Mostrando entradas con la etiqueta Mis Cuadernos de las islas Griegas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mis Cuadernos de las islas Griegas. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de septiembre de 2018

Sifnos: me quejo por quejarme

Este poema se escribió en 2005 y se reescribió algo 13 años después. La primera impresión sigue valiendo y la segunda la reafirma. Sifnos es una isla muy bonita, repleta de capillas e iglesias (dicen que hay 365 como días del año), con buenas playas y hoteles, con tabernas al borde del mar, y sus pueblos blancos con tiendas de moda y terrazas de copas. ¿Qué más se puede pedir? Pues algo menos de turismo y algo más de aquella imagen de pureza de las islas griegas, que me recuerda a la de nuestra costa en mi lejana juventud. Pero todo no se puede tener, ni en las islas giegas...


Vazý, al suroeste de Sifnos

ME QUEJO POR QUEJARME

Sifnos primera impresión:
bonito, quizá demasiado bonito;
limpio, quizá demasiado limpio;
cuidado, quizá demasiado cuidado,
turístico, quizá demasiado turístico.
Resumen: a esta isla
le falta un poco de locura,
o le sobra una pizca de cordura.

Me quejo por quejarme,
porque hay playas de lujo
con el bar al alcance de la mano;
porque los tamariscos
son los que dan más sombra
de todas estas Cícladas;
porque puedo cenar
con los pies en la arena
y la luna alumbrando de farol;
porque en la calle blanca alternan
tiendas estilo fashion
y terrazas de copas con música latina;
y porque en el “hotel de encanto”
con jacuzzi y tumbona en mi terraza,
voy a volver a ver
salir el sol sobre Despotikó. (*)

Me quejo porque sí,
porque ahora mismo en el atardecer
tengo tres pueblos blancos de escenario
con diez iglesias de cúpulas azules,
y porque siguen sonando las campanas
y porque pinos, olivos y cipreses,
rodean a las casas en el monte.


Decididamente, me quejo por quejarme;

porque a uno le va más la imperfección,
y la búsqueda de ese sabor perdido
que aún mantienen algunas de estas islas,
que lo turístico perfecto.

Pues eso: me quejo por quejarme.

Sifnos (2005 y 2018). Ricardo Fernández Esteban ©


(*) Ya he visto salir y ponerse el sol sobre Despotikó, una pequeña isla deshabitada al sur de Andíparos, que es una de las muy escasas cícladas que aún no he pisado. Quizá sea por aquello de las asignaturas pendientes, pero creo que va siendo hora de aprobarlas.

Apolonía desde Ano Petali

La Panagía Jrisopigí

Una taberna en Vazý

Fikiadas, al sur de Sifnos


La cúpula de los "Arcángeles" en Apolonía

Epta (siete) Mártires
Panagía Pulati




















Aquí podréis ver otros poemas inspirados en las islas griegas que he ido publicando en en el blog, la mayoría de ellos procedentes de mis Cuadernos de las islas griegas. Aún no había publicado ninguno dedicado a Sifnos que, a pesar de mis quejas, se lo merece sobradamente.

Y ya que hablamos de Sifnos unas recomendaciones. Un Hotel: "Ano Petali" en una colina sobre Apolonía; una taberna: "Angelos" en Artemonas con cordero y "briam" excelentes; en la calle principal (το στενό) de Apolonía la joyería "Paiades" y el bar de copas "Aego"; y una playa "Fikiadas" que se merece la media hora de camino.

martes, 21 de noviembre de 2017

Lefkes, en mitad del Egeo

Lefkes en Paros, tras el canal la isla de Naxos
Éste es el primer poema que escribí en Grecia, fue en Lefkes en Paros en el centro del Egeo. Hace muchos años, pero mi pasión por esas islas no ha mermado sino todo lo contrario. He publicado tres poemarios de viaje y vuelvo cada año. Tengo un cariño especial al poema, porque fue el inicio de una apasionante relación.


LEFKES, EN MITAD DEL EGEO

Desde la terraza me pongo a escribir,
las cosas que veo, las cosas que siento.

