viernes, 18 de marzo de 2016

Folégandros

Escribí este poema tras mi primera visita a Folégandros, en el centro del Egeo, hace ya 12 años. El tiempo pasa y con ese paso los entornos y las ilusiones cambian, pero la isla sigue mereciendo mucho más que una visita.




FOLÉGANDROS

Folégandros, Folegandros, (*)
me gusta escuchar tu nombre
mientras revivo tus mares,
y sueño pisar tus montes.
El pueblo de las seis plazas
hierve de gente en la noche,
capillas en cada esquina,
cien iconos para un pope.  

La calles son como ríos,
las plazas son los remansos;
en los cafés las parejas
—sobre las mesas de mármol—
beben “ussos” y licores
frente a fichas de "backgammon",
a sus lado les contemplan
las miradas de los gatos.    

Hibiscos y buganvillas
que crecen entre las piedras,
perfuman a las familias
bajo un techado de estrellas;
a lo lejos sobre el mar
despunta la luna llena
y entre las voces se escucha
cantar a Cesaria Évora.

En las tabernas, mujeres     
cortan pepinos, pimientos,
tomates y queso feta;
mientras, sobre los braseros,
corderillos van girando
en las espadas de fuego;
luego, los hombres los cortan
en pedacitos de cielo.

Cuando llega el medio día,
barcos que van a las playas
abren el azul del mar
y derraman sangre blanca,
en sus vientres los viajeros
contemplan, sueñan y callan,
arriba, cien mil bancales      
domadores de montañas
del barranco hacen terrazas.

Por los estrechos caminos     
circulan burros de carga,
sobre sus lomos los viejos
los van azuzando y cantan
recuerdos, viejas historias
de vidas duras e ingratas
de otros tiempos de esta isla
y de sus gentes tan bravas.

Folégandros, Folegandros, 
me gusta escuchar tu nombre    
recordando tus seis plazas,
tus capillas, tus olores,
las cenas bajo la luna,
los bancales de tus montes,
el azul que te rodea,
todos tus otros colores
y lo mucho que aprendí
de tus días y tus noches. 

Ricardo Fernández Esteban  ©

(*) Folégandros, se pronuncia así en griego con acento en la "é", aunque erróneamente se suela decir Folegandros.  

En estos años he vuelto varias veces más a Folégandros y la influencia del turismo se hace patente. La isla se está poniendo peligrosamente de moda, pero como cuento en este otro poema A pesar de mis quejas, no se está nada mal aquí en Folégandros , sigue manteniendo su encanto.


El Kastro de la Jora. La parte amurallada más antigua del pueblo.

Una puesta de sol desde la Jora, la foto es mía y el color es real.


Este poema pertenece a mis Cuadernos de las islas griegas , aquí podréis leer los otros que he ido publicando en este blog. Por cierto, éste que os he copiado creo que es único de los poemas de los tres libros que tiene rimas (unas leves asonancias arromanzadas); salió así y así lo quiero dejar.  

1 comentario:

Terly (Juan José Romero Montesino-Espartero) dijo...

Gracias, Ricardo, por hacernos conocer de esta forma arromanzada y tan bellamente descrita, la isla de Folegandros. Nos facilitas hacer turismo sin movernos del sillón.