lunes, 9 de agosto de 2021

¿Hay buen poeta sin un buen soneto?

Se dice que un buen poeta debe tener algún buen soneto, aunque su poética haya derivado hacia formas más libres, y me parece que eso tiene bastante de verdad. La práctica de la poesía con metro y rima da un sentido del ritmo que subyace en el verso más libre y lo diferencia de la prosa. Aquí tenéis un ejemplo, no de buen soneto, sino de metasoneto sobre el tema.


¿HAY BUEN POETA SIN UN BUEN SONETO?

¿Se puede ser poeta sin soneto,
sin haberte obligado a metro y rima,
y de esa forma conseguir que el reto
de los catorce versos te redima?

Mi respuesta es que no, que el versolibre
precisa de una escuela, que las normas
se deben conocer para ser libre
de abandonarlas por distintas formas.

Quien se salta las reglas sin saberlas,
hace un salto al vacío; la ignorancia
es creer que las ostras crean perlas
sin el núcleo que inspira la sustancia.

Al menos un soneto cada año,
te hace versar mejor y no hace daño.

Ricardo Fernández Esteban © 2021


Este metasoneto querría poner el dedo en la llaga sobre la actitud de muchos poetas que desprecian al soneto o a otras composiciones métricas, en aras de una supuesta libertad que no es más que imposibilidad de enfrentarse a esos formatos. No niego que hayan excepciones, que las hay, pero en general la libertad artística precisa superar una época de formación previa. Como digo en el soneto, "para saltarse las normas hay que conocerlas, porque si no, el salto es al vacío".

Por cierto, este soneto es de estructura inglesa, que está formada por tres serventesios (cuartetos con rima alternada) y un pareado final.

En este blog hay muchos ejemplos de poetas clásicos y modernos que han escrito muy buenos sonetos, aunque también tengan composiciones mucho más libres. En el poster os he puesto unos cuantos que podéis buscar en el índice de poesía ajena. También tengo en el blog bastantes sonetos o poemas rimados míos

Ahora ya solo queda saber qué pensáis vosotros.

13 comentarios:

Terly (Juan José Romero Montesino-Espartero) dijo...

Mi opinión, querido Ricardo, es que verdaderamente la poesía es el contenido y no la forma, pero dicho esto, a nadie se le escapa el hecho de que una buena pintura siempre se lucirá mejor dentro de un bonito marco. Eso es para mí el soneto, el marco que haga resaltar más aún la belleza del poema y, sin duda, toda vez que somete a unas reglas al poeta, una forma de conocer las habilidades de éste para someterse a ellas sin detrimento de la calidad del poema.
Como digo, aunque humilde, esta es mi opinión.
Un abrazo.

Ricardo Fernández Esteban dijo...

Hilario Barrero me envía este comentario que os copio:

"Muy buen ejemplo. Estoy contigo. Un soneto al año no hace daño. He acabado de traducir los 50 sonetos de Meredith, que me han costado Dios y ayuda. Muy complicados. No sé si sabes que es un poeta que usa 16 versos en un "soneto"."

Y me comenta que le acaban de publicar su poesía completa. Habra que añadir esta información a su entrata en mi blog: https://lapalabraesmagica.blogspot.com/2017/05/barrero.html

elguantederita dijo...

Esto es la poesía y y ser POETA (primera parte)


Aunque ha pasado ya mucho tiempo desde que lo convirtiera en personaje de una de mis novelas, todavía sigue visitando mis sueños la figura de Armando Buscarini, ángel custodio de mi vocación literaria. Buscarini fue uno de aquellos bohemios traspillados que poblaron el Madrid brillante y hambriento de las primeras décadas del siglo XX. Nacido en un pueblecito riojano, Ezcaray, en 1904, Buscarini (que en realidad se llamaba Armando García Barrios) se plantó en la capital española con apenas catorce años, acompañando a su madre, soltera, que se iba a ganar la vida regentando un establecimiento de dudosa ralea. Pertrechado con cuatro lecturas mal digeridas y una inagotable munición de quimeras, Buscarini empezó a publicar sus poemas en unos opúsculos que él mismo se sufragaba. Eran poemas casi siempre apolillados, casi siempre mal medidos, casi siempre equivocados de siglo; pero, entre la morralla de ripios, Buscarini deslizaba de vez en cuando algún verso vibrante de emoción, estremecido de una belleza maltrecha y aterida. Así ocurre, por ejemplo, en Orgullo, un poema vehemente y milagroso que trae las lágrimas a mi rostro cada vez que lo recito en voz alta; en él, Buscarini enumera los padecimientos y miserias de su vida bohemia, para concluir de este modo. Nada me importará, porque yo siempre, / caminando sereno por la tierra, / con el alma latiendo por la gloria / y flotante a los vientos mi melena, / iré diciendo al mundo con voz fuerte, / ¡con voz en la que vibre mi alma entera!. / Es verdad que yo sufro; pero oídme. / ¿qué me importa sufrir, si soy poeta? .