Abajo, hacia el valle, la torre de mármol,
blanco sobre verde, fondo de cipreses;
en lo alto la iglesia sobre la colina,
esa inmensa iglesia de mármol rosado,
junto al cementerio, que cae por el bosque
sembrando de rostros la paz de los muertos.
Paisajes de Lefkes, paisajes del mármol.

Completando el cuadro, un pueblo de blanco
con el arco iris que alumbran sus flores,
antiguos oficios viviendo en sus calles
y ese azul tan griego pintado en sus puertas.

Tañe la campana que anuncia la noche
y Naxos al fondo, detrás del canal,
enciende sus luces, perfila su costa;
ausente la luna, que esta noche libra,
no hay puentes de plata que crucen la mar.

Sin puentes ni luna me he puesto a escribir,
ojalá consiga con mi verso pobre
decir lo que siento, lo que ven mis ojos
al recorrer islas de mi mar Egeo.


Ricardo Fernández Esteban ©

El mármol de Paros es considerado el mejor de Grecia, el más blanco y traslúcido, y se ha explotado desde la antigüedad. De este mármol se esculpió la Venus de Milos.

En estos años he ido publicado en este blog bastantes poemas sobre las islas griegas. Los escribí para no olvidar lo que el paso inexorable del tiempo difumina, y al releerlos recuerdo dónde y por qué nacieron. Aquí tenéis unas fotos de Lefkes, pero el original siempre supera a la copia.







martes, 20 de junio de 2017

Si el paraíso tiene playa, estoy en ella.

Llevo tiempo sin publicar en el blog, porque he ido a recargar las pilas navegando con amigos por el Dodecaneso y luego a hacer unas singladuras por tierra en un par de islas del Egeo. Hoy acabo de escribir esto y si tiene algún mérito no es mío, simplemente he descrito lo que me rodeaba.
  
Sombra de tamarisco, aguas traslúcidas y soledad...
















SI EL PARAÍSO TIENE PLAYA, ESTOY EN ELLA

Es junio en el Egeo:
Si el paraíso tiene playa, estoy en ella,

un amplio tamarisco de sombrilla,
un ligero "meltemi" que refresca,
un agua mucho más que transparente
un horizonte azul sin motoras ni velas,
el son de las cigarras, el runrún de las olas
y la absoluta soledad que nos rodea.
En resumen, me siento como Adán
y a mi lado está Eva.

Por si crees que me fui hasta el confín del mundo
y hay que currar andando muchas horas,
tengo el coche a dos pasos,
y a sólo diez minutos
espera una taberna, de mesa junto al mar,
con pescado del día y la cerveza helada.
Coincidirás conmigo
que esto, más que un poema,
es definir felicidad.

Ricardo Fernández Esteban ©

El "meltemi" es el viento del norte que refresca las islas del Egeo. Los tamariscos crecen en la arena al borde del mar, que llegan a cubrir con su sombra.


Un horizonte azul sin motoras ni velas...


Es mejor que no revele la ubicación de este paraíso, ya llevamos demasiados paraísos perdidos en el camino y hay que cuidar los pocos que nos quedan. Pero para que no digáis que soy avaricioso, aquí encontraréis un pequeño cuaderno de bitácora de los diez días que hemos estado navegando por el Dodecaneso desde Kos a Samos, donde también hemos fondeado en muchos paraísos. Hay tantas islas en el Egeo, que por mucho que la invasión turística avance siempre quedan algunas que conservan lo que nuestras costas perdieron hace mucho tiempo.

A dos palmos del agua, esperando el pescado

viernes, 18 de marzo de 2016

Folégandros

Escribí este poema tras mi primera visita a Folégandros, en el centro del Egeo, hace ya 12 años. El tiempo pasa y con ese paso los entornos y las ilusiones cambian, pero la isla sigue mereciendo mucho más que una visita.




