2026: De las Cícladas al Dodecaneso

Esta página recoge las bitácoras y poemas de un viaje de 12 días en velero de Paros (en el centro de las Cícladas) a Rodas (al este del Dodecaneso). Hay una ruta perfilada, pero la última palabra la tienen el viento y el mar. A partir del 1 de junio os lo iré contando y compartiremos el azul egeo y multitud de islas que rompen el perfil del horizonte. Al final de esta páginas encontraréis enlaces a otros viajes anteriores.

De Paros a Rodas 150 millas en línea recta, que serán muchas más
porque las islas invitan a rodearlas y descubrir sus rincones.

Os cuelgo las entradas en orden inverso de fechas, para que sea más fácil que vayáis leyendo las novedades.


4ª Singladura (4 de junio) de Katápola a Aigiálys en Amorgós

 Zarpamos de Katápola, después del baño matinal, dirigiéndonos a Nikuria la isla deshabitada de su costa norte, separada por una bahía - canal de aguas reposadas con puentes de plata al atardecer. Después de tantos años visitando esta isla es la primera vez que voy a llegar en velero y fondear frente a la playa que “está en el norte y mira al sur”. El pequeño chiringuito aún no ha empezado la temporada y somos los únicos en la isla. Después de aprovechar unas cuantas (no muchas) tumbonas y sombrillas que esperan a los visitantes veraniegos, subimos a la capilla, con su campana exterior, y al bajar y volverme a bañar aparece la barca que transporta los transeúntes desde la cercana Amorgós. Veo al barquero a popa dirigiendo la caña con la pierna y recuerdo cuando era un niño que acompañaba a su padre, hoy jubilado. Pasan los años y Nikuria permanece, solo unos cuantos visitantes y bastantes cabras, que al atardecer bajan a la playa.


El canal de Nikuria a la caída de la tarde


INAUGURAR NIKURIA

Inaugurar Nikuria,
fondear, nadar hasta la playa
-en la que no hay ni cabras-,
coger una tumbona, escoger parasol
-sin tener hamaquero-,
subir hasta la ermita,
tañer tres golpes de campana
volverse a bañar al regresar
y, en la tarde, contemplar
como el azul se torna plata.

¡Hay tanto en esta isla!,
y hoy, además, hay “bonus” de principios de junio:
Haber llegado navegando
y que aún está cerrado el chiringuito.

Ricardo Fernández Esteban. (VI-2026).

A la caída de la tarde fondeamos em Aigiálys (Eyialis) atravesando el estrecho canal (de unos 100 metros) que separa Nikuria de Amorgós. Eyialis es el lugar más turístico de Amorgós y hoy no subimos a los tres pequeños pueblos blancos que lo rodean y coronan, porque se nos ha hecho un poco tarde. Me pierdo los magníficos garbanzos de Tholaria, pero cenamos muy bien en "Kirá Katinás", y lo rematamos con unas copas en los bares frente al mar. Amorgós sigue siendo Amorgós y tengo que volver sin prisas a su Jora.

La bahía de Aighiálys

3ª Singladura  (3 de junio) de Kato Koufonisi a Amorgós

 Zarpamos de Pori con un buen viento de través que nos lleva directamente hasta Amorgós. Como hoy hay poniente aprovechamos para fondear en la cala de Saranta que hoy no está sometida al oleaje del norteño “meltemi” y con mar en calma podemos nadar por sus aguas turquesas hasta la solitaria playa, situada en una zona muy poco frecuentada de la isla. 

Aghios Pandelimonas, en la entrada de Katápola

Después de comer fondeamos en Katápola y con un coche recorremos unos lugares cercanos: Primero el monasterio colgado del acantilado (Jotsoviótisa) dedicado a la imagen de la virgen que se escapaba cada noche a una cueva del esos riscos; luego mi Jora preferida de Grecia la de las 25 capillas de la que nunca me canso, por mucho que la visite casi cada año, con sus molinos en lo alto para ver una buena puesta de sol. Por último, vamos a cenar muy bien al borde del mar en “Fata Morgana” en el barrio de Xilokeraditis al otro lado de la bahía de Katápola, uno de los mejores puertos de las Cícladas.


