sábado, 28 de abril de 2012

Travesía rumbo al Dodecaneso


El primero de Mayo de 2012 zarpé desde Valencia en el Pandora Lys, un velero de 54 pies, con rumbo al Dodecaneso,  el archipiélago situado en el confín del Egeo griego junto a Turquía. Durante todo un mes crucé el Mediterráneo de isla en isla hacia levante y el Blog, sin abandonar su pasión por la palabra poética, recuperó su significado en el Cuaderno de Bitácora que escribí.

Tras Mallorca, Cerdeña y Sicilia, llegamos a las islas Jónicas, entramos el Egeo por Corinto y cruzamos las Cícladas hasta alcanzar y disfrutar de nuestro destino, el Dodecaneso. Este poema se escribió antes de la partida y la realidad lo superó.


TRAVESÍA RUMBO AL DODECANESO

Atravesar a vela el Mare Nostrum
saltando de isla en isla hasta el confín.
Hacer al dios Eolo una hecatombre
en busca del buen viento que nos lleve
sobre crestas de azul, rotas en blanco.
Buscar la compañía de las luces
que alumbran el zodiaco sobre el cielo (negro)
en las noches de guardia solitaria
sin costa que acompañe. Despertar
cuando el sol enrojece el horizonte,
ir hacia él sin alcanzarlo; ver
como se oculta un día más pintando

las nubes del poniente, mi morada.

Dejar por popa mucho: Baleares,
Cerdeña, las Eolias, y Sicilia.
Burlar el paso de Escila y de Caribdis,
y dirigir la caña rumbo a Grecia.
Seguir hacia levante y en el Jónico
poner el pie en Ítaca, por fin,
pero no es un destino que el camino
prosigue por Corinto hacia el Egeo.

Mirar de
lejos Sunion y la Akrópolis,
redescubrir las Cícladas, la luz
y el viento de Meltemi omnipresente.
Sacar las cartas y pedir las tres
que faltan en mi escala de azulones. (*)
Cambiar de mesa, pero no de juego
por buscar la docena del confín,
y contar que son más, son dieciséis
las habitadas del Dodecaneso.
Fondear frente a Furni, en la antesala,
con el deber cumplido y muchas millas
de estela blanca en popa. El archipiélago
nos espera flotando en el azul,
singladuras más cortas nos aguardan.

Vagar por el islario, contemplar
de norte a sur, de Patmos hasta Kárpazos,
los horizontes rotos por perfiles
de las islas que cuajan esos mares,
de las islas unidas por destellos,
que traza el sol en el atardecer,
puentes de plata sin pontífice
que cruzamos a vela lentamente.

Y no querer volver, buscar morada
rotando en este círculo virtuoso
a expensas de los vientos y la vista
en el confín del mar, del Mare nostrum
que todavía puede ser el nuestro
porque aún no lo han vendido por codicia,
como hicimos nosotros hace mucho
al turismo que arrasa nuestras costas.


Ricardo Fernández Esteban ©

(*) Sólo me falta pisar 3 de las 24 cícladas habitadas, islas que se distinguen por los tonos del azul con el que pintan sus puertas y ventanas. Espero poder rebajar esa cifra en este viaje, y completar esa escalera de azules.

En el Pandora Lys, cruzando el Jónico



Como he indicado al inicio, llevé un Cuaderno de bitácora de ese viaje que os puede ayudar a comparar la magnífica realidad de la travesía con el deseo expresado en el poema previo.

En estos enlaces tengo más poemas de mis Cuadernos de las islas griegas y de mi Islario de pasiones, estos últimos relacionados con la pasión del navegante y la necesidad de escoger entre camino y destino.


Adenda de junio de 2017: El junio del 2017 he vuelto a navegar por el Dodecaneso en un velero, 10 días de Kos a Samos. Aquí tenéis unos comentarios y unos poemas sobre ese viaje.

4 comentarios:

frelises dijo...

Buen viaje Ricardo. Cuando pases por las Cícladas, suspira, coge aire y desea suerte para el pueblo griego. Hace muchos años estuve el Paros y nunca lo olvidaré.
Que experiencia más interesante escribir desde el mar como cuál poeta mediterráneo perdido en la inmensidad de la cuna de la cultura europea.
Buen viaje!!!!!

sixta dijo...

Hasta pronto Ricardo, buen viento y buena mar, abrazos

Verba volant, scripta manent dijo...

Espero que disfrutes de esta aventura.:)

Azpeitia Aleph dijo...

Un verso tras otro como lass islas encadenadas, cual Ulises moderno...Enhorabuena desde azpeitia