domingo, 12 de junio de 2016

Barcelona, "Ciudad canalla"

Este poema dedicado a la Barcelona preolímpica y preturística de los de los sesentas a los ochentas tiene muchos guiños, unos más fáciles y otros más difíciles de reconocer. Tienen ventaja quienes vivieron en esta ciudad y en esa época, por si acaso os perdéis os los desvelo al final.


Foto: Xavier Mirerachs


HUBO UNA VEZ UNA CIUDAD CANALLA

Hubo una vez una ciudad canalla
que mojaba la pluma en el alcohol
para escribir directamente en vena:
como todos los jóvenes yo vine
a llevarme la vida por delante;
una ciudad en la que el bardo
rechazaba el papel e improvisaba:
versos de amor nunca serán literatura
si no me dejas escribir sobre tu piel;
una ciudad en la que ella,
adivinad su nombre, unos años atrás:
abriéndose su blusa — Neno, no digas nada—
le ofreció los durísimos botones de sus pechos.

Hubo una vez una ciudad canalla
en que un tono del azul era más que un color
era un templo pagano celestial
donde un gato argentino
maullaba en clave de rumba catalana
y un cantautor galáctico
consiguió hacer salir el sol a medianoche.

Hubo una vez una ciudad canalla
donde la sexta flota, en vez de hacer la guerra,
hizo el amor en territorio chino;
izas, rabizas y colipoterras
en traje de faena les tiraban los tejos
mientras agujereaban mármoles a golpes de tacón.

Hubo una vez una ciudad canalla,
mucho antes del turismo y de los juegos,
donde la izquierda se divinizó
bebiéndose las noches en la “boite”
de rojos terciopelos, de copas infinitas,
de taburetes que aún dominan escenarios;
una ciudad que hacía equilibrios sobre sus propias luces,
mientras un pijoaparte montaba un viejo Cadillac.

Hubo una vez una ciudad canalla
con cabaret travesti como playa de río,
con Piaf y la Carme recordando a su hombre,
con los niños terribles, con molinos sin viento,
con local de voyeurs en tacita de plata,
con el baile del tigre entre chulos y arrugas,         
con el arco kiosco en que el anís ardía,                  
con aquella bodega donde el arte era eterno         
y una cava de jazz que por suerte aún resiste,
porque el otro el frontón, que era pista de baile,
ya pasó a mejor vida y es un sano gimnasio.

Hubo una vez una ciudad que hoy
merece nuevo nombre: Barcelolandia eres
pasto turístico de masas, puro producto Disney.
Perdiste tus raíces, te has vendido hasta el alma,
y de canalla nada, opositas a cursi.
¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?
No sé.. O es la ciudad, o es que nosotros
ya no podemos aguantar el canalleo.
Abierto queda el tema, se aceptan opiniones,

yo acabo con canción, como empecé,
y disculpad que desafine:
…jóvenes…, éramos tan jóvenes…

Ricardo Fernández Esteban ©



Aquí tenéis otro poema dedicado a la Barcelolandia actual, pasto turístico que nos alimenta, pero que muchos digerimos mal. 

Y respecto al poema canalla, para no desafinar al final , aquí está Jóvenes cantada por Los Mustangs y unas cuantas fotos de aquellos años.









Posdata: Pasados unos días, os aclaro los guiños que no hayáis sabido desvelar. Aunque algunos habéis desvelado bastantes.

1ª Estrofa: Unos versos de No volveré a ser joven de Jaime Gil de Biedma. Un fragmento de la canción de Joan Manuel Serrat Míramé y no me toques y otros versos de Conchita era su nombre del poemario Poeta en Barcelona de José Agustín Goytisolo. Los tres fueron piezas importantes de la canallesca literaria barcelonesa de esa época.

2ª Estrofa: Zeleste era la mítica discoteca de la calle Platería, donde actuaron muchos canallas entre ellos el Gato Pérez, argentino que renovó la rumba catalana y Jaume Sisa, también conocido como Ricardo Solfa, el galáctico cantautor de Qualsevol Nit Pot Sortir El Sol.

3ª Estrofa: Los buques de la 6ª flota norteamericana fondeaban en Barcelona y los marineros se solazaban en el "barrio chino" con las profesionales del sexo. Hay un libro de la época "Izas, rabizas y colipoterras" (título sacado de un soneto de Quevedo) con fotos de Joan Colom y textos de Camilo José Cela, sobre la actividad sexual del barrio. En el restaurante Amaya de las Ramblas se conservan los umbrales de mármol del portal del edificio, que tienen unos agujeros producidos por el taconeo de las prostitutas mientras esperaban clientes en la puerta de la "Casa de Habitaciones María". 

4ª Estrofa: La "Gauche divine" fue un grupo, denominado así por Joan de Segarra, de intelectuales y artistas de izquierdas, la mayoría pertenecientes a familias burguesas y un típico lugar donde se reunían era Bocaccio, la emblemática "boite" de ojos terciopelos, altas copas y característicos taburetes como el que sigue utilizando Serrat en sus conciertos.
    Más tarde se abrió otra disco Equilibrio, en la ladera del Tibidabo sobre las luces de la ciudad, frente a otro local emblemático, el Merbeyé donde sitúa Sabino Méndez, letrista de Loquillo su canción Cadillac solitario, cuyo protagonista podría ser otro pijoaparte venido a más en un guiño a las Últimas tardes con Teresa de Juan Marsé.

