miércoles, 29 de junio de 2022

2022: Navegando por las Cícladas

Estos poemas son algunos de los escritos en unas sigladuras en velero por las Cícladas en junio de 2022. Son apuntes a vuelapluma, impresiones directas de un entorno en el que hay luces y sombras, y lugares que resisten mejor que otros la presión turística. Llevo mucho tiempo viajando por estas islas y, aunque han perdido algo de su virginidad, si sabes buscar todavía son un entorno muy agradable. Si esto os sabe a poco, en mi libro "Por las islas griegas" resumo más de 25 años y 70 islas visitadas.

Síkinos desde Ios

En Mýkonos, antes de zarpar hacia islas auténticas

En calles estrechas
repletas de tiendas,
restaurantes, bares...
una multitud
en la que destacan
las rubias teñidas
de ropa muy prieta
con tacones altos,
y hombres musculosos
que miran con ansia.
La "jora " de Mýkonos,
para unos Sodoma,
para otros Gomorra,
para mí una etapa
hacia islas recónditas.

La Jora de Mýkonos


Descubriendo algo de Syros

Descubro Syros
y es una buena carta 
de mi escalera.
Fondeo en Fínikas
en un pequeño puerto.
turismo antiguo

Busco colores
en mi deambular
por el islario.
¿Cuántos azules
en sus mares y cielos
tienen las Cícladas?

Φοίνικας (Fínikas) en Syros


Kitnos: Grecia sin maquillaje

Cala recóndita,
fila de tamariscos
frente al azul,
donde mi Grecia
se quita el maquillaje
de lo turístico.
En el atardecer,
guisos de la taberna 
junto a la mar;
y como postre
-cuando surge la luna-
pastel de plata.

Aghios Stéfanos. Kithnos


¿Es demasiado bella Sifnos?

En Sifnos hay tantas iglesias
como días del año, o eso dicen;
también hay arboledas, buenas playas,
pueblos encantadores y artesanos.
Hace ya mucho, me quejé
y pedí que tuviera 
un poco más de pérfida locura;
los años curan los excesos
y, en estos tiempos, agradezco
la tranquila belleza de esta isla.

Vazý. Sifnos


Unas horas en Kímolos que querría prolongar

Baños -frente a la nieve- en Prassa,
fondeo en soledad en Rema –entre casas de barcas-,
ascenso hacia el Jorió –encumbrado en su Kastro medieval-,
cena en la plaza de la iglesia –sin turistas-,
copas en callejones –buena música-,
delicias de otros tiempos y de este,
fusión de épocas que suman.
Unas horas en Kímolos
que querría prolongar por mucho tiempo.

En el Jorió de Kímolos



Sirmatas en Rema (Kímolos)


Poliegos, la isla que nunca fue morada

La isla que nunca fue morada,
a pesar de sus dos níveas bahías
- aguas preciosas de turquesa azul -,
mantiene su cartel de paraíso,
si eres un navegante mañanero;
porque hacia el medio día
llegan los barcos de turistas
buscando lo perdido y no lo encuentran:
los paraísos requieren madrugar.

Poliegos al mediodía


Con San Jorge en Síkinos

Hay un San Jorge en cada isla
donde puedes bañarte,
los hay recónditos, turísticos o mixtos.
No conocía el de Síkinos, que es mixto,
con siete tamariscos y otras siete sombrillas,
una taberna con poca actividad
y, por supuesto, una capilla.
Fondeado cerca de la arena,
recuerdo que intenté venir aquí hace años,
pero entonces no había carretera
y el caico no salía el mes de junio.
Esta vez, esperar ha valido la pena,
visitar un lugar de baño y de disfrute.

Aghios Giorgios en Síkinos


Manganari resiste al sur de Ios

Depende lo que cuentes,
una docena es mucho o poco,
en este caso cuento años y es bastante,
por eso no sé yo
lo que voy a encontrar en Manganari.
De momento, lo encuentro todo igual,
la misma arena blanca
y el mismo mar azul
y, más o menos, los mismos bungalows:
en resumen, es una suerte
que algunos paraísos aún resistan.

Manganari en Ios


La masificación de Santorini

La masificación turística,
la cutrez del entorno de Kamari,
Firá con sus bazares que ignoran lo local,
Ía que juega a pija
y tienes que luchar por un espacio
si quieres observar el ocaso del sol...
cuando de noche bajo por la ronda
desde Firostefani hasta Firá,
contemplando la plata en la caldera
y los miles de luces colgadas de sus bordes.

Ricardo Fernández Esteban ©

Oía se pronuncia Ía y es el pueblo más chic. Firá es la capital de Santorini, cuyo nombre griego es θηρά (Cirá). Firostefani está al borde la caldera sobre Firá. 

Frá desde Firostefani. Santorini



Otro viaje en velero por las islas griegas y ya van ocho, además de muchos más utilizando otros medios de trasporte. Este poema Pido la guardia del amanecer lo escribí la primera vez de divisé las islas griegas desde un velero en el Jónico. Aquí tenéis la bitácora de una travesía desde España hasta el confín de Dodecaneso griego, aquí otras bitácoras y poemas de singladuras por el Dodecaneso y por fin la bitacora de estas últimas singladuras por las Cícladas y otras de hace tres años.

lunes, 6 de junio de 2022

El blog vuelve a las Cícladas

El blog vuelve a navegar y recuperará su alma de bitácora narrando mi próxima travesía a vela por las Cícladas, como ya hizó otras veces por estas islas y por las del Dodecaneso. Ojalá que los vientos y los mares nos sean propicios y lo podamos compartir con vosotros.

