turístico. Aquí tenéis lo que le escribí a Folégandros cuando aún no había sido invadida.

Aquí tenéis otros poemas de este blog dedicados a las islas griegas


Capillas junto a la cala de Galifos


Adenda de abril de 2018: He vuelto a Folégandros varias veces después de escribir ese poema. La isla y su Jora (pueblo principal) me siguen seduciendo con sus pequeñas playas, su infinidad de bancales, y las seis plazas donde cenar bajo un techado de estrellas. Eso sí, evitad las épocas de mayor afluencia turística y la disfrutaréis mucho más.

Al fondo la playa de Aghios Nikolaos 

El Egeo cerca de la playita de Ampeli

Una de las plazas de la Jora

Una de las iglesias de la Jora. Aghios Antonios.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Estalla la mañana en Diafani

A veces, no sabemos cómo expresar los recuerdos, pero hay que intentarlo.













ESTALLA LA MAÑANA EN DIAFANI

Estalla la mañana, el mar parece
una alfombra de luces que refleja
ese sol fragmentado en mil pedazos
con fulgores de chispas sobre azul.

Vuelven los pescadores de bajura
y extienden sobre el muelle plata viva,
luego limpian las redes y fondean
en medio de la paz, frente a la costa.

Algunos visitantes temporales
-no les llames turistas, no lo son-
se suben a la barca de Manolis (*),
esa que hace estación de cada cala
y recoge su siembra por la tarde.

Hoy no sopla “meltemi”(**) y se agradece
sombra de tamarisco del Egeo
o imitar a los peces en las aguas
que parecen cristal de transparentes.

Hoy es un día más perdiendo el tiempo,
y es un lujo perderlo en Diafani (***).

Cuadernos de las islas griegas
Ricardo Fernández Esteban ©

(*) La barca Capitán Manolis, recorre diariamente las desiertas playas en viaje de ida y vuelta.

(**) Viento del norte, muy frecuente en el Egeo

(***) Pequeño pueblo junto al mar en el recóndito norte de Kárpazos, la isla más al sur del Dodecaneso griego



viernes, 8 de julio de 2011

Cuando muera que no me repatríen

(Entrada reescrita en septiembre de 2017) Se dice que la musa regala un verso al poeta y le deja el trabajo de escribir el resto. Yo recibí ese verso en el cementerio de Jrisomigliá, un balcón sobre el Egeo en la recóndita isla de Furni. Quizá porque es uno de mis poemas preferidos, lo he reescrito en varias ocasiones, porque somos más estrictos con lo que más nos gusta.



CUANDO MUERA QUE NO ME REPATRÍEN

Anclado en estas islas, abandono
la búsqueda falaz del paraíso,
tantas veces perdido en esa ruta
del buscar imposibles y no ver
que ya lo has encontrado, que lo habitas.
Por eso, y por si hay más y hay otro mundo:


Cuando muera que no me repatríen,
enterradme desnudo en suelo griego.
Buscad un cementerio entre los pinos
con amplias vistas al azul del mar,
donde el cuerpo se mezcle con la tierra
y acaso vuele el alma hacia sus musas.

Así, si hay otra vida, cuando llegue
esa resurrección y abra los ojos
contemplaré mi amado mar Egeo,
mientras -con juvenil vejez- retorna
la psique enriquecida por los mitos
con los que ha convivido en el Parnaso.

 Ricardo Fernández Esteban © (versión 7.17)

Cementerio de Jrisomigliá. Furni, al norte del Dodenaneso


Adenda de septiembre de 2017: Desde este mes se puede acceder en "The Booksmonie. Poesía recitada" a un fichero con mi voz y los textos de tres poemas míos de "Islario de pasiones", éste "Cuando muera...", "El navegante de islas" y "Ese mar".




Nota sobre las versiones del poema: En la primera entrada de mi blog, en agosto de 2010, ya aparecía la versión inicial de este poema incluido entonces en mi libro Adendas del Dodecaneso que he ido reelaborando, a veces con vuestra ayuda. Esta es una de las ventajas y desventajas del autor, poder modificar su obra. ¿Qué pensáis de ello? ¿Hay que dejar la obra tal como se escribió o son interesantes estas reelaboraciones?

Espero vuestros comentarios. Uno de los principales motivos de tener un blog es buscar la opinión de los lectores. La crítica constructiva, no el simple halago vacío de contenido ni el comentario destructivo, enriquece la obra y nos ayuda a comprender cuál es la recepción de la misma. 

Aquí tenéis varias versiones anteriores de este poema.


Diciembre de 2015

Y si muero, que no me repatríen,
que me entierren desnudo en suelo griego,
en algún cementerio entre los pinos
con amplias vistas al azul del mar,
donde el cuerpo descanse entre la tierra
y el alma vuele libre hacia sus musas.

Así, si hay otra vida al iniciarla
contemplarán mis ojos el Egeo,
y sentiré mi mente enriquecida
por los sabios consejos de los mitos
con los que ha convivido en el Parnaso.

Febrero de 2014

Y si muero que no me repatríen,     
enterradme desnudo en suelo griego.
Buscad un cementerio bajo pinos,
con amplias vistas al azul del mar,
donde el cuerpo descanse entre la tierra
y el alma vuele, rauda, hacia los mitos.

Así, si hay otra vida en su comienzo
contemplarán mis ojos el Egeo,
mientras con juvenil vejez retorna
un alma enriquecida por las musas
con las que ha convivido en el Parnaso.


Septiembre de 2011

Y si muero que no me repatríen,
enterradme desnudo en suelo griego.
Buscad algún pequeño cementerio
con amplias vistas al azul del mar,
donde el cuerpo se pudra entre la tierra
y el alma emprenda vuelo hacia los mitos.

Así, si hay más y vuelvo a despertar,
contemplarán mis ojos el Egeo
mientras, con juvenil vejez, retorna
un alma enriquecida, acompañada
por esas nueve musas que habitan el Parnaso.

Versión inicial de 2009

Y si muero que no me repatríen,
dejad mis huesos blanquear en suelo griego
que mi cuerpo se pudra en estas tierras
que mi alma more entre sus mitos.

Así, si hay más y vuelvo a despertar,
veré -al abrir los ojos- el Egeo.

Cementerio de Diafani. Kárpazos al sur del Dodecaneso
Aquí podréis encontrar más poemas míos sobre las islas griegas