FOLÉGANDROS

Folégandros, Folegandros, (*)
me gusta escuchar tu nombre
mientras revivo tus mares,
y sueño pisar tus montes.
La Jora (**) de las seis plazas
hierve de gente en la noche,
capillas en cada esquina,
cien iconos para un pope.  

La calles son como ríos,
las plazas son los remansos;
en los cafés las parejas
—sobre las mesas de mármol—
beben “ussos” y licores
frente a fichas de Backgammon,
a sus lado les contemplan
las miradas de los gatos.    

Hibiscos y buganvillas
que crecen entre las piedras,
perfuman a las familias
bajo un techado de estrellas;
a lo lejos sobre el mar
despunta la luna llena
y entre las voces se escucha
cantar a Cesaria Évora.

En las tabernas, mujeres     
cortan pepinos, pimientos,
tomates y queso feta;
mientras, sobre los braseros,
corderillos van girando
en las espadas de fuego;
luego, los hombres los cortan
en pedacitos de cielo.

Cuando llega el medio día,
barcos que van a las playas
abren el azul del mar
y derraman sangre blanca.
En sus vientres los viajeros
contemplan, sueñan y callan;
frente a esa naturaleza,
silencios ganan batallas.

Arriba, cien mil bancales      
domadores de montañas
—esas paredes de piedra
del barranco hacen terraza—;
por los estrechos caminos     
circulan burros de carga,
sobre sus lomos los viejos
los van azuzando y cantan
canciones que son historias
de vino, fava y matzata, (***)
de otros tiempos ya perdidos,
de tierras y gentes bravas.

Folégandros, Folegandros, 
me gusta escuchar tu nombre    
recordando tus seis plazas,
tus capillas, tus olores,
las cenas bajo la luna,
los bancales de tus montes,
el azul que te rodea,
todos tus otros colores
y lo mucho que aprendí
en los brillos en tus noches. 

Ricardo Fernández Esteban  ©

(*) Folégandros, se pronuncia así en griego con acento en la "é", aunque erróneamente se suela decir Folegandros.  (**) Las Joras son los pueblos principales de  las islas, la de Folégandros está un una meseta sobre el acantilado y tiene seis plazas que son el centro de su mundo. (***) Platos típicos de la isla, la Fava a base de un puré de guisantes secos, y la Matzata es un guiso de espaguetis con conejo o pollo de corral.

En estos años he vuelto varias veces más a Folégandros y la influencia del turismo se hace patente. La isla se está poniendo peligrosamente de moda, pero como cuento en este otro poema A pesar de mis quejas, no se está nada mal aquí en Folégandros , sigue manteniendo su encanto.


El Kastro de la Jora. La parte amurallada más antigua del pueblo.

Una puesta de sol desde la Jora, la foto es mía y el color es real.


Este poema pertenece a mis Cuadernos de las islas griegas , aquí podréis leer los otros que he ido publicando en este blog. Por cierto, éste que os he copiado creo que es único de los poemas de los tres libros que tiene rimas (unas leves asonancias arromanzadas); salió así y así lo quiero dejar.  

domingo, 9 de agosto de 2015

Recordando Andíparos

Despotikó, Andíparos y Paros
Andíparos es una pequeña isla griega separada de su isla madre, Paros, por un canal de sólo una milla de amplitud. 

Pero más que una milla es (o era, porque todo se pierde) la diferencia entre un lugar al que ha llegado el turismo y otro que recuerda lo que en mi país perdimos hace mucho. 


CRUZANDO EL CANAL

Un canal de una milla es más que suficiente
para que aísle —nunca mejor dicho—
Andíparos de su isla madre Paros,
para reencontrar al mundo de otra época
para sentir crecer deseos de quedarse,
para cambiar el transitar por residir

y para  enraizarse contemplando
como atardece el sol frente a Despotikó.


Ricardo Fernández Esteban ©


Al sur de Andíparos hay otra isla, Despotikó, también separada por un canal pero éste sólo de poco más de cien metros, que era un paso más hacia el paraíso. Tanto que en su día no la quise pisar, por aquello de ser pronto para las Ítacas, y quizás ahora ya sea demasiado tarde. 

