Esta página recoge las bitácoras y poemas de un viaje de 12 días en velero de Paros (en el centro de las Cícladas) a Rodas (al este del Dodecaneso). Hay una ruta perfilada, pero la última palabra la tienen el viento y el mar. A partir del 1 de junio os lo iré contando y compartiremos el azul egeo y multitud de islas que rompen el perfil del horizonte. Al final de esta páginas encontraréis enlaces a otros viajes anteriores.
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| De Paros a Rodas 150 millas en línea recta, que serán muchas más porque las islas invitan a rodearlas y descubrir sus rincones. |
| El canal de Nikuria a la caída de la tarde |
INAUGURAR NIKURIA
Inaugurar Nikuria,
fondear, nadar hasta la playa
-en la que no hay ni cabras-,
coger una tumbona, escoger parasol
-sin tener hamaquero-,
subir hasta la ermita,
tañer tres golpes de campana
volverse a bañar al regresar
como el azul se torna plata.
¡Hay tanto en esta isla!,
y hoy, además, hay “bonus” de principios de junio:
Haber llegado navegando
y que aún está cerrado el chiringuito.
Ricardo Fernández Esteban. (VI-2026).
3ª Singladura (3 de junio) de Kato Koufonisi a Amorgós
| Aghios Pandelimonas, en la entrada de Katápola |
Después de comer fondeamos en Katápola y con un coche recorremos unos lugares cercanos: Primero el monasterio colgado del acantilado (Jotsoviótisa) dedicado a la imagen de la virgen que se escapaba cada noche a una cueva del esos riscos; luego mi Jora preferida de Grecia la de las 25 capillas de la que nunca me canso, por mucho que la visite casi cada año, con sus molinos en lo alto para ver una buena puesta de sol. Por último, vamos a cenar muy bien al borde del mar en “Fata Morgana” en el barrio de Xilokeraditis al otro lado de la bahía de Katápola, uno de los mejores puertos de las Cícladas.
| Ano Plateaki, la placita de arriba de la Jora |
Cada Jora nos muestra sus encantos
y un día renuncié a escoger preferida,
pero de sabios, o quizá de viejos,
es el rectificar y rectifico:
La Jora de Amorgós me roba el corazón,
solo quiero deciros
que tiene mil rincones donde se para el tiempo,
o donde yo lo paro para seguir en ella.
Ricardo Fernández Esteban © Jora de Amorgós (2017)
Daskalió la pirámide perdida,
y nos cuesta entenderlo cuando vemos
los leves restos de templos y talleres.
Solo las esculturas,
estilizadas y tan modernamente antiguas,
que hoy aprisionan los museos,
permiten vislumbrar la importancia que tuvo
esa pequeña isla hoy olvidada.
Ricardo Fernández © Daskalió, VI-2026
Nos dirigimos luego a la cercana Kato Koufonisi, casi deshabitada y con excelentes playas de arena y aguas cristalinas, para el baño y comida. Estuvimos bastante tranquilos a pesar de las breves visitas de algunas barcas de turistas y un megayate fondeado junto al acantilado.
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| Pezulia en el sur de Kato Koufonisi |
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| La bahìa de Pori en Pano Kufonisi |
Pano preciosa, pequeña Jora
junto al canal,
puerto en la cala, casas pintadas
de azul y cal.
Pero las joyas si son preciosas
tienen adictos
y al poco tiempo muere la calma,
nacen conflictos.
Isla minúscula, isla magnífica.
Quizá invadida,
quizá turística, pero aún no eres
isla perdida.
Kato, poco que ver con Pano,
doscientos metros de canal,
doscientos metros de agua azul,
aíslan Kato de su hermana.
Un simple embarcadero de hormigón,
la taberna, la iglesia,
y unos restos de casas en el campo
reciben a pocos visitantes;
lo demás es la isla, la isla en bruto,
lo de menos nosotros,
que tomamos la senda de las playas.
Ricardo Fernández Esteban © Koufonisia
Tras aprovisionar el barco, zarpamos de Paros, cruzamos el canal de Andíparos y fondeamos en el islote de Panderonissi de increíbles azules turquesas, para mi primer baño egeo del año y mi primera comida a bordo. Algunos paraísos aún persisten. Por la tarde navegamos hacia Schoinoussa (Sjinusa) con ligero viento por la aleta de estribor, fondeando en la resguardada y bonita bahía de Almyra. Luego, a la caída de la tarde, subimos caminando hasta la pequeña Jora donde cenamos muy bien en “Kirá Poziní”, cocina griega de elaboración moderna acompañada de puré de fava, esa pequeña legumbre de la que se enorgullece la isla. Isla que sigue manteniendo su mundo agrícola y ganadero y a la que el turismo aún no ha invadido. Por eso, os copio un poema que escribí hace más de 20 años, y podría esribir hoy, con el riesgo de que si muchos me leéis pueda perder este paraíso.
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| El pequeño puerto de Sjinusa |
pero no hay ni quince tabernas,
ni quince hoteles,
ni quince iglesias,
por no haber, no hay siquiera
quince kilómetros cuadrados.
