La razón no llega a entender el origen del universo, ni lo que hubo antes, ni la ausencia de tiempo. En cambio, como la fe no se razona cada uno cree en la suya y no tiene que plantearse estas preguntas sin respuesta.
que en la práctica es nada si lo comparas con
puso en marcha este juego.
A esta energía en el tiempo —que todo modifica—
llámale evolución, o capricho de un dios
por observar el cambio que no existe en la nada.
¿Si no hay tiempo qué hay? Si no lo hay, lo hay todo;
si no hay tiempo no hay fin ni siquiera principio,
porque ya nada es físico.
Ese juego de riesgo se le fue de las manos,
explosión de galaxias, condensación de estrellas,
planetas, lunas, gases, los sistemas solares,
y lo que cambió todo, cuando por simple azar
apareció la vida y con ella la muerte
que la lleva de huésped.
Al principio se mata por mera subsistencia
pero luego se sigue por busca de poder,
por odio o por venganza. Es la contradicción
que llevará al principio, cuando el experimento
se agote por sí mismo y a los antagonistas
se les muera la vida.
¿Cuánto falta?, no mucho y si se tiene suerte
quedarán unas brasas, briznas de lo anterior,
bacterias, fotosíntesis, la evolución maldita
que conduce al inicio. ¿Dije suerte...?, desgracia
debería llamarla.
¿Y qué haces tú, materia?, ¿te divierte este juego?,
¿extinguirás el tiempo o cambiarás al dios
que jugó mal las cartas? ¡Y mira que era fácil!
Yo lo despediría, al paro sin boato,
y a otro dios el trabajo.
Con mi razón te invoco, al carecer de fe,
y no lo hago por mí porque me sé mortal,
ni por mi descendencia, ya que no la he tenido,
lo hago por la utopía y rezo para el mundo,
desde mi finitud de agnóstico leal,
otra oportunidad.
Si os interesan las estructuras métricas de los poemas, que es lo que les da la armonía que los distingue de la prosa, podéis consultar mi libro "Métrica poética del idioma español" que he revisado y ampliado en diciembre de 2023. Este libro interesa tanto a los autores de poemas como a los lectores y permite conocer las estructuras de las distintas armonías versales, o de su ausencia en el verso libre ya que "para saltarse las normas es preciso conocerlas previamente, si no queremos que el salto sea al vacío".