Despotikó al fondo, tras la capilla de Aghios Georgios




PIEDRA Y CONCHA

En el canal de Despotikó
se mecen dos barcos.

Hago saltar piedras sobre el mar
y me guardo una.

Han plantado un par de tamariscos,
la taberna es nueva
y un cartel anuncia travesías.
Recorro la playa
y cojo una concha de la orilla.

Piedra y concha para recordar
que nunca pisé Despotikó.

Ricardo Fernández Esteban ©



Entre estos dos poemas median pocos años de distancia por los alrededores del cambio de siglo, pero los cambios son rápidos y las oportunidades hay que cogerlas al vuelo. Hace años que no vuelvo a Andíparos y tendría que hacerlo para pisar Despotikó, aunque sea más tarde de cuando debí.



Una playa de Andíparos


Andíparos desde el norte

Respecto a Paros, no creáis que es una isla turística en el sentido peyorativo de la palabra. Paros tiene lugares maravillosos y allí es donde me enamoré de las islas hace ya muchos años y donde empecé a escribir mis Cuadernos de las islas griegas , lo que pasa es que llega un momento en que buscamos más el recuerdo de la juventud perdida. Os dejo unos poemas cortos sobre Lefkes un pequeño pueblo en el centro de Paros.

Por suerte, quedan muchas islas de las de la antigua época en los mares griegos, si sabemos escoger momento y lugar. Aquí tenéis unos cuantos poemas sobre las islas que he ido publicando en el blog y aquí otros sobre los mares griegos que se agrupan en un poemario en construcción titulado Islario de pasiones

viernes, 4 de julio de 2014

¿Cuál es la mejor playa de Grecia?

Una de las preguntas que me suelen hacer, cuando mi interlocutor sabe que yo he visitado más de cincuenta islas griegas, es cuál es la mejor playa. En este poema intento dar unas cuantas pistas.

La playa de Simos en la isla de Elafonisos al sur del Peloponeso. Se puede acceder por carretera y tiene instalaciones turísticas.


 ¿CUÁL ES LA MEJOR PLAYA DE GRECIA?

Simos, al sur de Elafonisos,
dicen que es la mejor de las playas de Grecia.
Y no está mal, es cierto, aunque quizás
su tocaya de Creta la supere
o, en esa misma isla, la de Balos,
o Kolona de Kitznos, o Manganari en Ios,
o tantas otras muy nombradas
que encontraréis buscando en internet.
Todas son de postal y son famosas
—algunas a resguardo de autocares y otras no—
pero la fama suele ser
muy mala consejera, y los turistas
—andando, navegando o como sea—
quieren poner la muesca en su smartphone
archivo de memoria del presente.

Por eso me pregunto: ¿Qué es mejor?
Y como doy doctrina, me respondo:
Para mí lo mejor es lo más puro,
lo que está igual que hace cien años,
donde la sombra es de olivo o tamarisco
y no de parasoles con tumbonas,
la música es del mar sin altavoces,
y si quieres comer, o vas servido
o pasas hambre y sed pues no hay tabernas.
Quizás no las recubran a esas playas
arenas de oro fino, ni  idílicos entornos
se muestren en postales de cuando el preturismo
—porque todo fue virgen, hasta lo que nombré—,
pero el agua es azul, azul egeo,
y no has de compartir el escenario
con máculas turísticas,
el escenario es tuyo y de tu compañía.

Presiento tu pregunta y me adelanto:
¿Cuáles son? ¿Dónde están? ¿Cómo puedo llegar?
Perdona que lo oculte,
no hago publicidad en el poema.
El producto requiere discreción
si quiere seguir siendo un paraíso

Ricardo Fernández Esteban ©

Elafonisos en el poniente de Creta. No está en zona turística, pero la atacan autocares y coches procedentes de esas zonas. Tiene tabernas.