La cala de Fikidas en Sifnos. Un posible fondeo.

EL BLOG VUELVE A LAS CÍCLADAS

El blog vuelve a la mar,
recorrerá las Cícladas 
de Mýkonos a Santorini
que serán solo origen y final,
porque navegaremos islas más recónditas
en busca de refugios en sus costas
donde podamos fondear al abrigo del viento.
También recalaremos en los puertos
de dimensión humana, en que conviven
tabernas que nos sirven lo que pescan sus barcas
o cuidan en sus huertos y corrales.
De isla en isla nos llevarán las velas,
si Neptuno es benévolo y Eolo
no enfurece las olas demasiado.

Os lo voy a ir contando y este blog
volverá a ser bitácora poética
que comparta experiencias con vosotros.

Ricardo Fernández Esteban ©


En este enlace 2022 y 2019: Navegando por las Cícladas iré recogiendo una bitácora del viaje y algunos poemas que me inspire. Si queréis una visión general de mis viajes por más de 70 islas griegas en los últimos 25 años, tenéis mi libro Por las islas griegas con anotaciones de mis preferencias de cada isla.


Y en Islario de pasiones (del que existe una versión bilingüe griego español) encontraréis las vivencias del navegante. Las islas y los mares que las circundan son griegos, aunque a diferencia de en Por las islas griegas, no suele haber referencias geográficas concretas. La pasión es de quien escribe, de quien navega y de quien habita, que se intercambian las voces dudando "entre el camino (navegarlas) y el destino (habitarlas)".


Del capítulo "Chispas de mar en la bitácora" que recoge haikus, gotas de mar que decoran la bitácora.

Ceñir al viento
nunca ha de ser la guerra
sino el placer.

Cuando navegues
no te enfrentes al mar
pacta con él.
...

Mares e islas,
son la misma moneda
que guía el viaje.

Cuando la lanzas
caiga por donde caiga
siempre se gana.

Si sale cara
navegas por el mar
buscando islarios.

Si sale cruz
recorres los islarios
viendo la mar.

Chispas de mar en la bitácora
Islario de pasiones
Ricardo Fernández Esteban ©


lunes, 23 de mayo de 2022

José Costero y su libro póstumo "Mémora de voces"

José Costero (Barcelona, 1935-2021), fue poeta, novelista, ensayista y sobre todo una magnífica persona. Ya le dedique una entrada como poeta en 2016 que actualicé cuando murió el pasado octubre. Este próximo viernes 27 de mayo sus amigos presentamos su libro póstumo "Mémora de voces", pequeños relatos  sobre artistas y escritores, que hemos editado a partir de los originales que encontramos en su ordenador. Este blog hoy fondea su singladura poética para incluir una de sus historias, concretamente la que me dedico a mí. Coloco como como apertura unos versos suyos en los que anticipó su obituario.

Si acaso he de morir mañana,
amortajadme con los puños cerrados.
Aún no es tiempo de amapolas.
Solo fui
un grito más en la calle,
y una frente bruñida de concordia. (...)

Si he de morir mañana,
quiero decir hoy mi palabra.
Pese a todo,
la vida vale la pena gastarla.
Que los miedos afilen la hoz
y libre sea la paloma. (...)

José Costero. Extraño animal (1978)


VIGÍA DE SU NAUFRAGIO

para Ricardo Fernández

Precisamente ayer tarde, buscando una antología poética, encontré casualmente una vieja edición de una novela que ya creía extraviada para siempre. Es una edición barata, en rústico, casi completamente desencuadernada. Pero a esta edición de bolsillo le tengo una especial querencia ya que fue con ella la primera vez que leí los furiosos embates de la ballena blanca.

Su autor escribió un total de diez novelas, más de una decena de cuentos y un centenar de poemas, pero sobre todo escribió una fábula inolvidable. Una obra global y apocalíptica, donde el hombre y su destino están condenados a una lucha ininterrumpida contra uno mismo, en un intento acaso de recuperar su propia alma. Pero no es un filósofo, sólo es un novelista que precisa captar a los lectores y juega con la intuición y despliega los recursos del simbolismo para expresar sus inquietudes metafísicas. Su texto es una oscura e inquietante exploración sobre la naturaleza del mal. Y a la vez un extraño sondeo en la propia conciencia.

Escribió esta novela en 1851, tenía ya 32 años y fue acogida con indiferencia. La obra esconde una alegoría sobre el mal representado por una ballena, un monstruo de las profundidades marítimas, que ataca y destruye; pero el germen maligno también anida en la figura del capitán Ahab, el patrón del ballenero Pequod, dispuesto a zarpar del puerto de Nantucket, un bergantín cuyos pescantes son de huesos de cetáceo. Capitán al que la gran ballena blanca le arrancó su pierna derecha, a la altura de la rodilla, y que personifica la perversidad absurda y obstinada arrastrando a la muerte, en su venganza personal, a los tripulantes del bergantín, salvo un joven marinero llamado Ismael.

Como digo, es Ismael el único superviviente del desastre, flotando amarrado a un ataúd, quien nos relata la historia. Quizás sea Ismael algo así como el representante del ser humano, que se opone a la irracionalidad que rige a bordo de la nave y nos narra con voz propia los misterios inescrutables del mar, su inmensidad y el poder infinito de la naturaleza. Un lúcido testigo de la ambición suicida del capitán Ahab, que pretende imponer su supremacía sobre las fuerzas ciegas de la naturaleza. Hay cierta dignidad en su actitud, en esta insumisión de no aceptar la pequeñez humana, y en su retórica laten ecos shakesperianos.

