Andíparos es una pequeña isla griega separada de su isla madre, Paros, por un canal de sólo una milla de amplitud. Pero, más que una milla, es (o era, porque todo se va perdiendo) la diferencia entre un lugar turístico y otro que recuerda lo que en nuestras costas perdimos hace mucho. Os dejo unos cuantos poemas escritos en los últimos 25 años en mis visitas a la isla, si queréis encontrar más los tenéis en mi libro "Por las islas griegas" que recoge 25 años de viajes por más de 75 islas con mis anotaciones personales sobre mis lugares preferidos
CRUZANDO EL CANAL
El nervio de este pueblo es una calle,
nace en el puerto y va a morir al Kastro,
del mar que daba vida y daba muerte
a un refugio precario ante el peligro.
Extiende sobre el muelle un pescador
las capturas del día que se agitan
al lado de los frutos de una huerta.
Recorriendo la calle vas viviendo
tabernas, artesanos, un joyero,
esa ferretería en que hay de todo,
un librero de viejo y hasta un banco.
Y acabas en su iglesia
en el centro del patio del castillo,
murallas habitadas, esas casas
con ventanas que miran hacia adentro,
recuerdos de piratas, de su historia.
para que aísle —nunca mejor dicho—
Andíparos de su vecina Paros,
para encontrar las playas de otra época
para sentir deseos de quedarse,
—cambiando transitar por residir—
y enraizar la vida contemplando
atardeceres en Despotikó.
Por algo a Andíparos la llaman
"la perla de las Cícladas"
Ricardo Fernández Esteban (2001)©
Han pasado 25 años, y Andíparos ha cambiado mucho, esa calle que une el puerto con el Kastro (el castillo medieval) ya no es una calle de artesanos y tabernas (que han sido sustituidas por tiendas y bares de diseño) pero el lugar sigue manteniendo un encanto especial.
Al sur de Andíparos, a unos 10 km. de su Jora (su pueblo capital) hay otra isla, Despotikó, también separada por un canal de poco más de cien metros, que era cuando lo conocí un paso más hacia el paraíso. Tanto que en su día no la quise pisar esa isla, por aquello de ser demasiado pronto para las Ítacas.
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| Despotikó al fondo, tras la capilla de Aghios Georgios |
PIEDRA Y CONCHA
En el canal de Despotikó
se mecen dos barcos.
Hago saltar piedras sobre el mar
y me guardo una.
Han plantado un par de tamariscos,
la taberna es nueva
y un cartel anuncia travesías.
Recorro la playa
y cojo una concha de la orilla.
Piedra y concha para recordar
que nunca pisé Despotikó.
Entre esos dos poemas median pocos años de distancia por los alrededores del cambio de siglo, pero los cambios son rápidos y las oportunidades hay que cogerlas al vuelo. Volví a Andíparos en 2009 y tampoco pisé Despotikó (no me pareció adecuado utilizar una barca de turistas para romper un mito) y esperé hasta 2019 para pisar mi "Ítaca". Ese año fondeé en el canal en una travesía en velero por las Cícladas, y llegar a nado y volver en el chinchorro me pareció más apropiado.
PONGO PIE EN DESPOTIKÓ
Devuelvo piedra y concha al mar
en el embarcadero de mi Despotikó.
Dieciocho años después cruzo el canal
y pongo pie en mi Ítaca,
que como todas las islas deseadas
solo ha sido una excusa, que el camino
siempre es más importante que el destino.
Cumplida la promesa, ya es momento
de buscar buen amarre
olvidando el rosario de fondeos,
la rosa de los vientos
y los puentes de plata en el azul.
Ricardo Fernández Esteban (2019) ©
He seguido visitando Andíparos, sea en escalas navegando por esas islas o aprovechando estancias en su vecina Paros y he escrito nuevos poemas. La isla mantiene su encanto, pero con bastante más turismo y tiendas de moda. Aquí tenéis un poema de junio de 2025, cuando volví a la pequeña capilla de Aghios Georgios situada frente a mi mítica Despotikó. Había estado en esa zona bastantes veces (fondeando en el canal o comiendo en la taberna del "Kapitán Pipinos"), pero hacía 20 años que no me acercaba a esa capilla con su mini cementerio y una pequeña playa con tamariscos, una delicia ese día que la pudimos disfrutar solos.
HE VUELTO A LA CAPILLA DEL CANAL
No había vuelto a pisar
No había vuelto a pisar
la pequeña capilla de Ayios Yeoryios,
donde junto al pequeño cementerio
—con una tumba dentro y varias fuera—
podría reposar mi alma sin fe.
Lo tiene todo,
los azules turquesas del canal,
el verde de los tamariscos
—que sombrean la arena—
y una barquita por si quiero
llegarme hasta Despotikó
para romper el mito de las Ítacas.
para romper el mito de las Ítacas.
Y si fuera verdad que hay otra vida
y despertase hambriento
absuelto de los juicios celestiales,
—tras un corto paseo— una taberna
con el precioso nombre de “Kapitán Pipinos”
reharía mi cuerpo terrenal
con los frutos de un mar que siempre adoraré
sea en cualquiera de mis vidas.
sea en cualquiera de mis vidas.
Ricardo Fernández Esteban (2025) ©
En 2025 he revisado y actualizado "Por las islas griegas", una guía por más de 75 islas y sus mares de 340 páginas (con mis recomendaciones de los lugares que prefiero), fruto de mis 25 años viajando por ese islario. Aquí la tenéis disponible a un clic en varios formatos en Amazon.





