Ano Plateaki, la placita de arriba de la Jora


LA JORA DE AMORGÓS

Cada Jora nos muestra sus encantos
y un día renuncié a escoger preferida,
pero de sabios, o quizá de viejos,
es el rectificar y rectifico:
La Jora de Amorgós me roba el corazón,
solo quiero deciros
que tiene mil rincones donde se para el tiempo,
o donde yo lo paro para seguir en ella.

Ricardo Fernández Esteban © Jora de Amorgós (2017)


2ª Singladura (2 de junio). Por las Pequeñas Cícladas de Schoinoussa a Koufonisia

Partimos de Almyra hacia Daskalió, un islote junto a la deshabitada Keros donde se dice que comenzó la civilización cicládica hace 6 mil años, que fue anterior y más avanzada que la minoica de Creta, la faraónica o la fenicia. Daskalió estaba recubierta por una pirámide de bloques de mármol traídos desde Naxos a más de 20 km de navegación. Pretendíamos fondear y visitar las excavaciones, pero un amplio equipo de arqueólogos en campaña nos indicaron que estaba prohibido en esa época.

Daskalió hoy en día. Cuesta imaginar que
fuese una pirámide de bloques de mármol

Daskalió la pirámide perdida, 
-según Olalla- 
aquí empezó la civilización,
y nos cuesta entenderlo cuando vemos
los leves restos de templos y talleres.
Solo las esculturas,
estilizadas y tan modernamente antiguas,
que hoy aprisionan los museos,
permiten vislumbrar la importancia que tuvo
esa pequeña isla hoy olvidada.

Ricardo Fernández © Daskalió, VI-2026

Nos dirigimos luego a la cercana Kato Koufonisi, casi deshabitada y con excelentes playas de arena y aguas cristalinas, para el baño y comida. Estuvimos bastante tranquilos a pesar de las breves visitas de algunas barcas de turistas y un megayate fondeado junto al acantilado.


Pezulia en el sur de Kato Koufonisi

Por la tarde tomamos rumbo a la más turística Pano Koufonisi y atracamos en la tranquila bahía de Pori, mejor protegida del poniente, y cogimos el único taxi de la isla que con en 2 km. de recorrido nos llevó a la capital al otro extremo de la costa (la isla tiene 4 km2). La Jora es pequeña, pero bonita con tiendas, restaurantes y bares de copas interesantes, y como otras veces cenamos en Capitán Nikolaos con buen pescado y precios moderados.

Las Koufonisia (Pano y Kato) forman una buena pareja, Pano más turística y Kato casi deshabitada, la una complementa a la otra según tus gustos y días. Aquí tenéis unos extractos de los poemas que encontraréis enteros en el enlace anterior.

La bahìa de Pori en Pano Kufonisi

Pano preciosa, pequeña Jora
junto al canal,
puerto en la cala, casas pintadas
de azul y cal.

Pero las joyas si son preciosas
tienen adictos
y al poco tiempo muere la calma,
nacen conflictos.

Isla minúscula, isla magnífica.
Quizá invadida,
quizá turística, pero aún no eres
isla perdida.

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Kato, poco que ver con Pano,
doscientos metros de canal,
doscientos metros de agua azul,
aíslan Kato de su hermana.

Un simple embarcadero de hormigón,
la taberna, la iglesia,
y unos restos de casas en el campo
reciben a pocos visitantes;
lo demás es la isla, la isla en bruto,
lo de menos nosotros,
que tomamos la senda de las playas.

Ricardo Fernández Esteban © Koufonisia



1ª Singladura. (1 de junio) De Paros a Schoinoussa en las Pequeñas Cícladas

Tras aprovisionar el barco, zarpamos de Paros, cruzamos el canal de Andíparos y fondeamos en el islote de Panderonissi de increíbles azules turquesas, para mi primer baño egeo del año y mi primera comida a bordo. Algunos paraísos aún persisten. Por la tarde navegamos hacia Schoinoussa (Sjinusa) con ligero viento por la aleta de estribor, fondeando en la resguardada y bonita bahía de Almyra. Luego, a la caída de la tarde, subimos caminando hasta la pequeña Jora donde cenamos muy bien en “Kirá Poziní”, cocina griega de elaboración moderna acompañada de puré de fava, esa pequeña legumbre de la que se enorgullece la isla. Isla que sigue manteniendo su mundo agrícola y ganadero y a la que el turismo aún no ha invadido. Por eso, os copio un poema que escribí hace más de 20 años, y podría esribir hoy, con el riesgo de que si muchos me leéis pueda perder este paraíso.

