sábado, 17 de octubre de 2015

Luis Rosales

Luis Rosales (Granada, 1910 - Madrid, 1992) poeta al que se inscribe dentro de la generación del 36, por fechas más que por otra cosa. 

Dice de él Noemí Montetes en la edición crítica de sus poemas: Emprende un ejercicio de formación y experimentación estética que habrá de perfilarle durante toda su vida como el eterno aprendiz de poeta, abierto a cualquier nueva influencia que hubiese de enriquecer, renovar o completar su obra. 


CIEGO POR VOLUNTAD Y POR DESTINO (primera estrofa)

Porque todo es igual y tú lo sabes,
has llegado a tu casa y has cerrado la puerta
con aquel mismo gesto con que se tira un día,
con que se quita la hoja atrasada al calendario
cuando todo es igual y tú lo sabes.
Has llegado a tu casa,
y, al entrar,
has sentido la extrañeza de tus pasos
que estaban ya sonando en el pasillo antes de que llegaras,
y encendiste la luz, para volver a comprobar
que todas las cosas están exactamente colocadas, 
                                       como estarán dentro de un año,
y después,
te has bañado, respetuosa y tristemente, lo mismo que un suicida,
y has mirado tus libros como miran los árboles sus hojas,
y te has sentido solo,
humanamente solo,
definitivamente solo porque todo es igual y tú lo sabes.

(.../...)

La casa encendida. Luis Rosales.


Podéis leer todo el poema en este enlace.  Creo que vale la pena comentar el continente y el contenido de esta primera estrofa. Para el contenido me basaré en la edición crítica ya citada de Noemí Montetes y en los comentarios de Rosa navarro en Cómo leer un poema.

El título del poema proviene del octavo verso de un soneto de Villamediana "Tan peligroso y nuevo es el camino". Rosales escribió este poemario en un seísmo creativo de tan sólo una semana en 1949, y lo publicó al cabo de dos meses, aunque luego lo fue reescribiendo, lo volvió a editar en 1967, y siguió modificándolo toda su vida.

Éste es el primer poema del libro, cuyo tema central es la irreversibilidad del tiempo y la existencia escindida en trozos sin relación vital, y transcurre por las casas de la infancia, juventud y madurez. En los años 40 Rosales, que era soltero, vivía en Madrid en casa de su hermana, luego se trasladó porque no le cabía su biblioteca a esta casa, en Altamirano 34, pero prácticamente seguía viviendo en la de su hermana y “su casa” en el fondo seguía siendo la paterna de Granada. Al final del libro, Rosales hace suya la casa, en la que residiría tras casarse en 1951, en aquellos versos: y al mirar hacia arriba, / vi iluminadas, obradoras, radiantes, estelares,/ las ventanas,/ -sí, todas las ventanas-./ Gracias, Señor, la casa está encendida.

En este poema el lenguaje lírico se acerca a la expresión cotidiana de los gestos que se hacen al entrar en la casa. El “todo es igual” se prolonga al futuro “…como estarán dentro de un año”, el yo poético se distancia a un “tú” (que no abandonará hasta la tercera estrofa) que comprueba la permanencia estática de los objetos y la sensación de soledad. La repetición de nexos “y” (polisíndeton) intensifica la tristeza. Los adverbios de modo se apoderan del texto, modificando el adjetivo “solo”, la palabra clave. No hay rebeldía, sólo infinita y triste soledad.

Respecto al continente parece un poema libre pero no lo es. El poeta construye una selva de métricas impares blancas (sin rima) que os detallo: 1º: Endecasílabo sáfico; 2º y 3º: Alejandrinos; 4º: Tetradecasílabo 5+9; 5º: Endeca melódico; 6º: Heptasílabo; 7º: Tetrasílabo (peónico) que según se recite, podría formar un endeca melódico con el anterior; 8º: Dodecasílabo, este es un verso par, que parece de armonía distinta pero puede considerarse de ritmo ternario peónico (4+4+4), lo que a mi entender hace que se mantenga la armonía de los versos, ya que las cláusulas de 4 silabas o menos no suelen romper la armonía versal; 9º: Endeca heroico + Hepta; 10º Hepta + Enea; 11º: Tres eneas; 12º+13º: Hepta + Enea + Hepta; 14º: Hepta + Endeca melódico; y 15º y 16º: Heptas. Lo importante aquí es la armonía de los versos al ser recitados, la poesía nació oral y en la oralidad se manifiesta plenamente, la métrica es sólo la explicación de por qué hay armonía. Por otra parte, el poeta evita las asonancias entre los versos de forma que no se produzcan esos sonsonetes que marcan muchos supuestos versos blancos.

Como os he dicho, creo que se disfruta plenamente de un poema recitándolo, esa el la prueba que no resisten muchos supuestos versos libres que no son más que prosa, buena o mala, cortada en renglones. 


AYER VENDRÁ

La tarde va a morir; en los caminos
se ciega triste o se detiene un aire
bajo y sin luz; entre las ramas altas,
mortal, casi vibrante,
queda el último sol; la tierra huele,
empieza a oler; las aves
van rompiendo un espejo con su vuelo;
la sombra es el silencio de la tarde.
Te he sentido llorar: no sé a quién lloras.
Hay un humo distante,
un tren, que acaso vuelve, mientras dices:
Soy tu propio dolor, déjame amarte


Luis Rosales.

En Poetas Andaluces encontraréis una antología se sus poemas y otra más breve en Libro de notas. Ésta es una lectura de Clara Mª España sobre La casa encendida. En este vídeo tenéis una semblanza del poeta y podréis escuchar hablando y recitando.






2 comentarios:

CRISTI Vll F dijo...

Bonitos poemas. Me gustó mucho el segundo. E interesante explicación (aunque consiga perderme en ella). Me quedo con cómo al leerlos en voz alta parece como que se cantan, llevan una melodía impresa que se capta aunque no se conozcan bien sus reglas (esto lo digo por mí, por supuesto). Un saludo y gracias por acercarnos a este delicioso mundo, Ricardo.

Angel de San Martin dijo...

Sé algo de poesía, lo confieso.
Luis Rosales, como Alberti, se empeñan en recitar sus poemas y... no les sale bien. No son rapsodas. Y es que un autor de poemas sabe de ese poema más que nadie, podría decir por qué pone un adjetivo y no otro, por qué busca un ritmo y no otro, por qué construye unos versos y no otros, pero eso no significa que sepan recitar. Con siguen, sí, la cadencia rítmica, pero al leer en voz alta un poema les falta oficio. Te lo he dicho, Ricardo, varias veces. El poeta que se empeña en recitar sus propios poemas se equivoca. Es como el abogado que se defiende a sí mismo (un tonto). Hay profesionales del verso. La frase continuada, el encabalgamiento, el énfasis o la naturalidad. En fin, eso es una escuela que ellos no han cultivado. De que su verso es bueno nadie lo duda. Bueno, tampoco son para echarse a llorar. Muchas gracias.