lunes, 30 de enero de 2012

A pesar de mis quejas, no se está nada mal aquí en Folégandros.

Llega el turismo a las islas y, nos guste o no, cambian y hemos de compartirlas con más visitantes. Escribí estos versos en 2009 en mi tercer viaje a Folégandros, una pequeña isla del Egeo que estaba poniéndose de moda, pero que si sabes buscar todavía conserva sus encantos. He seguido viajando a esta isla, que se ha convertido en una de mis fijas de cada año y espero repetir en este 2022, que es cuando actualizo esta entrada.


A PESAR DE MIS QUEJAS...

A pesar de mis quejas
no se está nada mal aquí en Folégandros,
pero ahora pido más que años atrás,
pido que todo siga igual y no es posible.

Cuando te conocí coqueteabas
con un turismo peligroso;
no resististe y ¡quién resistiría
cuando eres isla pobre y te ponen hoteles!
Los primeros que llegan te respetan,
les gusta que te vistas como siempre,
no te piden que cambies de costumbres.

Pero ya sabes cómo son los hombres

—y en vez de hombres podría decir mujeres—
disfrutan presumiendo de sus ligues
ante amigos muy poco presentables,
y aparece la envidia que corroe:
 “será mía” —se dicen— “si fue de él”

Llega entonces la tribu carroñera
—la que nunca descubre, la que copia—,
y se presentan como amigos
de tu primer conquistador.
Y tú mi isla inocente te confías,
les muestras tus encantos, te desnudas
y te visten de puta o mojigata
—los extremos se tocan en lo hortera—
y te usan, te soban, te disfrazan
con "hoteles de encanto" que horripilan
o con bares de premio de diseño,
de almohadones y música “chil out”:
pura réplica —Ibiza, Bali, Mýkonos—,
pasto para consumo de tribus replicantes.
   
Por eso te pregunto, a ti mi isla adorada:
¿Dónde guardas lo auténtico
del rostro griego que me enamoró?

Te miro y me respondo:
Lo tienes escondido detrás del maquillaje
y sé, que si lo pido,
vendrás a visitarme con la cara lavada,
sin afeites ni implantes, natural,
con esa sencillez que me seduce.
Por eso, como dije al comienzo:
A pesar de mis quejas
no se está nada mal aquí en Folégandros.

Además, no es cuestión de ser un "extremisla",
también me gusta que te pintes cuando toca.
Ahora mismo gin tonic y tumbona
junto al acantilado de la “Jora”
frente al atardecer, contando islas:
Milos, Kímolos, Sérifos y Sifnos,
Andíparos, Despotikó, Paros y Síkinos,
constelación de cícladas rompiendo el horizonte,
mientras el sol se oculta y el rojo se refleja
sobre la balsa azul de la piscina.

¡No estás tan mal con maquillaje, isla!,
me has vuelto a seducir aquí en "Fata Morgana",
en este hotel colgado sobre el mar
junto a la antigua Jora de Folégandros.

Por las islas griegas (2009)
Ricardo Fernández Esteban ©


Sifnos en el horizonte


Desde la piscina del hotel "Fata Morgana"

Pues como os decía al principio, a pesar de mis quejas no se está nada mal aquí en Folégandros, pero daros prisa en venir si aún queréis verla sin el maquillage turístico. Aquí tenéis lo que le escribí a Folégandros cuando aún no había sido invadida y aquí otro poema de de 2020: ¿Qué fue lo que me atrajo de Folégandros?

Aquí tenéis el libro que he publicado recientemente, Por las islas griegas, que recoge más de 20 años y más de 70 islas visitadas, y además incluye mis recomendaciones personales.


Y siguiendo con Folégandros os dejo unas cuantas imágenes.


Capillas junto a la cala de Galifos


Al fondo la playa de Aghios Nikolaos 

El Egeo cerca de la playita de Ampeli

Una de las plazas de la Jora

Una iglesia de la Jora. Aghios Antonios.

La "Panagía" sobre la Jora


Adenda de enero de 2022: He vuelto a Folégandros bastantes veces después de escribir ese poema. La isla y su Jora (pueblo principal) me siguen seduciendo con sus pequeñas playas, su infinidad de bancales, y las seis plazas donde cenar bajo un techado de estrellas. Eso sí, evitad las épocas de mayor afluencia turística y la disfrutaréis mucho más.

3 comentarios:

fus dijo...

Que maravilla de naturaleza viva, no tienes derecho a quejarte...solo a vivir y disfrutar de cada momento, porque pocos sitios deben de quedar como tu isla.

un fuerte abrazo

fus

Anónimo dijo...

Me siento huérfana porque no he ido. Conocer Grecia y, después, morir. Mi poema sobre este sentir está en http://amalialateano.blogpost.com

Ricardo Fernández Esteban dijo...

Amalia: el enlace que has enviado no abre ningún blog. Saludos