Carlos Bousoño (Boal, Asturias, 1923 - Madrid, 2015) fue poeta, profesor universitario de literatura y crítico literario. Se le considera entre los poetas más importantes españoles del siglo XX. Publicó entre 1946 y 1993 con un estilo que fue evolucionando entre el existencialismo, el realismo y el simbolismo., Su obra es muy versátil desde desde la poesía métrica rimada hasta el verso libre que siempre conserva un cierto subyacente rítmico.
DIME QUE ERA VERDAD...
Dime que era verdad aquel sendero
que se perdía entre la paz de un prado;
aquel otero puro que he mirado
yo tantas veces con candor primero.
Dime que era verdad aquel lucero
que se incendia casi a nuestro lado.
Di que es verdad que vale un mundo amado
y un cuerpo roto en un vivir sincero.
Di que es verdad que vale haber sufrido
y haber estado entre la mar sombría;
que vale haber luchado, haber perdido.
Haber vencido a la melancolía,
haber estado en el dolor, dormido,
sin despertar, cuando llegaba el día.
CANCIÓN PARA UN POETA VIEJO
Llegaste a viejo cual se llega al mar.
Azotado del viento y de los años
fuiste la vida, no sus desengaños.
Tu voz sonaba a viento y caracolas,
viejo de luz, hermano de las olas,
Conocimiento fue tu reposar.
Llegaste a viejo cual se llega al mar.
Llegaste a viejo cual se llega a ser
la luz delgada del amanecer.
La luz delgada del saber callar,
del saber conocer y del callar.
Del saber esperar, callar, seguir
hasta las olas del saber vivir.
Hasta las olas del saber amar
profundamente y como es quieto el mar.
Y como es quieto el mar se pone en pie
la insurrección del nunca moriré.
Y así tu ser, escrito en agua y sal
y en viento fue, y en todo lo inmortal.
Carlos Bousoño
O estos versos libres, que son versos y no prosa cortada por el ritmo subyacente que mantienen y la profundidad de sus imágenes líricas.
LETANÍA PARA DECIR CÓMO ME LLAMAS
Me amas como una boca, como un pie, como un río.
Como un ojo muy grande, en medio de una frente solitaria.
Me amas como el olfato, los sollozos,
las desazones, los inconvenientes,
con los gemidos del amanecer, en la alcoba los dos, al despertar;
con las manos atadas a la espalda
de los condenados frente al muro; con todo lo que ves,
el llano que se pierde en el confín, la loma dulce y el estar cansado,
echado sobre el campo, en el estío cálido,
la sutil lagartija entre las piedras rápidas;
con todo lo que aspiras,
el perfume del huerto y el aire y el hedor
que sale de una pútrida escalera;
con el dolor que ayer sufriste y el que mañana has de sufrir;
con aquella mañana, con el atardecer
inmensamente quieto y retenido con las dos manos
con la tormenta, el aguacero, el relámpago,
la mojadura bajo los árboles, el ventarrón de otoño,
las hojas y las horas y los días,
rápidos como pieles de conejo,
como pieles y pieles de conejo,
un día enorme que no existe nunca, vaciado y atroz
(vaciado y atroz como cuenca de ojo,
con la inquietud de la traición también, el miedo del amor
Así me quieres, y te miro querer como se mira un largo río
que transparente y hondo pasa,
un río inmóvil,
un río bueno, noble, dulce,
un río que supiese acariciar.