Basta y sobra con la mitad
para que ofrezca
tesoros que otras islas perdieron hace tiempo,
lo que tanto busqué en busca de retiro:
encontrar un lugar donde atraparme,
donde acabar contigo esta Odisea:
Una casa con porche y buganvillas,
una cala de arena y tamariscos,
un horizonte abierto al archipiélago,
el mar azul, el sol y las estrellas.
Ricardo Fernández © Schoinoussa (Sjinusa), VIII-2004
Como prólogo a la travesía en el Graal, visitamos Paros y su vecina
Andíparos separadas por un canal de solo una milla de ancho.
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| Paros, Andíparos y Despotikó |
Andíparos, “la perla de las Cícladas”, sigue su derrotero fashión. La calle principal de su Jora está repleta de tiendas de lujo que han substituido a las tradicionales de pueblo, que me encantaron hace 25 años cuando recorrí por primera vez esa “calle que cruzaba la isla uniendo dos mares”. Sigue siendo un pueblo bonito, pero ha perdido aquel sabor tradicional que recibía a sus visitantes sin perder su esencia.
Por suerte, nos queda en el sur de la isla la bahía-canal que la separa
de Despotikó (deshabitada pero con un templo helénico excavado
y reconstruido). Tardé 18 años desde que divisé Despotikó hasta que la pisé,
quizá porque (como decía Kavafis) es mejor dejar algún destino pendiente que permita seguir en el camino. En ese sur de Andíparos, en la parte más
estrecha del canal, se alza la pequeña capilla de Aghios Georgios (San Jorge)
con su mini cementerio que solo alberga una tumba(allí no podré ser
enterrado, pero tengo escogido otro aún más deseable, si me dejan). Junto a
la capilla hay una pequeña playa, dos botes de madera y unos tamariscos que dan
sombra a la arena y a la orilla del mar. Un paraíso aún no perdido en este día
en que acaba mayo. El resto del continente (el paisaje) sigue igual, un
bellísimo canal, algunas pequeñas playas de arena dorada y las aguas
turquesas, pero el contenido (lo que el hombre coloca)
no; la construcción ha llegado a las laderas, los pocos transeúntes han sido
sustituidos por abundantes turistas (excepto, de momento, en la zona de la capilla),
hay varios restaurantes donde solo había una taberna, sombrillas en las playas
y solo resiste la deshabitada Despotikó.
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| Aghios Georgios al sur de Andíparos |
En Aghios Georgios contemplando el canal
San Jorge resiste en su rincón,
con su mínima playa,
sombra de tamarisco sobre el azul Egeo,
su pequeña capilla y el microcementerio,
para el que nunca haré bastantes méritos
para ser enterrado, aunque fuera a su vera.
El continente, en este sur de Andíparos,
sigue siendo excelente,
pero este contenido (lo que han puesto los hombres)
ya no lo es, ya es un “resort turístico”.
Ahora ya no renunciaría a visitar Despotikó,
por seguir mi camino, mi odisea,
y guardar mi destino a la vejez.
Al menos lo puedo recordar
contemplando el magnífico canal,
donde el azul Egeo,
me hace olvidar los nuevos contenidos.
Ricardo Fernández Esteban ©. Mayo de 2026
Paros, la gran isla madre vecina, sigue siendo bonita y si capital Parikia mantiene
una aceptable mezcla entre turismo, restaurantes, tiendas y algún rincón
encantador, donde se puede callejear sin demasiados agobios. Naoussa es el
lugar más de moda de la isla con sus magníficos atardeceres, su pequeño
puerto, sus callejas, tiendas y bares de diseño que compensan sus aglomeraciones.
En cambio, Lefkes, el pueblo del centro de la isla donde empecé este libro
cuando me puse a explicar lo que sentía viéndolo y recorriendo sus calles
hace 25 años, ya no es “mi Lefkes”. Las calles ya no son casa, ni las casas calle; los oficios, tiendas tradicionales y vecinos han desaparecido y se ha
convertido en un pueblo de poco encanto. El éxito turístico inicial
desplazó a tiendas y vecinos sustituidos por negocios turísticos. El pueblo
perdió su alma y muchas casas no reconvertidas quedaron abandonadas y se han
deteriorado. Un ejemplo es aquella, en una esquina, sostenida por una columna
jónica que glosé en un poema y que ahora es pura ruina. Una pena, pero hay lo que
hay.
| Panorámica de Lefkes |
porque no hubiese visto ni sentido
lo que entonces viví.
Hoy las calles son solo calles,
y las casas turísticas o en ruinas,
sus vecinos y oficios han huido
y la columna jónica
-que sostenía la esquina de una casa-
malsostiene un interior repleto de cascotes.
¡Este ya no es “mi Lefkes”!
Tan solo la iglesia catedral
-la de mármol rosado-
preside el pueblo y contempla el canal
que me hizo desear viajar a Naxos.
Pero eso es cosa de Dios, no de los hombres.
Este poema del año pasado, ligeramente modificado, sirve para completar el prólogo de este viaje:
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| En una bahía solitaria en las Pequeñas Cícladas |
Podéis ampliar estas perspectivas del islario griego consultando mi libro "Por las islas Griegas", actualizado en 2025, que recoge más de 25 años de viajes por 75 islas griegas y sus mares, con anotaciones sobre playas, hoteles, tabernas, tiendas, capillas y otros lugares o costumbres que me han interesado.








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