Buscarini, en verdad, sufrió lo indecible. Condenado por nacimiento a la maledicencia y la proscripción social, la pobreza, el acopio de enfermedades -sífilis, tuberculosis, esquizofrenia- y la persecución de un espejismo que siempre le fue esquivo -la gloria literaria-, acabarían despeñándolo por los precipicios de la tragedia. Suicida frustrado o fingido, ángel de alas rebozadas en el fango, sablista desgañitado y enternecedor, Armando Buscarini regaló algunas de sus mejores páginas a los grandes cronistas de la época, que hicieron de aquel niño moreno de pálida luna un proveedor inagotable de anécdotas chuscas o desgarradoras. Con su melena embarullada de piojos, su chalina como un murciélago de alas desplegadas sobre el pecho esmirriado y su cartapacio atestado de poemas gestantes y abortos de poema, Buscarini se pateaba diariamente los cafés de la calle de Alcalá, como un limosnero de la poesía, ofreciendo sus opúsculos a los parroquianos, que casi siempre lo despachaban con un bufido o un puntapié. En apenas una década, publicó decenas de gavillas poéticas, narraciones de asunto galante, estampas de la vida golfa, obras de teatro que nunca lograría estrenar y hasta una autobiografía portátil, siempre estremecidas de un patetismo cándido y atroz. CONTINÚA...

elguantederita dijo...

CONTINÚA anterior...

Así hasta que, harto de requerir en vano el padrinazgo de los autores consagrados y la limosna de los parroquianos de café, Buscarini se volvió loco. Desde 1928, su vida fue un constante peregrinaje por las geografías desoladas de la esquizofrenia, inquilino de manicomios a cada cual más pavoroso, olvidado de la cofradía de la pluma que apenas unos años antes lo había nombrado su mascota, o quizá tan solo la víctima de sus cuchufletas. Hasta su muerte, en 1940, Buscarini no conoció otra comida que el rancho de la escudilla, ni estrenó otra camisa que no fuera la camisa de fuerza, ni contempló otro sol que el sol pálido y cautivo que se asomaba a regañadientes a los patios de los sucesivos manicomios por los que transitó, en un periplo lóbrego que lo fue convirtiendo en una radiografía de hombre. Diez años antes de morir, llegó a dirigir un testamento a Alfonso XIII, en el que, tras anunciar su deseo de quitarse la vida mediante la ingestión de ácido prúsico, reclamaba entre otros dislates que se le hiciese un entierro solemne y que todos los escritores y artistas le guardasen luto cinco años; también que se hiciesen ediciones soberanas de sus poesías en distintos idiomas, para que pudieran ser disfrutadas por toda la redondez de la tierra .

A la postre, Armando Buscarini aún tardaría diez años más en entregar sus cansados huesos a la tierra; para entonces, era tan solo un gurruño de carne doliente. Por supuesto, nadie se preocupó de respetar aquellas últimas o penúltimas voluntades registradas en el muy monárquico y desquiciado testamento que había emborronado una década atrás. Pero, de vez en cuando, Armando Buscarini sigue visitando mis sueños, recordándome que ningún sufrimiento en la vida logra matar el gozo de ser poeta.

Juan Manuel De Prada

elguantederita dijo...

No tiene nada que ver con el soneto, ni siquiera con la décima, tiene que ver con la esencia, con la hondura del corazón humano, que provoca sentimientos íntimos en las personas de cualquier parte del mundo.

Aquí le dejo un ejemplo al que su millón de visitas no llegará nunca.



Como el náufrago metódico que contase las olas

que faltan para morir,

y las contase, y las volviese a contar, para evitar

errores, hasta la última,

hasta aquella que tiene la estatura de un niño

y le besa y le cubre la frente,

así he vivido yo con una vaga prudencia de

caballo de cartón en el baño,

sabiendo que jamás me he equivocado en nada,

sino en las cosas que yo más quería.

Autobiografía. Luis Rosales.

elguantederita dijo...

O no digamos ya este poema de Leopoldo Alas Mínguez, que es poesía en estado puro.

EL FRUTO DE LA NUEZ

El corazón, como el fruto de la nuez,
seco y reflexivo, es un cerebro
ciego de tanto pensar en su guarida.
Sus únicos latidos son los sueños,
la fantasía de otro ser
que rompa desde fuera la coraza
y deje entrar el aire de la vida.

elguantederita dijo...

Ah, por cierto, no he visto que le haya dedicado una entrada en su blog a Leopoldo Alas Mínguez, y como acaba de leer es uno de los grandes poetas en español.

elguantederita dijo...

Ya sé que me da usted las gracias y yo se lo agradezco

Ricardo Fernández Esteban dijo...

"Guante de Rita" sí que he publicado una entrada dedicada a Leopoldo Alas, un gran poeta poco conocido, la encontrarás en el índice de "Poesía ajena" o en este enlace directo: https://lapalabraesmagica.blogspot.com/2017/01/alas.html

elguantederita dijo...

Gracias

Yhedra Yhomisma dijo...

Pues eso, que un soneto al año no le hace daño a ningún poeta que se precie... pero es costumbre más sana un soneto a la semana...

Jordana

Ricardo Fernández Esteban dijo...

Pues tienes razón Jordana,
mejor uno a la semana.

Como habrás visto, me han desterrado de Ultraversar supongo que por participar poco o por...
En fin por aquí seguimos.
Un abrazo.

http://www.donacianobueno.com/ dijo...


Creo que soneto es relativamente fácil de hacer, otra cosa es que éste salga redondo, no?

SONETOS ILUSTRADOS

Yo he leído SONETOS a montones,
de tipos y pelajes variopintos,
me gustan los que incitan los instintos,
e animan a pecar, a las pasiones.

Que saben despertar las emociones
y excitan con sus LETRAS los instintos,
sin pegas, cortapisas ni precintos,
METÁFORAS colgando en sus balcones.

Mejor si se asemejan a ilustrados,
que lleguen al final y que alucinen,
POEMAS muy sensibles y amorosos.

Escritos con primor y adecentados,
que creen ilusiones y germinen
e inviten a dudar si son famosos.
©donaciano bueno

http://www.donacianobueno.com/