Balos en el extremo noroccidental de Creta. Se accede por barco o por un sendero desde un parking al que se accede por un camino que cuando yo fui estaba en muy mal estado. Tiene taberna


Kolona en la isla de Kitznos. Un istmo de arena con dos tamarindos por sombrilla. Acceso por barco o un mal camino de tierra. Tiene taberna.












Manganari en la isla de Ios. Una amplia bahía con varias playas. Acceso por carretera e instalaciones turísticas.













Permitidme que guarde el secreto de las muchas playas que aún están a salvo de invasiones turísticas. Toda precaución es poca para que puedan seguir en la lista.

sábado, 8 de febrero de 2014

Otra vez en la Jora de Amorgós

Las Joras son las antiguas capitales de las islas del Egeo. Pueblos bancos de intrincadas y escalonadas calles que intentan resistir la llegada del turismo. La de Amorgós, en las Cícladas, es una de mis preferidas y de momento va manteniendo su encanto. ¡Qué dure y qué lo podamos disfrutar! 


Otra vez en la Jora de Amorgós
con miedo de encontrarla diferente,
temiendo que los años transcurridos
la hayan turistizado. Pero no,
subiendo por la calle principal
los bares y tabernas son los mismos,
alguna tienda nueva de artesanos
se integra sin problemas, nada cambia
y lo que cambia no me desentona.

Esa mezcla en la justa proporción
entre lo viejo y nuevo, porque el pueblo
disfruta de la vida, pocas prisas,
con turismo integrado en sus quehaceres,
con sus flores, sus calles intrincadas,
sus plazas, sus capillas y sus músicas.
 
La Jora no renuncia a sus costumbres,
mantiene su pasado y no se vende,
vislumbra su futuro y no lo compra.
La Jora nos ofrece, como siempre,
su banderín de enganche, su equilibrio,
¡qué más podemos ser que admiradores
con ganas de pasar a residentes!

Cuadernos de las islas griegas. Ricardo Fernández Esteban ©


ADENDA DE NOVIEMBRE DE 2018

Escribí este poema 2007, en mi tercera visita a Amorgós. He vuelto después varias veces y sigo confirmando lo dicho. Espero hacerlo también la próxima vez, pero cada vez es mayor el peligro de la masificación y mejor evitar las épocas de aglomeraciones. Aquí tenéis unas cuantas fotos de la Jora, y en este enlace otros poemas que he dedicado a Nikuria, una pequeña isla en la costa norte de Amorgós.






En este enlace encontraréis poemas míos de dedicados a las islas griegas y aquí información sobre mis poemarios de viajes por esas islas                       

sábado, 19 de octubre de 2013

Costa Norte Egea

En las islas del Egeo las costas más acogedoras son las que miran al sur, ya que norteñas suelen estar batidas por el Meltemi, pero en los escasos días en que soplan vientos del sur es un placer descubrir rincones en esas costas salvajes.

Este poema se escribió en Anafi, la isla más al sur de las Cícladas, un día de suave austral cuando su costa del norte se nos abría excepcionalmente con todo su esplendor.  Fue en la pequeña cala de guijarros conocida como Agios Georgios (San Jorge) por la cercana ermita dedicada a ese santo.


COSTA NORTE

Cuando sople el austral, vete a la costa norte,
y descubre otra isla tan distinta del sur.
Por caminos de tierra, en medio de la nada,
encontrarás capillas de profetas y santos,
cuidadas, con iconos y con llamas perpetuas,
¿quiénes serán sus fieles en esta soledad?
Escoge  luego un valle que rompa acantilado
y descienda entre verdes a morir en la cala,
un simple “codolar” de desgastadas piedras.

No busques aquí arenas, estamos en el norte
donde reina el meltemi que en este breve exilio
—por las prisas que tuvo— se olvidó de cerrar
los palacios de encanto de su costa salvaje:
piscinas en las rocas, un cielo en el infierno,
aguas para ti solo que al ser hoy un remanso
muestran fondos magníficos, transparencia infinita,
paz y virginidad en la otra costa egea.