El escritor dijo en cierta ocasión: Sólo cuando el hombre ha sido vencido puede descubrir su verdadera grandeza.

Queda uno en verdad fascinado por el esplendor del texto, la presencia inquietante del gran cachalote blanco, la inmensidad profunda de los mares, la ferocidad insaciable de los tiburones, la belleza de los pájaros marinos, así como por una galería de personajes inolvidables para cualquier lector: el primer oficial señor Starbuck, Stubb, Peleg, los arponeros Queequeg, Daggoo, el parsi Fedallah, el carpintero del barco o el apocalíptico reverendo Mapple.

Se enroló, con apenas veinte años, en un carguero y pronto conocerá los bajos fondos de las ciudades portuarias, la sórdida vida a bordo, la truhanería de la tripulación, el despotismo de los oficiales y la soledad en las largas noches de vigilia. Igualmente experimentó el furor de las tempestades y los días de calma chicha.

Para su inspiración literaria, el Pacífico Sur se erigió en el escenario hermoso y a la vez cruel y siempre imprevisible. Declaró en cierta ocasión que el mar fue su verdadera universidad. Quiso demostrar, acaso, en el espacio infinito de los océanos la insignificancia de la criatura humana. El escritor emprende esta primera singladura que dura casi tres años y a su regreso considera que la aventura ha finalizado, se considera ya una persona madura y siente la necesidad de escribir. El hombre que desembarca en Boston, en octubre de 1844, es un ser distinto al joven enfermizo de antaño; viene curtido por los alisios y el sol de los trópicos, ducho en los vicios humanos y considera que ha llegado el momento de narrar sus vicisitudes.

Frente al puritanismo que impregna en aquellos años la sociedad culta de los Estados Unidos, él es un tipo que vive inmerso en muchas contradicciones. Bascula entre la obsesión del pecado y el ansia por salvarse, buceando desesperadamente entre la oscuridad de lo inexplicable y la transgresión que lleva implícita la atracción por el riesgo.

En 1856 se publicó una novela corta, cuyo protagonista es una especie de ser fantasmagórico, un individuo que cumple en principio, de forma estricta, confinado en una sórdida oficina, su labor de copista de documentos, negándose más tarde a corregir ningún documento. Puede verse en este personaje y en su habitual frase: “Preferiría no hacerlo”, una forma de reivindicación, casi implacable, de la nada pura y absoluta. La inacción deliberada. Al final, este escribano, paradigma del absurdo, muere por inanición. Es un personaje que prefigura el cosmos kafkiano y convierte a su autor en nuestro contemporáneo.

Salvo algunos poemas, no volverá a publicar durante casi treinta largos años. Se convierte en un rutinario funcionario de aduanas del puerto de Nueva York y sufre la muerte de dos hijos varones, el mayor, Malcom, se suicidará en la casa familiar, de un tiro en la cabeza, a los 18 años, y su otro hijo, Stanwix, morirá a los 36 años de tuberculosis, tragedia que acentúa el carácter sombrío del escritor.

Un par de años antes de morir, comienza a escribir su última parábola, una reflexión sobre el bien y el mal y la frágil línea que los separa. La historia de un joven y honesto marino reclutado forzosamente para un buque de guerra inglés. Acusado falsamente por el infame maestro de armas de conspirar, e incapaz de defenderse verbalmente, golpea y mata accidentalmente a su calumniador. Es condenado y colgado una madrugada en la propia embarcación. Escribió esta obra póstuma a lápiz y la guardó en el fondo de un baúl y no será hasta después de su muerte cuando es hallada casualmente por su esposa, y no se publicó hasta 1924.

Escribió: Juego con el corazón de quien me lee; pues quien no siente, lee en vano. Posiblemente la respuesta que siempre buscó solamente la podía encontrar en la inmensidad de la mar: Ya estoy harto de las penas y cuidados de la tierra firme; basta de polvo y del humo de las ciudades. Déjame oír el crepitar del granizo y de los icebergs mejor que el paso indeciso de esos caminantes que recorren su mortecina senda desde la cuna a la tumba…

Murió en el más completo olvido en 1891, a los setenta y dos años de edad.

Sigue lloviendo afuera y el viento racheado sigue sacudiendo las persianas. A estas horas de la madrugada, y en el silencio de la casa, uno se siente sobrecogido y rememora una de aquellas tormentas oceánicas, a bordo de una nave, en alta mar, en el vaivén persistente de las olas y del viento huracanado; cree incluso oír el ruido de la pierna de marfil del patrón retumbando en la cubierta. Cuando más tarde, ya en el lecho, trato de dormir, en la duermevela me asalta la imagen del postrer saludo del capitán Ahab, atenazado, sin remedio, por sogas y garfios a lomo de la ballena blanca, hasta que desaparece para siempre en el fondo del océano.

HERMAN MELVILLE. Nueva York, 1819-1891

José Costero. Mémora de voces (2022)

Si os interesa, y no podéis venir a la presentación, el libro está disponible en Amazon


Y como cierre os dejo el último poema que nos dio a conocer a sus amigos:

A FRANCO BATTIATO

Oyendo sus canciones en este
atardecer de mayo de 2021
Lo dijiste
con voz alta y clara:
“Povera patria”,
como tantas otras,
gobernadas por bribones
con camisa y corbata de seda.
Pobre patria de cada uno,
a la que pretende enmudecer
una casta que juega
con plebiscitos y escaños,
usurpa altos cargos
para provecho propio,
y cotiza miseria
y dividendos de penuria
para indefensos ciudadanos.
Mamáis de las ubres del país,
padres putativos de una patria
secuestrada a vuestro capricho.