5ª Estrofa: El cabaret de travestis, extrañamente tolerado en la época, era el Copacabana.
    En el bar Pastís, Carme la propietaria ponía música de Piaf mientras recordaba a su marido Quimet al que Josep Maria Espinàs (uno de los fundadores de Els Setze Jutges) le dedicó una canción.
    Les enfants terribles era otra típica disco junto a la calle Conde del Asalto y el también emblemático bar London.
    El teatro cabaret El Molino, reinaba en el Paralelo con Johnson y Mary Mistral.
    El Cádiz era un local especial, bar en la planta baja, baile en el sótano y en el primer piso una cama rodeada de sillas donde se representaban espectáculos pornográficos.
    La Paloma en la calle del Tigre era un baile clásico con sillas alrededor de la pista y "macarras" que sacaban a bailar a profesionales ya entradas en años.
    El diminuto kiosco La Cazalla en el Arco del Teatro servía y sirve copas de ese licor de anís.
   La Bodega Bohemia, "donde el arte era eterno" porque quienes actuaban hacía ya mucho que habían pasado su buena época artística.
    La cava de jazz Jamboree aún resiste en la plaza Real los embates de turismo que ha hecho naufragar su sala contigua flamenca Los tarantos a pasto de masas.
    Cerca del final de las Ramblas el Jazz Colon (junto al frontón Colón) era él local con la mejor música disco de la época, frecuentada por "progres" de zona alta, marinos americanos y gente de toda ralea amante de la buena música para bailar.


Bueno, creo que ya os he desvelado los guiños del poema. Había muchos más lugares y personajes "canallas" en aquella Barcelona que se me han quedado en el tintero, mejor así para que si os apetece me los recordéis.

5 comentarios:

Ainaroa dijo...

Es un gran poema , un canto a una etapa magnífica de una ciudad magnífica Se entienden casi todas las referencias, espero que vayas dando claves para descifrar aquellas otras que son más localistas o personales. Y , sí, tengo entendido que está a punto de morir de éxito, el turismo tan masivo perjudica más que otra cosa...La canción ...me ha recordado a mí tamvién viejos tiempos y me ha hecho pensar que , mejor o peor, el tiempo presente es todo lo que tenemos y hay que vivirlo tal cual.Besos

Jesus Pardo dijo...

Ricardo : Esta pincelada nostalgica está muy bien expresada ... Pero yo pienso que algunos de quienes saboreaban un rato la Barcelona "canalla" , no vivían inmersos en ella , ni en su a veces sórdida miseria.
La "disfrutaban" fugazmente , como quien moja la punta del esparrago en salsa mousseline para realzar el sabor... pero luego se retiraban a vivir en su confort de un principal de la calle Muntaner....
Bajaban a "los infiernos" ... en un momentáneo escabullirse de su monocorde agobio vital.
Quienes vivían las 24 horas encadenados al encanallamiento , quizá no lo percibían con un aroma tan poético... Por lo menos asi me lo contaba a mí , alguna conocida mía que me usaba de paño de lágrimas , y me relataba su penar , con una "obligatoria" sonrisa en los labios, a causa de tener que asumir ciertas rastreras y repetidas vejaciones de los elementos de la "Sexta Flota".
Mi pincelada no es , en absoluto, un canto a la Barcelolandia...pero aquella Barcelona tenía muchas mas sombras que luces...
O así me lo parece. Un abrazo

Alberto Laf dijo...

Te felicito, me ha gustado mucho

Ricardo Fernández dijo...

Tienes razón Jesús, en aquella Barcelona había muchas sombras que las luces de nuestra juventud ocultaban. Pero el tiempo hace recordar más lo bueno que lo malo en esa busca del recuerdo de lo perdido, lo que tan poco es malo si sirve de consuelo. En el fondo lo que se añora es la juventud y las ilusiones.

Ahora bien, la Barcelona actual con todos sus oropeles es una ciudad invadida y banalizada. Deberíamos escuchar a los jóvenes de ahora y también lo que opinarán dentro de 30 años.

Un abrazo

Jordi Cabré Carbó dijo...

No hay duda amigo Ricardo, que has vivido como un infant terrible esos deliciosos años de oscuros callejones donde la música de bares bohemios, boites y locales de música en directo, te hipnotizaban con sus perfumes melódicos antes de entrar. Un tiempo de hacer el amor y no la guerra y salir de casa disfrazado con tus mejores prendas de colores llamativos y aires hippyes y de rock. Locales como el London, Zeleste,la Cova del Drac,Doble 0, la Orquidea, Magic, Les Enfans Terribles o Bobis Tow que no volverán. Pero eso es ley de vida.. Y si bien se murió el Gato, Hendrix, la Janis, desapareció Triana, David Bowie y los Cridens, aun encuentras la esencia de todo en los barrios y sus gentes que no quieren olvidar. En Gracia y el Guindado, en el entorno del barrio Gótico y en el Barrio Chino encuentras bares y locales que no dejan que muera esa esencia de antaño. La musica actual y su bum. bum. bum y las letras barriovajeras del par y la musica electronica no ayudan en nada a que la juventu sepa apreciar una buena pieza de blues, rock sinfónico o jazz pero lo bueno nunca desaparece y lo malo se olvida fácilmente. En definitiva lo que gustó acaba por volver y las buenas cosas nunca se pierden en el olvido. Un abrazo amigo.