LO IMPOSIBLE
Por odio de lo fácil detesto la aventura.
¿Qué mayor aventura que abrir una ventana,
mirar pasar las nubes mientras pasa la tarde,
acariciar tu pelo, acostarse temprano,
escuchar una voz que canta en otro siglo?
Por odio de lo fácil. Déjame que sonría
ante tantos que anhelan lo que jamás les falta.
No se pisa dos veces en el mismo lugar.
Nadie abraza dos veces a la misma persona.
No se detiene nunca la nave que nos lleva,
incansable da vueltas en su viaje estelar.
Mírame: ya soy otro. Y te sigo queriendo
a ti que ya no eres quien ayer sonreía.
Cuatro estaciones tiene el tren en que viajamos
y en ninguna nos dejan detenernos.
Por odio de lo fácil detesto la aventura.
¿Qué mayor aventura que mirarte a los ojos
y ver en ellos juntas mi dicha y una lágrima?
¿Qué mayor aventura que no saber siquiera
si el día de mañana seguiremos con vida?
Aspiro a lo imposible: a la monotonía.
José Luis García Martín (de "Principios y finales", 1997)
Un poema de versos alejandrinos que se recita bien marcando más o menos (a gusto del lector) los dos hemistiquios de 7 sílabas.
AL ACECHO
¿No oyes sus jadeos? Cada vez
yo los oigo más cerca: solo,
contigo, en medio del verano,
entre los gritos de la multitud,
junto al fuego, en invierno,
con un hermoso libro,
en el crujido de la nieve,
en el estruendo de la lluvia,
cuando enciendo las luces de mi casa,
cuando el mar, cuando llegas,
cuando alargo la mano
hacia los rojos frutos palpitantes.
Está ahí, al acecho,
alza la zarpa, espera.
Tú no la ves, sonríes,
sonrío yo también.
Déjame que te bese una vez más
antes de que su aliento nos alcance.
José Luis García Martín (de "Material perecedero", 1998)
Un poema que combina versos de longitud impar (7, 9 y 11 sílabas) con algún leve encabalgamiento que no dificulta su lectura ni su recitado.
Y para terminar con los poemas que os copio, uno de su primer libro publicado
CITA
Desde el fondo del sueño
una mano me tiendes.
Una mano cortada
que me acaricia y huye.
Yo la busco sin prisa
por libros y rincones.
Encuentro sólo labios,
andenes, cigarrillos,
niños que se despiden,
unas gotas de sangre.
Por el fondo del sueño
tú te alejas despacio.
Quiero gritar tu nombre,
pero no sé quién eres.
En la calle sin nadie,
al doblar una esquina,
te vuelves a mirarme
y soy yo quien me mira.
José Luis García Martín (de "Lección sobre la sombra", 1972)
Un poema de versos heptasílabos. Como en todos los anteriores, el autor controla las posibles asonancias entre versos y solo es perceptible, en los poemas copiados, una en este último poema entre los versos antepenúltimo y último en i-a (esquina i mira) que no molesta en absoluto y más cuando se trata del verso de cierre.