Jamás arriaremos “la bandiera bianca”, no.
Bandera blanca en el corazón.
Bandera blanca en la mirada.
Bandera blanca en el beso.

No lo lograréis.
Enarbolemos la bandera blanca.
Sin tregua.

Mémora de voces. José Costero (2022)


Os paso su bibliografía. Es una pena que la mayoría de libros de José Costero estén descatalogados. Yo tengo la suerte de tener unos cuantos y, además de su obra poética, os recomiendo sus ensayos "13 suicidas" y "Cuadernos de madrugadas" (este es un artículo que acaba de dedicarle nuestro común amigo Felipe Sérvulo), su saga policiaca del subcomisario Ruano y, por descontado, "Mémora de voces".

Los sueños también encallan, (narración), Olot, 1962.

Con sed y con miedo, (poesía), Ed. Carabela, Barcelona, 1968.

Prohibida palabra, (poesía), Ed. Río Piedras, Puerto Rico, 1970.

Hombre en la espera, (poesía), Ed. Cla, Bilbao, 1972.

Las esquinas del tiempo, (cuentos), (12 narraciones breves: una para cada mes del   año), Ed. Campos, Barcelona, 1972.

Bajo una lluvia alucinada, (poesía), Ed. Vosgos, Barce-lona, 1974.

Del amor y otros delitos, (poesía), Ed. Vosgos, Barcelo-na, 1976.

Extraño animal, (poesía), Ed. Colección Universidad, 1978.- (Con prólogo de Francisco Seguí).- Ed. Turabo, Puerto Rico, 1978.

13 suicidas, (ensayos), (Ediciones Picazo, 1982).

Es peligroso asomarse, (novela policiaca, 1ª sobre la saga del subcomisario Ruano), Ed. Baile del Sol, Tene-rife, 2001.

No pisar el césped, (novela policiaca, 2ª sobre la saga de Ruano), Ed. Baile del Sol, Tenerife, 2002.

La pantufla del ahorcado, (novela policiaca, 3ª sobre Ruano), Ed. Baile del Sol, Tenerife, 2003.

Otro Eros, (4 ensayos sobre: Luis Cernuda, Montgo-mery Clift, Pier P. Pasolini, Tennessee Williams), Ed. Corona del Sur, Málaga, 2005.

Vivir en Orsay, (novela policiaca, 4ª sobre la saga de Ruano), Ed. Baile del Sol, Tenerife, 2006.

Cuaderno de madrugadas, (20 ensayos breves), Ed. Corona del Sur, Málaga, 2010.

La muerte visita el geriátrico, (novela policiaca, 5ª sobre Ruano), Ed. Baile del Sol, Tenerife, 2011.

Ambiguo Arlequín, (poesía), Ed. Parnass Ediciones, 2014.

Asesinato de un obispo, (novela policiaca, 6ª sobre Ruano), Ed. Baile del Sol, Tenerife, 2015.

Mémora de voces, (36 semblanzas sobre literatos, músicos, cantantes, pintores, poetas y personajes del cine). 2022.






lunes, 16 de mayo de 2022

De versos, metas y "metaversos"

Últimamente, esa red llamada "Metaverso" (antes Facebook) no nos deja ver en el muro de entrada más que a unos pocos de nuestros contactos, y el resto de amigos o seguidores son tan virtuales como los avatares que quieren crear. Además, las entradas poéticas ya sufren "per se" un mayor ostracismo. De eso va este poema, de tener amistad o seguir a quienes te interesan y de que el sistema lo permita. Quizá es una batalla perdida, pero las guerras son largas y la esperanza es lo último que se pierde.



MÁS VERSOS Y MÁS METAS, Y MENOS METAVERSOS

Según indica Facebook, paso de cuatro mil amigos
y, cual gurú de Hamelín, me siguen tres cuartos de millar.
“Mucha mierda” diría la gente del teatro
y “mucho ruido y pocas nueces” digo yo,
porque pocos me ven y aún menos me contestan.
¿Será que el algoritmo tiene alergia a los versos?,
¿será que al público le muerde la palabra poética?,
¿será que ser poema, rima con anatema?,
¿será que al escoger hay que ser más banal?
o ¿será que estas redes solo pescan con versos
leídos sin esfuerzo, sin tener que clicar
un enlace hacia un blog, donde se abra el poema
con texto y su contexto, lo que siempre es mejor?

Será lo que será, pero habrá que hacer algo,
porque tanta amistad y tantos seguidores
se corresponden poco con lo que nos ofrece
esta red “metaverso”, sin versos y sin metas,
que apuesta por un mundo de avatares
mucho más manejables que los mundos reales.
Por pedir, lo que pido
son amigos que opinen tanto bien como mal,
y si son seguidores que sigan el camino
del verso como meta y no del “metaverso”.

Lanzado está el mensaje,
quien no esté interesado en mi poética
que vire su timón hacia otros rumbos,
y que, los que quedemos,
interactuemos mucho más
con constructivas críticas o aportes,
para ser, realmente, amigos de los versos.