El pequeño puerto de Sjinusa
 

Dicen que en Sjinusa hay más de quince playas
pero no hay ni quince tabernas,
ni quince hoteles,
ni quince iglesias,
por no haber, no hay siquiera
quince kilómetros cuadrados.

Basta y sobra con la mitad
para que ofrezca
tesoros que otras islas perdieron hace tiempo,
lo que tanto busqué en busca de retiro:
encontrar un lugar donde atraparme,
donde acabar contigo esta Odisea:

Una casa con porche y buganvillas,
una cala de arena y tamariscos,
un horizonte abierto al archipiélago,
el mar azul, el sol y las estrellas.

Ricardo Fernández © Schoinoussa (Sjinusa), VIII-2004


PROLOGO A LA TRAVESÍA (30 y 31 de mayo)

Como prólogo a la travesía en el Graal, visitamos Paros y su vecina Andíparos separadas por un canal de solo una milla de ancho.


Paros, Andíparos y Despotikó

Andíparos, “la perla de las Cícladas”, sigue su derrotero fashión. La calle principal de su Jora está repleta de tiendas de lujo que han substituido a las tradicionales de pueblo, que me encantaron hace 25 años cuando recorrí por primera vez esa “calle que cruzaba la isla uniendo dos mares”. Sigue siendo un pueblo bonito, pero ha perdido aquel sabor tradicional que recibía a sus visitantes sin perder su esencia.

Por suerte, nos queda en el sur de la isla la bahía-canal que la separa de Despotikó (deshabitada pero con un templo helénico excavado y reconstruido). Tardé 18 años desde que divisé Despotikó hasta que la pisé, quizá porque (como decía Kavafis) es mejor dejar algún destino pendiente que permita seguir en el camino. En ese sur de Andíparos, en la parte más estrecha del canal, se alza la pequeña capilla de Aghios Georgios (San Jorge) con su mini cementerio que solo alberga una tumba(allí no podré ser enterrado, pero tengo escogido otro aún más deseable, si me dejan). Junto a la capilla hay una pequeña playa, dos botes de madera y unos tamariscos que dan sombra a la arena y a la orilla del mar. Un paraíso aún no perdido en este día en que acaba mayo. El resto del continente (el paisaje) sigue igual, un bellísimo canal, algunas pequeñas playas de arena dorada y las aguas turquesas, pero el contenido (lo que el hombre coloca) no; la construcción ha llegado a las laderas, los pocos transeúntes han sido sustituidos por abundantes turistas (excepto, de momento, en la zona de la capilla), hay varios restaurantes donde solo había una taberna, sombrillas en las playas y solo resiste la deshabitada Despotikó.


Aghios Georgios al sur de Andíparos

En Aghios Georgios contemplando el canal

San Jorge resiste en su rincón,
con su mínima playa,
sombra de tamarisco sobre el azul Egeo,
su pequeña capilla y el microcementerio,
para el que nunca haré bastantes méritos
para ser enterrado
, aunque fuera a su vera.

El continente, en este sur de Andíparos,
sigue siendo excelente,
pero este contenido (lo que han puesto los hombres)
ya no lo es, ya es un “resort turístico”.
Ahora ya no renunciaría a visitar Despotikó,
por seguir mi camino, mi odisea,
y guardar mi destino a la vejez.
Al menos lo puedo recordar
contemplando el magnífico canal,
donde el azul Egeo,
me hace olvidar los nuevos contenidos.

