lunes, 2 de agosto de 2010

Ramón Bascuñana. Apolo persiguiendo a Dafne

(Y un contrapunto poético de Carlos Clementson)

APOLO PERSIGUIENDO A DAFNE

Yo te persigo amor, aunque tú sabes
la maldición que pesa en nuestra contra.
Yo te persigo, amor, y al alcanzarte
tu carne será un tacto de madera.
El amor es así, su sino es ése.
Es el amor una categoría
del amplio espectro de las ilusiones.
Nada más alcanzarlo se transforma.
O puede ser peor se desvanece.

"El gesto del escriba". 
Ramón Bascuñana


Este poema de Ramón Bascuñana (Alicante 1963) se basa en el mito de Apolo y Dafne. El dios Apolo se burló de Cupido y éste en venganza le lanzó una flecha de oro y otra de hierro a la ninfa Dafne (hija del dios Peneo), así consiguió que Apolo se enamorase locamente de ella y que Dafne lo rechazase. Apolo la persiguió por el bosque y para evitar que la alcanzase pidió ayuda a su padre que la transformó en árbol de laurel.

El poema rememora el momento en que Apolo se abraza al cuerpo de Dafne que se está conviertiendo en tronco ramas y hojas. Dice la leyenda que Apolo adoró a ese árbol y por eso sus hojas son siempre verdes y él lleva una corona de hojas de laurel.
Éste ha sido un tema tratado por otros poetas, y os recomiendo al respecto el Soneto XIII de Garcilaso, aquel que empieza: A Dafne ya los brazos le crecían...

En el siguiente enlace encontraréis más información y algunos poemas de Ramón Bascuñana. 

Nota de Junio 2012: Preparando la entrada del poeta Carlos Clementson he descubierto un poema suyo de la misma temática que coloco aquí para dialogue con el de Bascuñana.

DAFNE

Contempla cómo late, tras tan larga carrera,
su blando pecho esquivo
antes de hacerse inmóvil perfume perdurable...

Amante, estás a tiempo. Es tu ocasión postrera:
a este laurel que -exausto- detiénese un instante
aún le palpita virgen y rojo el corazón.

"Archipiélagos". Carlos Clementson.

2 comentarios:

Ricardo dijo...

Hoy surfeando por internet, he encontardo una página de Ramón Bascuñana en "Cervantes Virtual" pero no os la recomiendo, su poesía es mejor leída que oída directamente del el autor. Eso pasa bastante se puede ser un gran poeta y un mal recitador.

Ricardo Fernández dijo...

He descubierto un poema sobre la misma temática de Carlos Clementson, que os adjunto para que dialogue con éste:

Contempla cómo late, tras tan larga carrera,
su blando pecho esquivo
antes de hacerse inmóvil perfume perdurable...

Amante, estás a tiempo. Es tu ocasión postrera:
a este laurel que -exausto- detiénese un instante
aún le palpita virgen y rojo el corazón.

Archipiélagos. Carlos Clementson.