Ricardo Fernández Esteban ©


Este poema contiene quejas y no tendría que quejarme de mi visibilidad poética, ya que hace un año que mi blog "La palabra es mágica" superó el millón de visitas. Pero concretando en la difusión a traves de "Facebook", sí que me quejo de ese algoritmo que limita lo que veo y a los que me ven, y de la poca interactividad de esta red que me anuncia cantidad de amigos y seguidores a los que no suelo ver por el muro. 

El principal objetivo de una red social debe ser la interacción a través de los comentarios a los contenidos que se cuelgan. Yo prefiero enlazar mis entradas a mi blog, que siempre es un mejor y más amplio depósito de contenidos, al incluir más información del texto y del contexto, pero observo la pereza de muchos visitantes en ir más allá de lo expuesto en el muro de entrada.

Respecto a la proclama, si habéis llegado hasta aquí y no os interesa mi poética, ni la de los poetas que cuelgo, podéis retirarme vuestra amistad o dejar de seguirme. Ningún problema, lo que pretendo es que a los que continuen les interen los contenidos y sean más participativos, teniendo en cuenta que la crítica constructiva es una mejores herramientas de mejora poética. 

El problema es que los que no hayan llegado hasta aquí, y no les interese el tema, seguirán como amigos y seguidores durmientes sin aportar nada. Que yo sepa, no hay en esta red una herramienta para actualizar periódicamente amigos y seguidores que nunca ven tus entradas.

Y hablando del "metaverso" y sus dos significados y etimologías:  "metaverso", verso que trata del verso (como la "metaliteratura" es literatura que trata de la literatura) y "meta-universo" > "metaverso" (como universo virtual en internet), tienen muchas semejanzas. Aquí tenéis un interesante artículo de Joaquín Mattos sobre este tema.

Como siempre, y sin perder la esperanza, espero comentarios, sean del signo que sean, tanto en el blog como en las redes sociales en las que cuelgo un resumen y un enlace a esta entrada.

lunes, 2 de mayo de 2022

Dulce Mª Loynaz

Dulce María Loynaz (La Habana, 1902 - 1997) fue una poeta y escritora, considerada una de las principales figuras de la literatura cubana,  que obtuvo el premio Cervantes en 1992. Leamos tres de sus poemas:


QUIÉREME ENTERA

Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra…
Si me quieres, quiéreme negra
y blanca, y gris, y verde, y rubia,
y morena…
Quiéreme día,
quiéreme noche…
¡Y madrugada en la ventana abierta!…
Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda… O no me quieras!

Dulce María Loynaz


CRIATURA DE ISLA

Rodeada de mar por todas partes,
soy isla asida al tallo de los vientos...
Nadie escucha mi voz, si rezo o grito:
Puedo volar o hundirme... Puedo, a veces,
morder mi cola en signo de Infinito.
Soy tierra desgajándome... Hay momentos
en que él me ciega y me acobarda,
en que el agua es la muerte donde floto...
Pero abierta a mareas y a ciclones,
hinco en el mar raíz roto.
Crezco del mar y muero de él... Me alzo
¡para volverme en nudos desatados...!
¡Me come un mar batido por las alas
de arcángeles sin cielo, naufragados!

Dulce María Loynaz


LA BALADA DEL AMOR TARDÍO

Amor que llegas tarde,
tráeme al menos la paz:
Amor de atardecer, ¿por qué extraviado
camino llegas a mi soledad?

Amor que me has buscado sin buscarte,
no sé qué vale más:
la palabra que vas a decirme
o la que yo no digo ya...

Amor... ¿No sientes frío? Soy la luna:
Tengo la muerte blanca y la verdad
lejana... No me des tus rosas frescas;
soy grave para rosas. Dame el mar...

Amor que llegas tarde, no me viste
ayer cuando cantaba en el trigal...
Amor de mi silencio y mi cansancio,
hoy no me hagas llorar.

Dulce María Loynaz


Los poemas de Loynaz muestran una poderosa y profunda voz lírica, que en nuestra época puede parecer alejada de la poesía actual. Es verdad que unos poemas envejecen mejor que otros, pero estos tres creo que siguen manteniendo su fuerza y lirismo.

En el Instituto Cervantes encontraréis su biografía y bibliografía, y en "A media voz" una antología de sus poemas.

martes, 19 de abril de 2022

Juana de Ibarbourou

La poeta uruguaya Juana de Ibarbourou (Melo, 1892-Montevideo, 1979) está considerada una de las voces más personales de la lírica hispanoamericana de la primera mitad del siglo XX. Sus poemas, de raíz modernista y lenguaje sencillo, exaltan al amor, la maternidad y la belleza, tanto física como de la naturaleza.


COMO UNA SOLA FLOR DESESPERADA

Lo quiero con la sangre, con el hueso,
con el ojo que mira y el aliento,
con la frente que inclina el pensamiento,
con este corazón caliente y preso,

y con el sueño fatalmente obseso
de este amor que me copa el sentimiento,
desde la breve risa hasta el lamento,
desde la herida bruja hasta su beso.

Mi vida es de tu vida tributaria,
ya te parezca tumulto, o solitaria,
como una sola flor desesperada.

Depende de él como del leño duro
la orquídea, o cual la hiedra sobre el muro,
que solo en él respira levantada.

Juana de Ibarbourou

Tras este magnífico soneto, que puede colocarse entre los mejores del género, un poema en pareados.

LACERIA

No codicies mi boca. Mi boca es de ceniza
y es un hueco sonido de campanas mi risa.

No me oprimas las manos. Son de polvo mis manos,
y al estrecharlas tocas comida de gusanos.

