lunes, 14 de septiembre de 2020

¿Qué fue lo que me atrajo de Folégandros?

Volver a Folégandros siempre es una fiesta. La pequeña isla en medio del Egeo mantiene un encanto especial, a pesar de que el turismo la cerca y la convierte en demasiado multitudinaria. Este año, a causa de la pandemia, la isla está inusualmente vacía sín las aglomeraciones de los últimos tiempos. Pero no creo que eso nos deba alegrar, porque el motivo es nefasto; hay cosas que no tienen vuelta atrás, y la prefiero más llena y sin pandemias.


¿QUÉ FUE LO QUE ME ATRAJO DE FOLÉGANDROS?

¿Qué fue lo que me atrajo de Folégandros?

¿El recorrer la Jora que no tiene peldaños,
la de las siete plazas entre viejas capillas
donde cenas y compartes las copas
con las flores y estrellas?

¿O fue el Kastro, el castillo habitado,
el de la calle-patio y estrechos pasadizos
del tiempo detenido e historias de piratas,
que tiene por muralla la roca vertical?

¿O esa bahía a la que llaman
“la estación de los barcos”,
donde conviven veleros, ferrys y bañistas
frente a la casa blanca que está rozando el agua
y la luna que crece con su estela en el mar?

¿O el blanco monasterio que preside la Jora
en la colina, junto al acantilado, 
con su largo camino de zigzags y escalones 
desde donde contemplo como se oculta el sol?

¿O el resto de la isla cuajada de bancales
en la que ves azul a babor y a estribor,
y donde todavía encuentras “kalderimia”
con burros que transportan la vida en sus alforjas?

Supongo que sumé algo de cada cosa 
en los lejanos tiempos de ser bisoño en islas,
de descubrirlo todo porque sabía muy poco.
Luego “Fole” se fue turistizando, yo repetí visitas
y comencé a sentirla de forma diferente,
aunque tengo por ella un enganche especial
que siempre la sitúa en mi póker de ases.

Este año es distinto, el miedo y la pandemia
han dejado a la isla con mucho menos público
y vuelve la visión de los tiempos pretéritos,
sin aglomeraciones ni en su calles ni playas.
Por una vez, quizá deba ser cierto
que “del mal surge el bien”, 
pero no, eso no es cierto, la prefiero normal 
y me sería muy triste dar por buena
esta imagen antigua que nos muestra Folégandros.

Ricardo Fernández Esteban ©

Las Joras (χώρες) son las pequeñas capitales de las islas, de calles y casas blancas, normalmente escalonadas (excepto la de Folégandros) y situadas sobre alguna colina para defenderlas de los antiguos piratas.
Los Kastros son los castillos o zonas amuralladas que presiden las Joras y que han sido reconvertidos en viviendas.
El puerto de Folégandros σe denomina Karavostasis (Καραβοστάσης) que en griego significa "estación de barcos".
Se denomina kalderimia (καλδερίμια) α los antiguos caminos de herradura empedrados que recorren las islas.

Este poema es mi pequeño homenaje a esta isla a la que he vuelto muchas veces desde la primera vez que la visité hace dieciséis años. En esa primera visita ya le dediqué un poema  a "Folégandros" y otro unos años más tarde "A pesar de mis quejas, no se está nada mal aquí en Folégandros" . Los años pasan y se va aumentando el inventario de islas, pero algunas dejan un poso especial en nuestros recuerdos y en los deseos de repetir. Aquí tenéis unas cuantas fotos para abrir boca


La Panagia que preside la Jora
La Panagía que preside la Jora

La calle-patio del Kastro

Karavostasis

Una de las 7 plazas de la Jora

Unas capillas en Galifos

Aghios Nikolaos

Vista general de la Jora

5 comentarios:

elguantederita dijo...

Folegandros, Folejandro, de qué me suena a mí Folegandros, ah, sí, hombre, Folejandro Magno, rey de la macedonia...

Marta Teixidó dijo...

No me extraña que te atrape esta isla. Tiene encanto, tranquilidad, sosiego, a pesar del turismo. Gracias por el poema y las imágenes. En el fondo, Ricardo, te atrae lo que Grecia supuso para el mundo: la fuente del saber. Y el Egeo esconde todavía muchos secretos para saber y conocer.

Ricardo Fernández dijo...

Marta, las islas del Egeo siguen manteniendo su encanto. Unas has sido más invadidas por el turismo y otras menos. Yo prefiero las islas sin aeropuerto y con un pequeño puerto donde en vez e turistas llegan no demasiados visitantes. Junio o septiembre son meses perfectos.

elguantederita dijo...

Puse un comentario y ha sido ignorado, era jocoso y divertido, pero no se preocupe, la culpa es mía. Y yo haciendo ovillejos...

Ricardo Fernández dijo...

Pues, "El-guante-de-Rita" tu comentario no me pareció relacionado con la entrada, pero no lo ignoré, simplemente creo que no aportaba nada al tema. No obstante, estoy muy interesado en tus ovillejos y siempre recordaré aquel mítico despojo de un guante...