viernes, 17 de marzo de 2017

Romance de la doncella guerrera

Conviene de tanto en tanto volver a los orígenes de nuestra poesía. Este es un "Romance viejo", anónimo, del siglo XV, del que circulan muchas versiones. Ésta es la que recoge la Antología Española e Hispanoamericana de Jose Mª Valverde y Dámaso Santos. 

Trata del tema de la doncella que va a la guerra disfrazada de hombre, de las pruebas a que la somete el enamorado hijo del rey para descubrir si es hombre o no, de su huida y del presumible final feliz cuando éste la sigue.


ROMANCE DE LA DONCELLA GUERRERA

    —Pregonadas son las guerras
de Francia con Aragón,
¡cómo las haré yo, triste,
viejo y cano, pecador!
¡No reventaras, condesa,
por medio del corazón,
que me diste siete hijas,
y entre ellas ningún varón!—
    Allí habló la más chiquita,
en razones la mayor:
—No maldigáis a mi madre,
que a la guerra me iré yo;
me daréis las vuestras armas,
vuestro caballo trotón.
—Conocerante en los pechos,
que asoman bajo el jubón.
—Yo los apretaré,
padre, al par de mi corazón.
—Tienes las manos muy blancas,
hija no son de varón.
—Yo les quitaré los guantes
para que las queme el sol.
—Conocerante en los ojos,
que otros más lindos no son.
—Yo los revolveré, padre,
como si fuera un traidor.—
    Al despedirse de todos,
se le olvida lo mejor:
—¿Cómo me he de llamar, padre?
—Don Martín el de Aragón.
—Y para entrar en las cortes,
padre ¿cómo diré yo?
—Bésoos la mano, buen rey,
las cortes las guarde Dios.—
    Dos años anduvo en guerra
y nadie la conoció
si no fue el hijo del rey
que en sus ojos se prendó.
—Herido vengo, mi madre,
de amores me muero yo;
los ojos de Don Martín
son de mujer, de hombre no.
—Convídalo tú, mi hijo,
a las tiendas a feriar,
si don Martín es mujer,
las galas ha de mirar.—
Don Martín como discreto,
a mirar las armas va:
—¡Qué rico puñal es éste,
para con moros pelear!
—Herido vengo, mi madre,
amores me han de matar,
los ojos de Don Martín
roban el alma al mirar.
—Llevárasla tú, hijo mío,
a la huerta a solazar;
si don Martín es mujer,
a los almendros irá.—
Don Martín deja las flores,
una vara va a cortar:
—¡Oh, qué varita de fresno
para el caballo arrear!
—Hijo, arrójale al regazo
tus anillas al jugar:
si don Martín es varón,
las rodillas juntará;
pero si las separase,
por mujer se mostrará.—
Don Martín muy avisado
hubiéralas de juntar.
—Herido vengo, mi madre,
amores me han de matar;
los ojos de don Martín
nunca los puedo olvidar.
—Convídalo tú, mi hijo,
en los baños a nadar.—
    Todos se están desnudando;
don Martín muy triste está:
—Cartas me fueron venidas,
cartas de grande pesar,
que se halla el Conde mi padre
enfermo para finar.
Licencia le pido al rey
para irle a visitar.
—Don Martín, esa licencia
no te la quiero estorbar.—
    Ensilla el caballo blanco,
de un salto en él va a montar;
por unas vegas arriba
corre como un gavilán:
—Adiós, adiós, el buen rey,
y tu palacio real;
que dos años te sirvió
una doncella leal!—
    Óyela el hijo del rey,
tras ella va a cabalgar.
—Corre, corre, hijo del rey
que no me habrás de alcanzar
asta en casa de mi padre
si quieres irme a buscar.
Campanitas de mi iglesia,
ya os oigo repicar;
puentecito, puentecito
del río de mi lugar,
una vez te pasé virgen,
virgen te vuelvo a pasar.
Abra las puertas, mi padre,
ábralas de par en par.
Madre, sáqueme la rueca
que traigo ganas de hilar,
que las armas y el caballo
bien los supe manejar.—
    Tras ella el hijo del rey
a la puerta fue a llamar.

Anónimo (siglo XV)


Estos romances se transmitieron oralmente hasta que fueron recogidos en algún cancionero y como os he indicado hay de ellos numerosas versiones. Como ejemplo este vídeo del grupo Mansaborá en que cantan otra de ellas. 


O esta otra canción sefardí, inspirada en este romance, que ha recorrido el mundo con los judíos expulsados de España.




2 comentarios:

Maríjose Luque Fernández dijo...

Gracias por los vídeos que además ayudan a quién no puede ver y sí escuchar. Por suerte ya hay muchos audio-libros.

Y recuerdos de aquellos años de instituto en que era lectura obligatoria con su correspondiente comentario de texto y sin embargo ahora, son tantos los que no lo han leído e incluso si quiera saben que es un libro. Besos!!

J. R. Infante dijo...

Magnífico trabajo, Ricardo, enhorabuena. Un abrazo