No trences mis cabellos. Mis cabellos son tierra
con la que han de nutrirse las plantas de la sierra.

No acaricies mis senos. Son de greda los senos
que te empeñas en ver como lirios morenos.

¿Y aún me quieres, amado? ¿Y aún mi cuerpo pretendes
y, largas de deseo, las manos a mí tiendes?

¿Aún codicias, amado, la carne mentirosa
que es ceniza y se cubre de apariencias de rosa?

Bien, tómame. ¡Oh laceria!
¡Polvo que busca al polvo sin sentir su miseria!

Juana de Ibarbourou

Nota: tal como he encontrado escrito este poema hay un detalle curioso. El título "Lacería" es un conjunto de lazos de adorno. Sin embargo en el penúltimo verso la palabra clave es "laceria", o sea miseria, pobreza, trabajo, fatiga, etc., palabra de poco uso que refleja mucho mejor el contenido del poema. Por eso, supongo que es un error de transcripción y cambio el título.

Y esta sencilla copilla de rimas asonantes que cierra con un pareado consonante y con lenguaje sencillo transmite una clara imagen poética de la naturaleza.

LA ENREDADERA

Por el molino del huerto
asciende una enredadera.

El esqueleto de hierro
va a tener un chal de seda

ahora verde, azul más tarde
cuando llegue el mes de Enero

y se abran las campanillas
como puñados de cielo.

Alma mía: ¡quién pudiera
Vestirte de enredadera!

Juana de Ibarbourou

Es estos inicios del siglo XXI este lenguaje poético puede parecer defasado, pero es importante recorrer la evolución de los lenguajes y temas poéticos para distinguir la raíz de los buenos poemas de la que crecen los buenos áboles poéticos.

En "A media voz" podéis leer una antología de sus poemas. Y en la web del Instituto Cervantes un ensayo de José Antonio Gómez sobre su obra poética. Por último, en este vídeo podéis ver una biografía suya



martes, 5 de abril de 2022

Javier Vicedo

Javier Vicedo (Castellón, 1985), es autor de los libros de poemas Fidelidad de una sombra (2015), Ventanas a ninguna parte (2010), La última distancia (2010) y El azul silencio del hombre (2008). Últimamente parece que se dedica más a la escritura teatral, en que ha publicado Summer evening, Calderón cadáver y Cuando caiga la nieve. Leamos alguno de sus poemas.



ASÍ EL SOL

Será que ya no son nuestras las cosas,
o que nunca lo fueron y teníamos
—como quien guarda fe o agua entre las manos—
una forma imprudente de vivir.

Un alfiler de sol puntea cada
milímetro de mundo como si evidenciara
la dimensión exacta de la pérdida.

Ayer sabíamos poco de nosotros,
teníamos el hambre y la memoria
como garantes de un dominio sobre
el infinito de todas las cosas.

Basta con seguir el paso del sol:
recorre nuestro cuerpo con la misma
dureza que recorre el matorral,
la arcilla blanca
o la hormiga en el borde de la piedra.

Quizás nuestra única propiedad fue
la obsesiva ilusión de tener y tenernos.

Javier Vicedo



VENTANAS A NINGUNA PARTE

¿Qué miras más allá de la ventana:
el mundo o el mundo que quisieras?
Tal vez no estés mirando nada
y nada es todo lo que, de ser, serías.

Mirando nadas se construye un hombre.

(de Ventanas a ninguna parte, 2010). Javier Vicedo


LA DOBLE ESCRITURA

Todo está haciéndose en su propia sombra,
marcando dos sentidos, tentando dos acciones.
Basta con darle vuelta al verde de una hoja
para apreciar el mapa de sus nervios.

(de Fidelidad de una sombra, 2015). Javier Vicedo


Da gusto reencontarnos con un poeta de este rango de edad con buenos contenidos que sabe distinguir el verso de la prosa. Por desgracia, lleva años sin publicar poesía, quizá sea porque cada vez es más difícil alcanzar una difusión mínima en este género, que parece que no sepa encontrar su camino, ni buenos prescriptores ni jurados que nos ayuden.

Últimamente estoy intentando publicar entradas dedicadas a eso que ahora se llama poetas jóvenes, en los que se engloba a los no tan jóvenes treintañeros. Recordad que Bécquer, Lorca o Hernández murieron con 34, 38 o 32 años respectivamente, o Keats, Byron o Shelley con 26, 36 o 30 años, y con mucha y muy buena obra publicada. Pues eso, me cuesta encontrar poetas que me atrapen en ese rango de edad. 

Para mí un poema debe de ser la suma de contenido y continente. Encuentro buenos o aceptables contenidos, pero en general con malos continentes versales, y si no hay verso no hay poema. Podrá haber poesía, como género lírico o expresión del "yo", pero expresada en prosa, por más que algunos se empeñen en cortarla sin ton ni son en líneas que llaman versos y no respetan ni la sintaxis ni ese ritmo interior que distingue el poema de la prosa. El papel aguanta mucho, pero intentad recitar esos pseudopoemas y veréis como no superan esta "prueba del nueve" que distingue al poema. Tened en cuenta que no estoy hablando de la calidad del contenido, que puede existir o no en un poema o un texto en prosa, estoy hablando de la manía de querer cortar un texto en falsos versos, que no mantienen ningún ritmo, cuando estaría mucho mejor escrito sin cortes artificiales.