Ricardo Fernández Esteban
 ©. Mayo de 2026


     Paros, la gran isla madre vecina, sigue siendo bonita y si capital Parikia mantiene una aceptable mezcla entre turismo, restaurantes, tiendas y algún rincón encantador, donde se puede callejear sin demasiados agobios. Naoussa es el lugar más de moda de la isla con sus magníficos atardeceres, su pequeño puerto, sus callejas, tiendas y bares de diseño que compensan sus aglomeraciones. En cambio, Lefkes, el pueblo del centro de la isla donde empecé este libro cuando me puse a explicar lo que sentía viéndolo y recorriendo sus calles hace 25 años, ya no es “mi Lefkes”. Las calles ya no son casa, ni las casas calle; los oficios, tiendas tradicionales y vecinos han desaparecido y se ha convertido en un pueblo de poco encanto. El éxito turístico inicial desplazó a tiendas y vecinos sustituidos por negocios turísticos. El pueblo perdió su alma y muchas casas no reconvertidas quedaron abandonadas y se han deteriorado. Un ejemplo es aquella, en una esquina, sostenida por una columna jónica que glosé en un poema y que ahora es pura ruina. Una pena, pero hay lo que hay.


Panorámica de Lefkes

Lefkes ya no es mi Lefkes

Con este Lefkes no se hubiese escrito el libro,
porque no hubiese visto ni sentido
lo que entonces viví.
Hoy las calles son solo calles,
y las casas turísticas o en ruinas,
sus vecinos y oficios han huido
y la columna jónica
-que sostenía la esquina de una casa-
malsostiene un interior repleto de cascotes.
¡Este ya no es “mi Lefkes”!

Tan solo la iglesia catedral
-la de mármol rosado-
preside el pueblo y contempla el canal
que me hizo desear viajar a Naxos.
Pero eso es cosa de Dios, no de los hombres.

Ricardo Fernández Esteban ©. Mayo de 2026


Este poema del año pasado, ligeramente modificado, sirve para completar el prólogo de este viaje:

EL BLOG VUELVE A LA MAR (2026)

El blog vuelve a la mar,
partiendo desde Paros, el centro de las Cícladas, 
nuestro rumbo prevé un rosario de islas
hasta llegar a Rodas, el lugar 
por donde surge el sol en el Dodecaneso.

Hay islas más recónditas y en otras el turismo
ya nos muestra sus fauces que devoran lo auténtico:
es la ley de la vida, recordar paraísos
y gozar del recuerdo de lo que disfrutamos,
porque “solo se pierde lo que antes se ha vivido”.
Por suerte, quedan islas que siguen resistiendo
con puertos sin marinas ni cruceros de lujo,
con tabernas que sirven lo que pescan sus barcas
o frutos de sus huertos y corrales.
Islas con Joras intrincadas,    (*)
repletas de revueltas y escalones
entre paredes blancas y ventanas azules,
en que conviven tiendas con antiguos negocios,
y el turista no invade, sino se mimetiza.

Si Neptuno y Eolo se nos muestran benévolos,
en la ruta entre islas disfrutaré del mar
cuando icemos las velas con un viento portante,
rumbo a un nuevo perfil que rompe el horizonte
—es tupido el islario y transparente el aire—
donde espera el fondeo que cierra singladura.

Os lo voy a ir contando y este blog volverá
a ser una bitácora mezclada con poemas
que comparta experiencias con todos sus lectores.

Ricardo Fernández Esteban ©

(*) Las "Joras" son las antiguas capitales de las islas. De intricadas calles y encaramadas en las colinas, se distinguen a lo lejos como manchas blancas sobre el ocre. Os recomiendo las de Sérifos, Síkinos, Folégandros, Kitznos, Astipálea, Lefkes (Paros), Amorgós o Patmos.

En una bahía solitaria en las Pequeñas Cícladas


En los enlaces que os coloco a continuación podéis leer otras singladuras y poemas escritos en mis travesías en velero por las islas griegas. En 2012: "En velero de Valencia al fin del Dodecaneso"; en 2017, 2018, 2021 y 2024: "En velero por el Dodecaneso"; y en 2019, 2022, 2023 y 2025: "En velero por las Cícladas". 

Podéis ampliar estas perspectivas del islario griego consultando mi libro "Por las islas Griegas", actualizado en 2025, que recoge más de 25 años de viajes por 75 islas griegas y sus mares, con anotaciones sobre playas, hoteles, tabernas, tiendas, capillas y otros lugares o costumbres que me han interesado.


 


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