lunes, 17 de junio de 2019

2019: En velero por las Cícladas

Estos son algunos de los sencillos poemas escritos en mi travesía en un velero por las Cícladas a finales de la primavera de 2019. En la pequeña bitácora de este viaje podréis situar mejor los textos y los recorridos.

Desde la Jora de Amorgós, en el centro de las Cícladas

Saltando de isla en isla de Naxos a Paros, 

Al zarpar de Naxos...


Portal de mármol
por donde cruza el sol
orto y ocaso. 
Comienzo singlarura 
de aquí hasta Paros.

La costa norte
tiene pequeñas playas
hoy habitables,
quizá se exilió en ellas, 
sin hilo, Ariadna.

Soltamos ancla,
el primer baño Egeo
es con Apolo.
¿Por qué tiene este mar
cientos de azules?


Naxos y la puerta del templo de Apolo


Al volver a divisar Donussa...

Surge Donusa,
de las pequeñas cícladas
la más oculta.
Después de muchos años
sigue tan pura.

Una taberna,
dos playas y este golfo
de buen fondeo.
Su nombre es complicado:
Kalotarítissa.

La recóndita Kalotarítissa en Donussa

Otra vez en Sjinusa y Kufonisia...

En Sjinusa hay más de 15 playas
cuando no hay, ni siquiera,
la mitad de kilómetros cuadrados. 
Y Pano Kufonissi, la minúscula, 
con la mitad de la mitad, 
compite en cuanto a azul y transparencias. 


Almyrós en Sjinussa. Amanece sobre Amorgós


En Amorgós, islas, costas y tierras...


En Almyrós 
espero se alce el sol
para zarpar, 
Amorgós nos acoge 
por tierra y mar 

Bordo a bordo 
remontamos al viento 
hacia Gramvousa, 
la de arenas doradas 
bajo la ermita. 

La Jozoviótissa, 
mancha blanca en la roca 
acantilada, 
frente al inmenso azul 
y un par de islotes. 

Siempre seduce 
Pasan los años 
y no se turistiza, 
¡suerte que tengo!



La seductora Jora de Amorgós


Forzando el bordo...


Forzando el bordo
junto al acantilado al sur de Keros,
apenas 30 metros entre el casco y las rocas,
recuerdo la semántica del riesgo. (*)
El premio es la profunda cala
donde Irakliá se hunde en el mar
y el barco queda a salvo del poniente.
Luego la singladura continúa
hasta arribar a Ios, a su norte,
tranquilo hoy en que el meltemi duerme
y la luna aparece, luna mora. 

(*) Riesgo viene del latín "resecare", navegar cerca del arrecife, se supone que para tomar un riesgo que reporte beneficio

Turkopígado, al sur de Irakliá


Otra vez en Folégandros...

La Jora de Folégandros
bulle en la noche
y en las plazas se cena,
contando estrellas.
De recorrer tus calles
nunca me canso,
y entre flores e iglesias
contemplo el mundo.

Una de las 7 plazas de la Jora de Folégandros

Karavostasis es más que un puerto...

Karavostasis:
cuando despunta el sol,
balsa de mar.
Siempre se leva el ancla
con añoranza.

Karavostasis, el puerto de Folégandros


Fondeando en Sifnos...

Fikiadas, la mejor cala de Sifnos,
donde San Jorge habita y los demás
somos aves de paso.

Vazý, magnífico fondeo
donde el tiempo da marcha atrás
y Sifnos nos enseña lo que fue.

Vazý, un magnífico fondeo


Por fin pisé Despotikó...

Devuelvo piedra y concha al mar,
ya que por fin visitaré Despotikó.
Dieciocho años después cruzo el canal
y pongo pie en mi Ítaca,
que como todas las islas deseadas
solo ha sido una excusa, que el camino
siempre es más importante que el destino.

Cumplida la promesa, ya es momento
de buscar buen amarre
olvidando el rosario de fondeos,
la rosa de los vientos
y los puentes de plata en el azul.

Despotikó, al sur de Andíparos 


Haciendo bordos para llegar al destino...

Pared de mármol,
lo que antaño fue templo 
hoy es muralla.
La Jora de Parikia
resiste aún.

El Kastro de Parikia construido con restos de un templo

escritos con pasión,
era otra época,
lo que contemplo ahora 
ya no es mi Lefkes

La plaza de Lefkes a primera hora sin turistas

Naussa fashion
de cenas junto al mar 
y tiendas pijas
entre copas y música, 
¿busco esa Grecia?


Naussa, restaurantes y copas junto al puerto

Paros turística
el exceso de encantos
te pervirtió,
pero a veces los vicios
no son pecado.
Si hay penitencia,
me la pido en Andíparos.
Sólo a una milla
encantos y deseos
conviven juntos.


Ayios Giorgios, al sus de Andíparos, frente a Despotikó

Vista de Ansíparos desde el norte

Haciendo bordos en tierra

Los desembarcos suelen
combinar amarguras
con esperanzas.
Se pone fin a un viaje,
pero aumenta el deseo
de repetir.
El barco, el mar y el viento
estarán esperando
 muestro regreso.

Ricardo Fernández Esteban ©


Como os he dicho al inicio en la bitácora de este viaje podréis situar mejor estos poemas en el contexto en que se escribieron. En estos enlaces hay otras bitácoras de travesías, las de 2017 y 2018 por el Dodecaneso y una larga travesía de 2012 hasta el confín del Dodecaneso saliendo de Valencia.

1 comentario:

Margarita Cansino dijo...

A mí, que soy de secano, me fascina primero que el barco no se hunda como yo, y luego que alguien sea capaz de conducirlo ¡y de aparcar! como el que lleva un triciclo.