He publicado bastantes artículos en "Las nueve musas" sobre estos temas, como "El verso blanco y el verso libre", "La escritura y la lectura de los versos de un poema" o "La poesía, los poemas, los versos y la métrica" y os invito a dialogar conmigo en estos asuntos fundamentales para el futuro del género poético que, en mi opinión, se está alejando de su público y conviertiéndose en un cuasi cenáculo críptico.

Para acabar, volviendo a nuestro autor, a Javier Vicedo, os dejo este poema:

MEDICIÓN

Nuestra manía de medir las cosas,
el verso/ la fiebre/
el tiempo que nos queda/.

Mientras haya recuento
es que no dimos
con nosotros todavía.

Javier Vicedo

Vicedo no es un poeta estrictamente métrico, aunque sepa mantener el ritmo en un poema, que es lo importante. Aquí nos hace un juego de palabras en esos versos de contado ritmo binario (11, 3+3, 7 // 7, 5, 8) en que los dos últimos son realmente un tricedasílabo cuaternario 5+8 = 13(4.8.12). Todo esto pueden parecer solo cifras, pero es ritmo, sonido y armonía.

No se encuentran antologías amplias de sus poemas en la red, por lo que hemos de acudir a sus libros. Aquí os dejo una entrevista con él, y aquí el acceso a un vídeo donde recita un poema inspirado en el cuadro "Desnudo en la playa".





miércoles, 23 de marzo de 2022

De "vocalas" y "poetos"

Quizás "me meto en un jardín" al tratar del tema de si los genéros gramaticales deben corresponderse con los biológicos, la necesidad de que una palabra acabe en "o" o "a" para ser políticamente correcta, o tener que duplicarla para que todos y todas se sientan citados. A mí me gustaría opinar como lingüista (o lingüisto) que soy, pero me contento en hacerlo como poeta (o poeto) con la licencia poética y el recurso al humor que siempre es bueno en estos casos. Por favor, que nadie se sienta ofendido u ofendida.

DE VOCALAS Y POETOS

Ante “vocalas”, “miembras”, ¡qué palabros!,
este menda reclama ser “poeto”.
Y no me adviertas que me descalabro,
que entro en un mal jardín y me entrometo;

a estas alturas de la vida, creo
que hay que decir lo que se piensa, ¡leñe!
y si eso implica pelear, peleo,
y si a alguien no le gusta, que se empreñe.

Seré “atleto”, “lingüisto” y si es preciso
los votos tomaré para ser “curo”,
ya ves que no rechazo el compromiso,
y que defiendo la igualdad, lo juro.

Pero a mí, no me importa la palabra,
ni la “o”, o la “a”, en que termina,
cambiarla no será un abracadabra
y acabará olvidado en la rutina.

Lo que importa es tratarnos con respeto
en una sociedad más democrática,
y decir soy “vocala” o soy “poeto”
constituye violencia de gramática.

Ricardo Fernández Esteban ©


Como siempre lo que dice el poeta, que no sabe si acabará siendo denominado "poeto", está sujeto a crítica. Os he dado mi opinión ante ese intento de forzar la grámatica con excusa democrática, aunque solo sea por economía lingüística y por evitar el innecesario alargamiento de los discursos.

Respecto al formato, el poema se compone de cinco serventesios endecasílabos. Un agudo lector del blog me indica que he cometido algún desliz métrico. Es verdad y era consciente de ello, y más siendo autor de un tratado de métrica, pero la poesía satírica soporta algunas licencias por aquello de que el humor nos da un cierto margen. Concretamente, en la 1ª estrofa rima "palabros" con "descalabro" que es solo una cuasiconsonancia por la falta de una "s"; y entre la 1ª y 2ª estrofa hay una asonancia entre las rimas "eto" y "eo", lo que tampoco es digno de un poema clásico (por más que Garcilaso y otros poetas del siglo de oro lo hicieran alguna vez). En este último caso, la asonancia no es muy fuerte por la ausencia de consonante intermedia en la 2ª, pero es cierto que asuenan y que es mejor evitar las asonancias. Que quede constancia del apunte del lector y reproduciré sus observaciones en comentarios, ya que además ha tenido la delicadeza de enviarme una espinela sobre el asunto.

En esta página del blog recojo poemas míos de talante satírico ético o político, y en este enlace se accede a los que tienen entrada propia en el blog.


miércoles, 9 de marzo de 2022

Laura Wittner

Laura Wittner (Buenos Aires, 1967) es poeta, traductora y licenciada en letras. Ha publicado once libros de poemas desde 1996 y ocho libros infantiles, lo que indica lo amplio de su producción literaria. La he descubierto surfeando por las redes y creo que este blog debe prestar más atención a la poesía latinoamericana, ya que el idioma común es un puente entre naciones y continentes.



LOS CHICOS JUEGAN EN LA PLAZA

Más atrás siluetas juegan tenis.
Todavía más atrás está el zumbido
que se eleva desde algún fluir de tránsito.
Y más atrás el paredón
irregular de los edificios caros
de los cuales a esta hora sólo uno
y sólo en los dos pisos superiores
retiene luz de sol, bastante aguada.
Ahora, fijate lo que pasa:
de entre la ronda de pinos que son tu primer plano
alguien, un pájaro, rompe a trinar
a todo lo que da,
con desafío y con oficio:
es breve lo que emite, y eficiente.
Si estabas con la vista sobre el libro
al mirar hacia arriba entendés de un tirón
qué es lo que imanta esas capas superpuestas
de urbanismo irreal que te contienen.
Cómo es que no se desmoronan
estrato por estrato dejándolos a ustedes
desnudos en mitad del escenario.
Pero entender fue tan fugaz
como el grito del pájaro.