Más islas, más adendas de Grecia.
Ricardo Fernández Esteban ©


El austral es el viento del sur que es raro en el Egeo en verano, en cambio el Meltemi es un fuerte viento del norte que suele soplar en verano en las islas egeas. Codolar es como se llaman en catalán a las playas de guijarros (còdols), ésta me recordó a algunas de la coste norte menorquina cuando aún estaban a salvo del turismo.

La cala de Agios Georgios, un día de viento austral.
La capilla del Profeta Elías, cercana a la de Agios Georgios.
Tanto monta monta tanto, blancas, cuidadas y sobre el mar.

sábado, 10 de agosto de 2013

Santorini: Sombras y luces


Este poema está dedicado a Santorini, isla griega que sufrió una explosión volcánica en el siglo XVII a.C. que se llevó parte por los aires dejándola con  forma de cruasán. Hoy la isla está sometida a otros ataques: el turismo de masas o los cruceros que fondean en su caldera (el cráter que parece de plata en las noches de luna llena) y descargan toneladas de pasajeros que ascienden caminando, por teleférico o en taxi-burro hasta Firá a 200 metros de altura en el borde del precipicio. El resto os lo podréis imaginar, souvenirs, aglomeraciones, comederos turísticos, bares de copas, etc.

Vista general. En lo alto la isla de Ios, y a la derecha asoma Anafi

SANTORINI: Sombras y luces

Ya brilla la luna sobre la caldera,
y en agua de plata
fondean cruceros que al nacer el día
soltarán su carga con más de lo mismo:
Miles de turistas, meros transeúntes.
Unas pocas horas para recorrer
las tiendas, los bares y los callejones
que muestran lo falso,
lo que llaman típico que sale en las guías,
lo que quieren ver esos cruceristas
que bajan en barca,
que suben en burro por las escaleras
del muelle a Firá,
y dan una vuelta, y vuelven al barco
diciendo “bonito”, y guardan en fotos
sus falsas imágenes de pura postal.

¡Qué pena, qué lástima, si es ésta su Grecia!
No viven lo auténtico:
Recorrer sus montes, sus playas, sus pueblos,
comiendo de huerto, de corral o barca
en una taberna… a un palmo del mar.
Gozar de su azul, su fucsia y su blanco,
y ponerle nombre a una de sus luces,
a una de las miles que alumbran su cielo.

Ya se van los barcos y llegarán otros,
hoy en Santorini y mañana en Mýkonos.
¿Y qué es lo que han visto?,
nada más ni menos que lo que han buscado.
Pero, qué me importa
si no hacen, por suerte, escala en Folégandros.
¿Fole qué? —preguntan—
y yo les respondo: Nada cosas mías.
¡Qué lujo de barco!, ¡qué suerte tenéis
que veis tantas cosas sin mover maletas,
qué envidia me dais!


“I love Santorini”,
pero por la noche, cuando es madrugada,
sin hordas turísticas en Firostefani,
con suave "meltemi",
con calles vacías,
con todo el silencio,
con la luna llena sobre la caldera,
con su mar de plata, que aquí sí es de plata,
con sus mil terrazas con blanco de cal,
con verde y con fucsia de sus buganvillas.

Hay dos Santorinis,
el de los turistas y el que un día fue nuestro.


Cuadernos de las islas griegas.
Ricardo Fernández Esteban ©

A pesar de todo, por la noche cuando desaparece el turismo de paso y alejándose del núcleo de Firá, en Firostefani todavía se puede disfrutar de la vista de la caldera desde el camino de ronda del acantilado; os dejo dos muestras. También son recomendables sus maravillosas puestas de sol, aunque la soledad es más problemática.



Ya que os he comentado sus puestas de sol, aquí tenéis una desde Firostefani. La primera isla que se ve es Zirasia (parte de la antigua Santorini). El perfil sobre el que se pone el sol es Folégandros, la isla que menciono en el poema y que desgraciadamente también está siendo invadida por el turismo, aunque más fashion; aquí tenéis una entrada que le dediqué. Por fin, el perfil de la derecha es Síkinos, aún pura Grecia.