Laura Wittner

Una descripción de lo que ve la poeta con reflexión final. Una de las características de la poesía es esta posibilidad de interpretación y de reflexión a partir de lo visto y sentido. Luego el formato puede ser uno u otro, atenerse a formas métricas para partir los versos o a formas sintácticas, si el verso es más libre. En este caso la poeta se decanta por un verso libre, pero tiene el cuidado de no encabalgarlo sintácticamente, lo que es de agradecer para quienes pensamos que un poema nunca ha de ser un texto en prosa cortado sin ton ni son.


MIS PADRES BAILAN JAZZ EN EL CAFÉ ORIÓN

No es que leamos mal los signos.
Es que las cosas no son signos.
Andan solas, tan sueltas
que pueden deshacerse.
No bailar la última pieza
sino la anteúltima
y la última escucharla
llevando el ritmo con los dedos
en la mesa de vidrio
no es falso amor.
Erramos si alguna vez
creímos en esto.

Laura Wittner

En este caso el poema es más críptico, para los que no conocemos los pensamientos de la autora al escribirlo. Siempre podremos hacerlo nuestro incorporando experiencias personales. Yo sería partidario de alguna pista más del autor en estos casos para situarnos en el contexto, pero sé que eso es algo que nunca suele hacerse.

Aquí tenéis ocho poemas de la autora recopilados por Zenda y una entrevista que la hace Valeria Tentoni.




martes, 22 de febrero de 2022

La isla de Saría y la capilla del santo Zacarías

El próximo 8 de marzo a las 18:30 presento en la librería Altaïr (Gran Via 616, Barcelona) un "Paseo por las islas griegas" donde recorreré algunas de las más de 70 islas que he visitado en los últimos 25 años. Me encantaría que vineiseis a compartir este paseo y dialogar sobre sobre las islas. Como ejemplo, os dejo un poema sobre la isla deshabitada de Saría y la capilla del Santo Zacarías, colgada sobre el acantilado que preside la cala de Palatia.


LA CAPILLA DEL SANTO ZACARÍAS

El santo Zacarías no tiene feligreses,
tan sólo un día al año se celebra una fiesta
y vuelven descendientes de sus antiguos fieles.
Pero en la isla olvidada en que no hay habitantes
el santo Zacarías nunca se siente solo,
desde su acantilado tiene un mar a sus pies
que compite en azules con el azul del cielo.
También tiene una luz que alumbra sobre aceite,
porque de tanto en tanto alguien limpia y provee
la pequeña capilla que, en honor a su nombre,
hace ya muchos años, se construyó en Saría.

Ricardo Fernández (Άγιος Ζαχαρίας), VI-2021

La capilla de Aghios Zajarías sobre Palatia

La isla de Saría (23 km2), situada al norte de Kárpazos, está deshabitada desde hace más de 50 años. A principios de septiembre, cuando se conmemora a San Zacarías, los descendientes de los antiguos habitantes retornan al pueblo de Argos y celebran una misa en la capilla, una cena con cantos y bailes tradicionales, y al día siguiente retornan a Diafani en Kárpazos. El resto del año solo llegan a Saría algunos visitantes diurnos, que llegan en barca, y los mieleros que recogen la miel artesanal.

En Saría hay otras cuatro capillas la de Santa Sofía, la de San Andrés, la de San Pantaleón y la de San Espiridón, fruto de épocas en que la isla tuvo una cierta población rural. Hoy aún se puede cruzar la isla por el antiguo camino que la recorre de sur a norte, contemplando antiguas edificaciones y campos de cultivo abandonados, pero muchos otros caminos se han perdido.

El interior de la capilla de Aghios Zajarías


Palatia, en lo alto del acantilado
la mancha blanca de Aghios Zajarías

En esa isla, junto a esta cala, estuvo ubicada la ciudad helénica de Palatia que según se cree envió un barco a la guerra de Troya. Hoy aún se conservan algunos antiguos restos de ese pasado, que conviven con edificaciones de los piratas sirios que habitaron la isla en época bizantina.

La mejor playa de la isla es la de Alimunda, al norte de Palatia. No hay transportes regulares a Saría a la que solo podréis llegar a través de las barcas de Giorgios Protopapas o de Nikos Orfanos que os llevan algunos días de picnic desde Diafani, o de una barca más grande que suele salir un día a la semana desde la capital Pigadia, aunque no os recomiendo ese día ya se rompe la tranquilidad de Saría. Nikos o Giorgios van parando en pequeñas playas o cuevas para el baño y, si se lo pedís, os pueden dejar en el sur de la isla para que la podáis atravesar andando en unas tres horas y reuniros con ellos en la cala de Palatia donde se come bajo un tamarisco.

La mejor alternativa de viaje, pero la más difícil, es tener un transporte propio que fondee en Palatia o Alimunda y poder subir hasta el abandonado pueblo de Argos y la capilla de Aghios Zajarías, sin más compañía que la que vaya con vosotros. Llevad agua para la excursión, ya que la única cisterna aceptable es la de Argos y no siempre está abierta. En la capilla hay otra cisterna, pero si bebéis encomendaros al santo porque no siempre sus condiciones de salubridad son aceptables.

La cala de Alimunda


Camino a Argos por la garganta

El estrecho (stenó) que separa Saría de Kárpazos
y el inicio del camino que atraviesa la isla.